Inteligencia montaraz
<p>En el reciente aniversario ?séptimo año- de la firma de los acuerdos de paz con las antiguas Farc intentamos recopilar escritos nuestros de prensa que para la época del acuerdo final suscribimos aquí. ,</p>
El optimismo y la confianza nos llevaron a pensar en ese 2016 que no se repetiría la historia del genocidio de la Unión Patriótica por física vergüenza y arrepentimiento de los criminales y de sus jefes mafiosos responsables. No podíamos estar más equivocados, entonces: pertenecemos para bien o para mal a Colombia, el país bananero, el de las masacres impunes, el de la justicia y la autoridad torcidas, que apenas otea para el piso manchado de sangre aún, y trata de reaccionar durante su nueva etapa política, a las puertas de un cambio que amenaza con escapar como el agua entre los dedos de no responder con firmeza el pueblo involucrado en tamaña transformación (transición y regeneración, como lo predica la bola mágica, la premonición síquico-espiritual de este primer cuarto de siglo).
Nefasto para las comunidades serias fue el triunfo presidencial de Iván Duque, y la consecuente designación de Francisco Barbosa, un fiscal de bolsillo de las derechas, protector de los interdictos victimarios de Colombia (ante los ojos del mundo) mediante un orden tenebroso, lapidario, un sistema atornillado al régimen prevaleciente, sobreviviente en su estructura original republicana.
Una mirada desde la pluma
Para nosotros, venía en camino una experiencia política con unas expectativas inmejorables para la nación tras la reincorporación de combatientes a la vida civil y el desarrollo económico fraterno y ecuánime que se surtía con el pacto social. Echamos mano de parte de la historia de las guerrillas y esto fue lo que resultó: ?Dentro de un escenario hipotético, prospectivo, a manera de oráculo sobre el posconflicto, preguntamos a algunos de los ancianos que lograron sobrevivir a la violencia partidista y remontaron siglo y milenio, sobre el destino de los guerrilleros reinsertados ?acostumbrados a la guerra- en esa Nueva Colombia que tendríamos a la vuelta de la esquina.
Uno de ellos, quien se precia de haber seguido de cerca esos procesos y de devorar libros históricos (aunque eso es debatible por su comprobada inexistencia) sobre el particular, recordó la reincorporación a la vida civil de las guerrillas de los Llanos y de residuos de las estructuras creadas por los partidos políticos, y dijo que esa desmovilización condujo hacia 1935 a la creación del tenebroso Servicio de Inteligencia Colombiano, SIC, de ingrata recordación merced a sus atroces procedimientos de represión.
Muchos excombatientes respondieron por la seguridad y la inteligencia institucional en campos y ciudades, hasta llegar, según la fuente, a desbordarse y a convertirse en ruedas sueltas del sistema, en medio de su extralimitación armada. Desde las entretelas del poder ?de la oscura aristocracia- se dio la orden de eliminarlos, antes de la creación del DAS en los años 60, que mantuvo grupos rurales pero con énfasis operativo en los cascos urbanos. Es posible que la historia se repita tras la reintegración masiva de guerreros de base, aunque podría ser más complicado para el gobierno repetir sus matanzas veladas, siglo tras siglo, al tener encima a la comunidad internacional, que le respira en la nuca. Tal vez se les inserte en tareas de prevención e inteligencia públicas, pues los cuerpos de seguridad apenas se dedican a reaccionar frente a la criminalidad urbana, a la nueva carne de cañón?.
En 2024, centenares de firmantes de los acuerdos se mezclan en el obituario de la matanza secular, y se aguarda su reemplazo con nuevas víctimas de los reinsertados en camino que se vislumbra en el horizonte político de la primera mitad del siglo XXI.