Identidad pulverizada
<p>Afirma Gustavo Petro en su libro autobiográfico ?Una vida, muchas vidas? (Editorial Planeta, Colombia) que desde el año 2000 la mafia gobernante ?terrateniente, narco-paraca, política- logró despedazar todo el folclor costeño con la imposición de la música norteña ?de origen mexicano-. ,</p>
Ese cambio entronizó a la administración derechista en su nefasto accionar dominante y mandó la legendaria cultura costeña al demonio, a los mismos infiernos, donde todavía arde... En esos días, el dirigente popular se disponía a sostener una entrevista con Carlos Castaño, supuesto máximo líder de las autodefensas unidas de Colombia, mientras recorría el departamento de Córdoba para llegar a la guarida fascista, encumbrada y protegida por el gobierno y su fuerza público-institucional en una serranía de la cordillera Central, conocida como San Jerónimo. Petro conoce al dedillo esa zona pues es oriundo de Ciénaga de Oro. Desde la época del M-19, las acciones del movimiento político emergente, pese a la curiosa estructura de ejército convencional, concedían prioridad al diálogo con los enemigos. Se trataba de una actividad de contenido fraternal, que se sostiene y cobra vigencia plena en 2023. Dice Petro Urrego: ?Las canciones que sonaron en la radio del carro me tomaron por sorpresa. Ignoraba que, para entonces, las emisoras de Córdoba ya no transmitían vallenato o porro, un género oriundo de la zona, que me encanta. En cambio sólo sonaba música norteña, del norte de México. Era evidente que la nueva música hacía parte de un cambio cultural más profundo, ligado a la nueva realidad de una sociedad que estaba profundamente paramilitarizada y gobernada por el narcotráfico. Era como estar presenciando una especie de invasión en la cultura popular?. Se puede afirmar que el contagio de esas prácticas hedonistas, de carácter perverso, se regó por buena parte del país durante más de 20 años hasta llegar a lo que han dado en llamar ?la música chatarra, en alusión a las canciones de tinte popular, urbano, cuasi-vallenato?, entre otras, a nuestro juicio. En los últimos días, como dato curioso, la televisión pública presentó informes regionales que identifican a las culturas territoriales en Navidad y como era de esperarse el Huila brilló por su ausencia, en tanto que padece un preocupante grado de transculturización. El ruido contaminante es el factor que identifica ahora al folclor, igual que a expresiones típicas de la huilensidad lanzadas mediante instrumentos tecnológicos, vehículos y equipos ensordecedores. El elemento mafioso, el dinero fácil y la avaricia, también se entremezclan en este coctel de fin de año. El teatro del absurdo cuenta con una masiva asistencia y adquiere visos desequilibrantes en virtud de su permanencia consentida. No obstante, se desconocen los efectos propios del statu quo cuando guardan silencio el mundo inteligente, las academias, los intelectuales. El paralelismo de las reformas sociales en cabeza del presidente Petro parece apuntar al remedio histórico, con vaselina?