Homenaje póstumo al Padre Jorge Lorenzo Escandón
Hoy los neivanos le rendimos un HOMENAJE PÓSTUMO AL PADRE JORGE LORENZO ESCANDÓN: Profeta de la caridad y servidor fiel del pueblo.
Con el corazón conmovido y la esperanza puesta en Cristo Resucitado, la comunidad neivana eleva hoy una oración de gratitud por la vida del padre Jorge Lorenzo Escandón, exsacerdote, exalcalde de Neiva, abogado y, ante todo, servidor del Evangelio. Su existencia fue un testimonio vivo de que la fe no se encierra en los templos, sino que camina con el pueblo, se arrodilla ante el dolor humano y se traduce en obras concretas de amor.
Desde sus primeros pasos en el ministerio pastoral, como vicario en Campoalegre y posteriormente en la Catedral de Neiva, el padre Jorge Lorenzo entendió que el llamado de Dios exigía cercanía con los más humildes. Fue párroco en sectores populares, donde la fe clamaba por una casa y una voz. Allí, como verdadero pastor, escuchó el sufrimiento del pueblo y abrió espacios de sanación espiritual, convocando multitudinarias misas y encuentros de oración en el Coliseo Cubierto Álvaro Sánchez Silva, donde Neiva entera se reunió para clamar a Dios por consuelo, sanación y reconciliación.
Impulsado por ese mismo fervor apostólico, acompañó y lideró el proceso que dio vida a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en Timanco, una obra nacida del esfuerzo comunitario, símbolo de una Iglesia viva que se construye con fe, sacrificio y fraternidad. Ese templo sigue siendo hoy un faro espiritual que testimonia su legado pastoral.
El pueblo, reconociendo su entrega sincera y su liderazgo moral, lo llamó a servir también desde la vida pública. Así fue elegido alcalde de Neiva (1998–2000), llevando consigo los valores del Evangelio al ejercicio del gobierno. Su paso por la administración no fue una ambición personal, sino una respuesta obediente al clamor de la comunidad, buscando siempre la justicia social, la dignidad humana y el bien común, especialmente de los más vulnerables.
Tras concluir esta etapa, lejos de retirarse, continuó su camino de servicio. Culminó su formación como abogado, entendiendo el derecho como una herramienta al servicio de la justicia y la equidad. Más tarde, consagró su corazón a una de las obras más sublimes del amor cristiano: el cuidado de los adultos mayores. Fundó y dirigió la Casa Hogar Divino Niño, un refugio de ternura y dignidad para quienes, en el ocaso de la vida, necesitan compañía, respeto y amor. Allí vivió su última misión, encarnando el mandato de Cristo: “Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí lo hicieron” (Mt 25,40).
La enfermedad tocó su cuerpo, pero jamás quebrantó su espíritu. Tras una lucha serena y valiente contra una delicada dolencia, entregó su alma a Dios con la paz de quien ha cumplido su misión. Su partida llenó de tristeza a Neiva, pero su obra permanece viva: en los templos que ayudó a levantar, en los ancianos que cuidó, en las vidas que tocó y en la conciencia de un pueblo que aprendió de él que la fe se demuestra con obras.
Hoy, como Iglesia y como comunidad, su memoria nos interpela. Nos invita a no ser cristianos de palabras, sino de acciones; a visitar al que está solo, a cuidar al anciano, a servir sin esperar recompensa y a construir una sociedad más justa y fraterna. Como él mismo enseñó con su vida: la verdadera catequesis es la caridad hecha obra.
Descansa en paz, padre Jorge Lorenzo Escandón. Pastor bueno, servidor fiel, tu pueblo continúa la misión que sembraste, confiando en que ya gozas de la promesa eterna del Padre. Amen.
Con el corazón conmovido y la esperanza puesta en Cristo Resucitado, la comunidad neivana eleva hoy una oración de gratitud por la vida del padre Jorge Lorenzo Escandón, exsacerdote, exalcalde de Neiva, abogado y, ante todo, servidor del Evangelio. Su existencia fue un testimonio vivo de que la fe no se encierra en los templos, sino que camina con el pueblo, se arrodilla ante el dolor humano y se traduce en obras concretas de amor.
Desde sus primeros pasos en el ministerio pastoral, como vicario en Campoalegre y posteriormente en la Catedral de Neiva, el padre Jorge Lorenzo entendió que el llamado de Dios exigía cercanía con los más humildes. Fue párroco en sectores populares, donde la fe clamaba por una casa y una voz. Allí, como verdadero pastor, escuchó el sufrimiento del pueblo y abrió espacios de sanación espiritual, convocando multitudinarias misas y encuentros de oración en el Coliseo Cubierto Álvaro Sánchez Silva, donde Neiva entera se reunió para clamar a Dios por consuelo, sanación y reconciliación.
Impulsado por ese mismo fervor apostólico, acompañó y lideró el proceso que dio vida a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen en Timanco, una obra nacida del esfuerzo comunitario, símbolo de una Iglesia viva que se construye con fe, sacrificio y fraternidad. Ese templo sigue siendo hoy un faro espiritual que testimonia su legado pastoral.
El pueblo, reconociendo su entrega sincera y su liderazgo moral, lo llamó a servir también desde la vida pública. Así fue elegido alcalde de Neiva (1998–2000), llevando consigo los valores del Evangelio al ejercicio del gobierno. Su paso por la administración no fue una ambición personal, sino una respuesta obediente al clamor de la comunidad, buscando siempre la justicia social, la dignidad humana y el bien común, especialmente de los más vulnerables.
Tras concluir esta etapa, lejos de retirarse, continuó su camino de servicio. Culminó su formación como abogado, entendiendo el derecho como una herramienta al servicio de la justicia y la equidad. Más tarde, consagró su corazón a una de las obras más sublimes del amor cristiano: el cuidado de los adultos mayores. Fundó y dirigió la Casa Hogar Divino Niño, un refugio de ternura y dignidad para quienes, en el ocaso de la vida, necesitan compañía, respeto y amor. Allí vivió su última misión, encarnando el mandato de Cristo: “Todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí lo hicieron” (Mt 25,40).
La enfermedad tocó su cuerpo, pero jamás quebrantó su espíritu. Tras una lucha serena y valiente contra una delicada dolencia, entregó su alma a Dios con la paz de quien ha cumplido su misión. Su partida llenó de tristeza a Neiva, pero su obra permanece viva: en los templos que ayudó a levantar, en los ancianos que cuidó, en las vidas que tocó y en la conciencia de un pueblo que aprendió de él que la fe se demuestra con obras.
Hoy, como Iglesia y como comunidad, su memoria nos interpela. Nos invita a no ser cristianos de palabras, sino de acciones; a visitar al que está solo, a cuidar al anciano, a servir sin esperar recompensa y a construir una sociedad más justa y fraterna. Como él mismo enseñó con su vida: la verdadera catequesis es la caridad hecha obra.
Descansa en paz, padre Jorge Lorenzo Escandón. Pastor bueno, servidor fiel, tu pueblo continúa la misión que sembraste, confiando en que ya gozas de la promesa eterna del Padre. Amen.