Historias sociales en nevera
Según las autoridades estas dos personas ambos hermanos extorsionaban bajo la supuesta organización armada residual Los del Pacífico
Sin embargo, creemos firmemente que tamaña información sobre nuestra nacionalidad, sobre su contenido cultural, particular, único, en el concierto de las naciones, permanece todavía en el congelador y se resiste a desaparecer por sustracción de materia, por la carencia de medios físicos, por la ausencia clásica del papel y, en consecuencia, de lo palpable... Nos referimos a muchas curiosidades del movimiento social colombiano cuando un presidente de carácter social en 2022 sacude las entretelas de la función pública en medio de una inusitada renovación de las costumbres y de los usos, que se cierne en el panorama luego de dos siglos de dominación. Una alusión de las luchas y reivindicaciones laborales, para empezar, se remonta al 13 de febrero de 1920 en Bello, Antioquia, en momentos que una mujer identificada como Betsabé Espinosa, pronunciaba un discurso incendiario encaramada sobre un taburete, a la entrada de una fábrica de textiles, mientras reclamaba por los derechos de las operarias, sus similares, unas 350 mujeres acompañantes del acto público de rebeldía. El hecho se producía a escasos 10 kilómetros de Medellín y su efecto impedía el ingreso de los operadores varones a la jornada de ese día, como forma efectiva de presión sobre el patrono de la industria. En su denuncia, la dama lideresa reportaba jornadas diarias de 11 horas continuas, en virtud de su naturaleza de mujeres obreras, igual que unos pagos semanales miserables frente a lo ganado por los peones de la construcción y por otros empleados de la rama textil, unas multas equivalentes al salario semanal, en su contra, y la carencia del servicio médico-asistencial y del reconocimiento de las incapacidades propias de la dureza de su actividad. A esto se sumaba que no les permitían el ingreso calzadas a la fábrica ,entraban a física acute,pata limpia', expuestas a infecciones y a enfermedades en el oficio-. Soportaban, incluso, los abusos y el maltrato de los celadores, negreros y 'matones' (de matoneo). La parálisis se alargó durante 25 días calendario hasta que se produjo una primera negociación laboral calificada como histórica en el país, a instancias del denominado sexo débil en el trabajo. Las mujeres criollas honraron así, con sus actos de protesta, la memoria de las trabajadoras gringas precursoras de la lucha sindical en el mundo -recordadas siempre cada primero de mayo, durante la fecha clásica de los trabajadores-. Es de destacar que en el año 1920 el país vivió 32 huelgas. Pero esa anécdota femenil obrera anuncia de contera la irrupción de las huelgas en el escenario nacional, y el surgimiento de una nueva clase. Los obreros constituían sólo el cinco por ciento de la población total, sin embargo, conformaban un sector dedicado a actividades y áreas estratégicas de la economía, en las cuales radicaba su poder emergente. Para redondear, por el momento, las referencias sobre el movimiento social, nos permitimos transcribir un aviso aparecido en febrero de 1919 en La Gaceta Republicana, en calidad de proclama: ' iexcl,Obreros! La política sólo sirve para fomentar mendigos, criminales y enemigos de lo ajeno. ,Queréis ser vosotros parte integrante de esta honrada fracción degeneradora de la vida, del trabajo y de la libertad?' ,Anuncie en Gaceta ,--- (Fuente: La Clase Obrera Colombiana (1886-1930), de Mauricio Archila, Nueva Historia de Colombia, Tomo III, Editorial Planeta, 1989).
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