Gobernador para el 2024
Nos parece, con el debido respeto a la cultura del espectáculo y del ruido en el Huila –algo de su supuesta identidad-, que el gobernador Villalba Mosquera tiene razón al suspender el desfile acuático ‘Real’ por el río Magdalena a su paso por la ciudad.
No estamos de acuerdo con algunos periodistas y sectores escandalosos que la emprenden contra Villalba por, en apariencia, desmontar el festival de San Juan y San Pedro tras esta medida urgente en defensa pública de la Tierra Madre, en lo sustancial.
Esboza el gobierno departamental múltiples razones de conveniencia como las ambientales, para permitir que esa corriente hídrica –la más importante del país- regrese a su estado primigenio (algo difícil aún) y que se convierta en sujeto de derechos, al tenor de la justicia constitucional vigente.
Nos parece que ya es suficiente el uso exagerado de la naturaleza en forma de payasa, de hazmerreír, para divertir a unos cuantos borrachos, a séquitos y delegaciones nacionales visitantes, a políticos desalmados, a sectores exclusivistas, a ‘reinitas’ de profesión, a no pocos arribistas, sin ningún miramiento por un planeta que está pidiendo auxilio al hombre consciente y a las nuevas generaciones –que asisten al final de la trama de la vida que conocimos-. El río pierde hoy sus bordes, sus orillas exuberantes, en medio de la basura, de los desechos y los detritos, de los vertimientos industriales y semi-industriales (aceites, sustancias químicas peligrosas de uso minero), de las heces, de los cadáveres, de materias orgánicas e inorgánicas con diverso origen.
La sedimentación lo amenaza, además de una crisis climática agravada en el terreno global. La generalidad de los actuales fenómenos de destrucción tiene un impulso de vastas proporciones, un aceleramiento catastrófico. El desfile acuático del reinado es un acto de supremacía, de sometimiento, de dominio perenne y arrogante, contra la naturaleza y el agua principio de la vida, más allá del espíritu y de la sacralidad del entorno.
Restablece como certamen a unos dirigentes en sus afanes de preeminencia, en medio de sus últimos coletazos frente a la cosa pública. Personajes en caída vertical se aferran a sus habituales posturas hegemónicas, aunque es tiempo del cambio inexorable, en los senderos de la tribulación anunciada. Cabe recordar que el gobernador Rodrigo Villalba promueve en su oficio la estatización como justicia social, pero para este caso se aparta de seguir financiando actividades y grupos políticos que viven de las fiestas, del erario, a costillas del presupuesto, en poses de importancia.
Individuos prevalentes en la estructura sociopolítica sin aportar a emprendimientos que multipliquen los ingresos territoriales, desde la inversión. El Huila es líder en esos gastos superfluos de las fiestas en Colombia, que la realidad del país transformó en actividades privadas como lógica del mercado cultural. De suyo, los recortes a la Corporación Sampedrina encargada de la promoción y explotación de las fiestas, así mismo fueron adoptados por el señor Villalba.