Gigante te tiene una deuda con sus escuelas rurales y urbanas

Camilo Tellez

Gigante te tiene una deuda con sus escuelas rurales y urbanas

Una escuela rural no puede recibir menos dignidad que una urbana. La educación también se construye desde las condiciones en las que nuestros niños aprenden.


Nuestro municipio tiene talento, tiene estudiantes con enormes capacidades y ha visto a sus deportistas llevar el nombre de Gigante a escenarios departamentales y nacionales. Pero detrás de esos logros existe una realidad que debemos mirar con seriedad: todavía tenemos instituciones y sedes educativas que requieren inversiones importantes en infraestructura, saneamiento, escenarios deportivos, restaurantes escolares y condiciones físicas adecuadas para aprender.


No se trata de desconocer lo que se ha hecho. En Gigante ha habido inversiones importantes en infraestructura educativa, y sería injusto decir lo contrario. Pero una obra nueva no puede hacernos olvidar las necesidades de las demás sedes. El verdadero reto está en mirar el sistema educativo como un todo y preguntarnos qué está pasando con aquellas instituciones, especialmente rurales, que todavía esperan intervenciones para mejorar sus condiciones.


Hay asuntos que no pueden seguir esperando. Escenarios deportivos sin las condiciones necesarias, canchas que necesitan mantenimiento, falta de cubiertas y espacios que no permiten desarrollar adecuadamente actividades físicas y culturales. Y aquí hay una contradicción que deberíamos resolver: queremos formar deportistas, queremos que nuestros jóvenes encuentren en el deporte una oportunidad para construir proyectos de vida, pero muchas veces no les estamos ofreciendo los escenarios que necesitan para desarrollar ese talento.


Lo mismo ocurre con las baterías sanitarias, los sistemas de alcantarillado, los restaurantes escolares y las condiciones de algunas aulas. No hablamos de lujos. Hablamos de condiciones mínimas de dignidad. En educación, un baño en buenas condiciones también educa; un comedor adecuado también educa; una cancha segura también educa. Y frente a las altas temperaturas que estamos viviendo, también debemos comenzar a pensar seriamente en las condiciones térmicas de nuestras aulas.


Pero la deuda educativa de Gigante no termina en los ladrillos. También está en la permanencia de nuestros estudiantes. La deserción escolar no se resuelve únicamente matriculando niños y jóvenes; requiere transporte, alimentación, acompañamiento familiar, orientación, salud, deporte, cultura, conectividad y oportunidades reales para construir un proyecto de vida.


Tampoco podemos seguir dejando solos a los rectores. Ellos administran instituciones, pero muchos de los problemas que llegan a sus oficinas desbordan sus competencias jurídicas, presupuestales y administrativas. Se necesita una institucionalidad que acompañe de verdad.


Hay situaciones que requieren, además, una respuesta intersectorial. El embarazo en niñas y adolescentes, por ejemplo, no puede convertirse en una responsabilidad exclusiva de las instituciones educativas. Es un asunto que requiere prevención, educación, salud, acompañamiento familiar y rutas institucionales que realmente funcionen. La escuela debe ser parte de la solución, pero no puede cargar sola con problemas que pertenecen a toda la sociedad.


Por eso Gigante necesita construir una agenda educativa de largo plazo: un diagnóstico sede por sede, prioridades claras, costos definidos, fuentes de financiación y seguimiento. No todas las necesidades pueden resolverse al mismo tiempo, pero todas deberían estar identificadas y tener una ruta.


La educación no puede medirse solamente por los resultados de una prueba, por el número de estudiantes matriculados o por la cantidad de obras inauguradas. También se mide por la calidad del lugar donde aprende un niño, por la posibilidad de que un joven permanezca en el sistema, por la dignidad con la que recibe su alimentación, por el estado de su baño, por la seguridad de su cancha y por las oportunidades que encuentra para descubrir aquello en lo que puede ser bueno.


Gigante tiene talento. Tiene estudiantes capaces. Tiene maestros comprometidos. Ahora necesitamos que esa capacidad encuentre las condiciones necesarias para crecer.


Porque una escuela rural no puede recibir menos dignidad que una urbana. Y ninguna institución educativa de Gigante debería tener que esperar a que una necesidad se convierta en una emergencia para ser escuchada.

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