Garzón nos acaba de recordar algo que Gigante no puede olvidar
Garzón tiene una importante tradición cafetera, comercial y religiosa, además de actividades como la ganadería, la piscicultura y el turismo rural y cultural. Su reciente transformación del parque busca, además, fortalecer su vocación turística y cultural.
Hay obras que construyen infraestructura y hay otras que, además, cambian la manera en que un municipio se ve a sí mismo y cómo lo ven quienes llegan de afuera. Lo que acaba de ocurrir con la renovación del Parque Simón Bolívar de Garzón es una muestra de ello.
Después de más de dos décadas sin una intervención de gran magnitud, Garzón renovó uno de sus espacios más representativos. La obra transformó más de 10.000 metros cuadrados, incorporó nuevas zonas verdes, mobiliario urbano, senderos accesibles, iluminación y un nuevo espacio frente a la Catedral San Miguel Arcángel. La inversión destinada al parque fue de $4.665 millones y la intervención fue acompañada por la iluminación arquitectónica del templo.
Más allá de los recursos invertidos o del diseño, hay algo que me parece todavía más importante: Garzón entendió que el espacio público también comunica. Un parque puede ser un lugar para sentarse, caminar o encontrarse, pero también puede convertirse en la primera imagen que recibe un visitante y en una carta de presentación para quienes viven allí.
Y esto debería llevarnos a mirar hacia nuestro vecino, no para competir con él, sino para aprender.
Durante décadas, en Gigante hemos escuchado aquello de que somos el “patio trasero” de Garzón. No lo digo como una ofensa ni mucho menos como una razón para generar rivalidades entre dos municipios hermanos. Garzón tiene sus propias fortalezas y Gigante tiene las suyas. Precisamente por eso, creo que debemos dejar de mirarnos desde la comparación y empezar a mirarnos desde nuestras posibilidades.
Garzón tiene una importante tradición cafetera, comercial y religiosa, además de actividades como la ganadería, la piscicultura y el turismo rural y cultural. Su reciente transformación del parque busca, además, fortalecer su vocación turística y cultural.
Gigante tiene otro relato que contar. Somos territorio de café, cacao, agricultura, naturaleza y turismo. El propio departamento reconoce a Gigante dentro de la Ruta Mágica del Café como Capital Cacaotera y productor cafetero, mientras que atractivos como La Mano del Gigante, los paisajes cafeteros y cacaoteros y la riqueza natural de nuestro territorio ya hacen parte de la oferta turística del Huila.
Entonces la pregunta no debería ser por qué Garzón tiene un parque bonito y Gigante no. La pregunta debería ser: ¿qué estamos haciendo nosotros para que Gigante también tenga algo que mostrar?
Porque un municipio no se posiciona únicamente con un título. No basta con decir que somos la Capital Cacaotera del Huila o que tenemos café de calidad. Eso debe estar acompañado de espacios públicos dignos, parques renovados, calles que inviten a recorrer el municipio, escenarios culturales, infraestructura turística y una imagen urbana que esté a la altura de lo que queremos proyectar.
Gigante tiene mucho para mostrar, pero también necesita organizar la manera en que lo muestra.
Nuestro parque principal debería ser parte de esa conversación. También nuestras vías urbanas, nuestros espacios culturales, nuestros accesos y aquellos lugares que un visitante encuentra cuando llega por primera vez. El turismo comienza mucho antes de llegar a un mirador o a una finca cafetera. Comienza desde la primera impresión que produce el municipio.
Y aquí hay una oportunidad enorme.Gigante y Garzón están llamados a complementarse, no necesariamente a competir. Ambos hacen parte del centro del Huila y comparten una historia, una economía rural y una ubicación estratégica. Pero cada uno puede construir una identidad diferente.
Garzón acaba de mostrarnos que recuperar un espacio público puede convertirse también en una apuesta por la imagen, la cultura, el turismo y el sentido de pertenencia. Ahora Gigante tiene que preguntarse cuál será su propia apuesta.
No necesitamos copiar el parque de Garzón. Necesitamos construir el Gigante que queremos mostrarle al Huila y a quienes nos visitan.
Porque quizás durante mucho tiempo nos acostumbramos a pensar que éramos el patio trasero de alguien más. Hoy deberíamos empezar a pensar diferente.
Gigante no necesita dejar de ser vecino de Garzón. Necesita empezar a ser protagonista de su propia historia.