Fuentes de alta fidelidad
No hay esperanza de que mi mamá viva dice el hijo de la señora atendida en su casa por una supuesta esteticista
El armatoste caerá por su propio peso. El capitalismo salvaje terminará hecho trizas aunque eso mismo no ocurrirá, entonces, con el mentado acuerdo de paz en nuestro país, pese a las tendencias del gobierno nacional. Se advierte el reinado de un socialismo mundial, de mercado, que privilegie a la gente en sus formas de producción y organización, algo de fraternidad y de hermandad, de verdadera felicidad como meta ,también, unas virtudes cristianas sometidas a desaparición forzada en el territorio nacional-, si se quiere, en la medida que la abundante feligresía registrada se da golpes de pecho ('a dios rogando y con el mazo dando hellip,'). Colombia parece ignorar esas cambiantes realidades del orbe, tal vez por el manejo persuasivo de unos sectores dominantes que controlan los modelos de producción y de comunicación a su amaño. Al menos ajustan 200 años de mandato en su calidad de reyezuelos imperturbables, de señores feudales en pleno tercer milenio de la tierra. Sin embargo, se da por descontado que al sistema le restan sólo cinco años de mangoneo y supervivencia capitalistas. Un hecho curioso es que esas advertencias abarcan tanto a lo divino como a lo humano, a lo sagrado y a lo profano, se conjugan con el fin de los tiempos. Aunque no será por Colombia que arranque el sacudón final (el país es impasible frente a la ola de cambios), el contagio mundial de los acontecimientos semejará una pandemia, a la que no podrán oponerse los poderosos para mantener sus privilegios. Nuestro país es quizás único en el mundo, es como la excepción a la regla, en relación con mantener un discurso siempre fuera de contexto, incluso lejos de la ciencia y de sus métodos. Su fundamento obedece al engaño, a la mentira y a la trapisonda, dirigidas por unos genios creativos, bastante capacitados para sugestionar a las colectividades. No obstante, las voces más optimistas afirman que el país cambió con la protesta social, y que jamás volverá a ser ese mismo pueblo resignado y sumiso. n. de r.: esta columna fue escrita en los últimos 15 días de enero, y hoy registra coincidencias, al menos en el tema de la 'pandemia', aunque se podría englobar con lo que enfrenta la gente del 2020: sacudones, enfermedades físicas y mentales, aislamientos, agresión y crimen, malestares, chamuscones, manipulaciones, extrañamientos, desplazamientos (sin perjuicio del encierro obligatorio en cuatro paredes como si se tratara de cárceles sanitarias), avalanchas, en fin: las partes al descubierto nos sugieren un todo imprevisible. El apocalipsis nos quedaría chiquito tras el giro que toman los acontecimientos. El hombre y sólo el hombre, está detrás de la tragedia actual, en calidad de determinador exclusivo. Dios nos mira bondadoso, sin tomar parte activa, hasta el momento, según un criterio espiritual avanzado. Los escépticos y los ateos también vivirán el llanto y el crujir de dientes, y, tal vez, serán los primeros de la inminente purga ,aquí no se conjugan el evangelio y la escritura en el sentido de que 'los últimos (los humildes y simples) serán los primeros-. La pandemia no encierra solamente al coronavirus: todo tambalea estrepitosamente hellip,