Ex oriente lux

Administrador

Ex oriente lux
La semana pasada tuve la oportunidad de asistir al IX Diálogo China–Colombia en Bogotá, evento organizado por la Cámara Colombo China de Inversión y Comercio. Esta cámara binacional tiene como objetivo «promover las relaciones entre Colombia y la República Popular China en los ámbitos político, económico, comercial y cultural». Y precisamente en ese marco ha venido realizando cada año este encuentro que permite que actores del sector público y privado de ambos países dialoguen y aborden las diferentes oportunidades que la relación binacional ofrece.

El evento incluyó el lanzamiento del Observatorio Colombia–China (www.observatoriocolombiachina.com), el cual «es una iniciativa de la Cámara Colombo China dedicada a producir inteligencia estratégica sobre la relación bilateral», cuyo propósito es «observar, recopilar y analizar de manera sistemática la evolución del comercio, la inversión, la cooperación económica, la tecnología y otros elementos clave del relacionamiento entre Colombia y la República Popular China». Su información será gratuita y se convertirá en una herramienta valiosa para quienes queramos entender mejor la relación binacional y trazar estrategias para aprovecharla mejor.

La realidad es clara: el mundo ha cambiado. Seguir actuando como si Estados Unidos fuera el hegemón absoluto es desconocer los cambios que ha vivido el mundo en las últimas décadas. China es hoy la segunda economía del mundo por PIB nominal (USD 17,8 billones en 2024) y la primera por paridad de poder adquisitivo. Representa el 18 % del PIB mundial, es el mayor socio comercial de más de 120 países, el mayor exportador y el segundo mayor importador de bienes. Ignorar ese peso específico no es prudencia geopolítica, es ceguera estratégica.

Pero para comprender este nuevo contexto, Colombia debe superar el viejo Respice Polum, esa tendencia a mirar exclusivamente hacia Estados Unidos. ¡Ojo! Superarlo no significa reemplazar una dependencia por otra. No, se trata de diversificar relaciones, ampliar alianzas, actuar con autonomía y construir vínculos con todos los países del mundo bajo el principio del respeto a la soberanía. Y en ese mapa amplio y plural, China es un actor clave que debemos conocer a profundidad y aprovechar de manera inteligente.

El primer paso es entender realmente China. Mientras podemos nombrar sin esfuerzo ciudades de Estados Unidos, muy pocos colombianos pueden mencionar siquiera cinco ciudades chinas. Esa brecha cultural revela lo lejos que estamos de comprender el peso de un país que concentra aproximadamente un tercio de la producción industrial mundial; que controla cerca del 80 % de la manufactura global de paneles solares; y que solo en 2024 añadió 277 GW de capacidad solar, alcanzando un impresionante total de 887 GW.

La China de hoy no es la del estereotipo de productos baratos, de mala calidad y copias. Es un centro de innovación, investigación, manufactura avanzada y tecnología. Lidera solicitudes de patentes, domina la cadena de valor de la movilidad eléctrica, despliega infraestructura de punta (tiene de lejos la mayor red férrea de alta velocidad del mundo) e impulsa el desarrollo tecnológico en telecomunicaciones e inteligencia artificial, por solo mencionar algunos campos. Mantener los prejuicios del pasado solo nos margina de oportunidades.

Para Colombia, esas oportunidades son múltiples: exportaciones (no solo en lo tradicional sino en otros productos como cosméticos o agroindustria); importaciones de bienes de capital como maquinaria que aumente nuestra productividad; turismo chino, que es uno de los más voluminosos del mundo; e inversión extranjera directa, un área donde el país necesita avanzar con urgencia y que como señaló el embajador chino Zhu Jingyang en el evento, sirve en algo para «compensar» el déficit comercial que tenemos con China.

Nada de esto se logrará con improvisación. Se requiere estudio, estrategia, disciplina, una comprensión del mundo actual y trabajar de la mano sector público y privado. Porque China no es el único destino ni puede ser nuestro único socio, pero sí es uno que no podemos darnos el lujo de ignorar.

Juan Pablo Puentes Vargas
www.juanpablo.co

Más de Opinión

Ver más