Esto Está Cambiando ¿Será Cierto?
Este gobierno se denomina del cambio. Fue su lema de campaña y es su lema de gestión. Y es posible que algo haya cambiado. Algo esté cambiando. Cambios que poco o nada se perciben, no se notan.
Sobre todo en las regiones marginadas, periféricas, como Surcolombia, donde todo está por cambiarse. Todo debe cambiarse. Sin embargo, el sentido común nos dice que en política cuando las cosas están como han estado siempre, nada preocupa, y mucho menos a los actores que han hecho y hacen posible que las cosas estén como están, porque ellos han sido y son los beneficiarios de ese estado de cosas.
Máxime si se tiene en cuenta que esos actores beneficiarios de ese estado de cosas, en Colombia han contado siempre con el control del Estado, es decir, con las Instituciones jurídicas, políticas y administrativas, y con los grandes medios de comunicación, para garantizar conservar ese estado de cosas en su condición de siempre. Sin embargo, lo que hoy llama la atención es el hecho de que esos actores sí están preocupados. Y el sentido común también nos dice que cuando algo preocupa es porque algo está pasando, algo de ese estado de cosas de siempre está cambiando.
Y aunque son muchas las manifestaciones de preocupación de muchos de esos actores, expresadas sobre todo en los grandes medios de comunicación a través de la manipulación de la información, mediante el sesgo, la mentira, el ocultamiento, la mayor manifestación de preocupación de esos actores hoy se expresa en las decisiones de esas instituciones del Estado, ya que esos actores son actores políticos y se han hecho importantes actores económicos y sociales gracias al control del Estado, de sus instituciones.
Son los recursos del Estado los que los han hecho importantes económica y socialmente, y los que los mantienen en el escenario político. Sin los recursos del Estado no serían nada, ni económica ni social ni políticamente.
Esto, además, por una razón sencilla, el Estado les provee los recursos, y el Estado a través de sus instituciones jurídicas y políticas controla su labor y el uso de esos recursos. Y la entidad mas importante en esta última labor se llama Procuraduría, que tradicionalmente desde su creación ha servido para avalar la corrupción y permitir la apropiación y desvío de los recursos del Estado con destino a esos actores de manera directa y sobre todo mediada o indirecta a través de contratistas para realizar obras que no se realizan o se realizan parcialmente o se realizan con pésimas condiciones de calidad.
Así que esta entidad del Estado ha sido y es responsable en buena parte de la naturalización de la corrupción como práctica institucional de apropiación de los recursos que los contribuyentes pagan en impuestos y que deberían orientarse a programas sociales y de bienestar común. Pues resulta que como acaba el periodo de otro procurador, señalada como los anteriores de cohonestar con la corrupción o ponerse al servicio de esos actores políticos que se hicieron elegir y son lo que son gracias a la apropiación de recursos públicos, es necesario elegir un nuevo procurador.
Y los candidatos los escogen esas otras instituciones jurídicas igualmente señaladas de corruptas y de ser instrumentos de la politiquería porque sus miembros los eligen políticos corruptos. De ahí entonces que dos de esas instituciones ya escogieron sus candidatos, y vaya sorpresa, los dos pertenecen al mismo partido político, señalado, a su vez, de ser el mayor promotor de las prácticas politiqueras y corruptas que han dominado la vida política del país y el manejo del Estado.
Y si este partido, con esa tradición, se movió presto, atento e inmediatamente para imponer sus candidatos, y esas dos entidades jurídicas se los escogieron prontamente, debe ser porque algo sí efectivamente debe estar cambiando en el país. Y ese cambio consiste en ponerle coto a la corrupción y frenar a los corruptos, algo difícil pero no imposible en un país cansado de saber que para eso esencialmente es que sirven los políticos.
Máxime si se tiene en cuenta que esos actores beneficiarios de ese estado de cosas, en Colombia han contado siempre con el control del Estado, es decir, con las Instituciones jurídicas, políticas y administrativas, y con los grandes medios de comunicación, para garantizar conservar ese estado de cosas en su condición de siempre. Sin embargo, lo que hoy llama la atención es el hecho de que esos actores sí están preocupados. Y el sentido común también nos dice que cuando algo preocupa es porque algo está pasando, algo de ese estado de cosas de siempre está cambiando.
Y aunque son muchas las manifestaciones de preocupación de muchos de esos actores, expresadas sobre todo en los grandes medios de comunicación a través de la manipulación de la información, mediante el sesgo, la mentira, el ocultamiento, la mayor manifestación de preocupación de esos actores hoy se expresa en las decisiones de esas instituciones del Estado, ya que esos actores son actores políticos y se han hecho importantes actores económicos y sociales gracias al control del Estado, de sus instituciones.
Son los recursos del Estado los que los han hecho importantes económica y socialmente, y los que los mantienen en el escenario político. Sin los recursos del Estado no serían nada, ni económica ni social ni políticamente.
Esto, además, por una razón sencilla, el Estado les provee los recursos, y el Estado a través de sus instituciones jurídicas y políticas controla su labor y el uso de esos recursos. Y la entidad mas importante en esta última labor se llama Procuraduría, que tradicionalmente desde su creación ha servido para avalar la corrupción y permitir la apropiación y desvío de los recursos del Estado con destino a esos actores de manera directa y sobre todo mediada o indirecta a través de contratistas para realizar obras que no se realizan o se realizan parcialmente o se realizan con pésimas condiciones de calidad.
Así que esta entidad del Estado ha sido y es responsable en buena parte de la naturalización de la corrupción como práctica institucional de apropiación de los recursos que los contribuyentes pagan en impuestos y que deberían orientarse a programas sociales y de bienestar común. Pues resulta que como acaba el periodo de otro procurador, señalada como los anteriores de cohonestar con la corrupción o ponerse al servicio de esos actores políticos que se hicieron elegir y son lo que son gracias a la apropiación de recursos públicos, es necesario elegir un nuevo procurador.
Y los candidatos los escogen esas otras instituciones jurídicas igualmente señaladas de corruptas y de ser instrumentos de la politiquería porque sus miembros los eligen políticos corruptos. De ahí entonces que dos de esas instituciones ya escogieron sus candidatos, y vaya sorpresa, los dos pertenecen al mismo partido político, señalado, a su vez, de ser el mayor promotor de las prácticas politiqueras y corruptas que han dominado la vida política del país y el manejo del Estado.
Y si este partido, con esa tradición, se movió presto, atento e inmediatamente para imponer sus candidatos, y esas dos entidades jurídicas se los escogieron prontamente, debe ser porque algo sí efectivamente debe estar cambiando en el país. Y ese cambio consiste en ponerle coto a la corrupción y frenar a los corruptos, algo difícil pero no imposible en un país cansado de saber que para eso esencialmente es que sirven los políticos.