Es tiempo de paz
La indicación insistieron desde la Dian es que los deudores morosos aprovechen la reducción del 50 de los intereses para ponerse al día por completo
Y aunque no ceso la horrible noche, a comienzos de la década de los 90, y en el marco del proceso constituyente del año 91, hubo luces de esperanza y estados momentáneos de pacificación del conflicto con los procesos de paz de los que fueron parte las guerrillas del M-19, el PTR, el EPL, el Quintín Lame y el CRS. Posteriormente vino la captura de los llamados capos del narcotráfico y la desarticulación de sus estructuras, los dos grandes carteles de droga que como la Hidra de Lerna en la mitología griega supieron multiplicar sus cabezas cada vez que le eran amputadas. Y así, junto con el ELN y las FARC que no quisieron hacer la paz, las decenas de bandas criminales que se desprendieron de los carteles y las autodefensas, transcurrió una década perdida, se encubó un neoliberalismo que acabaría la poca industria nacional, el narcotráfico sería el protagonista en las campañas electorales, se mantuvo la corrupción consumiendo los recursos públicos y el país seguía siendo víctima del desplazamiento de personas, asesinatos y secuestros.
Después de muchos intentos, y sobre todo del nefasto proceso de negociaciones a finales de los 90 en el gobierno de Andrés Pastrana con las FARC, por fin en el año 2016 se firma el acuerdo de paz con esta guerrilla. Ya en el año 2003 se había llevado a cabo el proceso de desmovilización de las AUC por el expresidente Á,lvaro Uribe. Sin embargo, y aunque nuevamente hubo espacios momentáneos de paz en algunos territorios con estos procesos, la abatida de violencia continuó.
Pero ,por qué la violencia no para? Si pensamos en los resultados de todos estos procesos de paz, creo que muchos podríamos encontrar lugares comunes, y me a atreveré a decir que el problema no está simplemente en un asunto de negociación, o los acuerdos en sí, la cosa es mucho más compleja y tiene que ver con varios aspectos, entre ellos a resaltar, está el entender que es un asunto de Estado, no solo de gobierno, que le abraza toda una sociedad y que para su cumplimiento se debe avanzar en el desarrollo de los acuerdos sin importar el gobierno de turno. Duque no entendió esto y casi que condenó a muerte el proceso con las FARC. La confianza en cualquier proceso de estos es fundamental, y este poco lo ha tenido desde un buen sector de la sociedad.
La paz tiene bastantes enemigos, la fuerza que tiene el estado de cosas que construyó la guerra, quienes se benefician de una u otro forma, porque, aunque parece tan perverso e injusto, de la guerra y el narcotráfico han surgido grandes fortunas, empresas, políticos, grandes terratenientes y unas economías regionales que dependen de ello, toda una vorágine de tragedias y de dolor en la que algunos pocos increíblemente son felices, algo novelesco perteneciente al género del terror.
Lo que nos queda.
Indiscutiblemente la búsqueda debe seguir, la guerra no puede seguir siendo opción, a pesar de los errores, de los enemigos que puedan tener los procesos, de los tiempos y los costos, nada puede tener mayor valor que el de salvar la vida, el generar seguridad y libertad a los ciudadanos, y aunque la paz completa no se ha logrado a través de los distintos acuerdos, sí han servido para mermar intensidad al conflicto en muchas zonas, se han salvado vidas y se ha ganado mucho para la
democracia. 70 años de lucha armada parecen no ser el camino de los cambios que requiere el país, sino que se ha vuelto como el dolor recurrente para aquel que toma pastillas a sabiendas de que volverá, en cambio este accionar ha ido en detrimento de nuestra institucionalidad y lo vemos por ejemplo en nuestras fuerzas militares que han sido permeadas de una u otra forma por la barbarie y la corrupción, la cura ahora hace parte de la enfermedad.
Pero hay luces, parece ser hoy estamos entrando en una nueva etapa de las negociaciones, en el contexto del primer gobierno de izquierda en el país, y cuyo enfoque del problema, así como la solución, son diferentes. EL presidente Petro ha entendido la paz como política de Estado, y ha querido cobijarla con la firma de un nuevo contrato social, dando cumplimiento a lo ya pactado con las demás guerrillas y avanzando en un nuevo horizonte al que ha llamado paz total, allí se ha visibilizado otra gran víctima, la selva. Pero su esfuerzo va más allá y ha planteado una estrategia internacional, ha alzado la voz al mundo, una idea que para muchos suena romántica y utópica, pero que poco a poco ha ido demarcando la agenda global en tiempos de cambio climático y guerra.
En este contexto, Petro ha extendido la mano a toda banda criminal para que se someta, y ha reanudado los diálogos de paz con la última guerrilla en pie, el ELN. Sabíamos era cuestión de tiempo, un proceso que se adelantó con Santos, que lleva más de 8 rondas en toda la historia, varias de ellas propiciadas por el mismo Uribe también, en México y Cuba, y que esperamos este gobierno finiquite, la mejor noticia que podríamos recibir, impulsando la inversión en el campo y en los sectores cuyos derechos han sido más vulnerados, como reformas estructurales que aporten a un avance significativo de justicia social, para superar las situaciones de pobreza e inequidad bajo las cuales la paz no podría ser completa ni duradera.
iexcl,Muchos éxitos presidente, y la paz sea con ustedes!