EMCOSALUD: 40 años de esfuerzo y crecimiento, sembrando vida y cooperació

Ricardo Perdomo Pinzon

EMCOSALUD: 40 años de esfuerzo y crecimiento, sembrando vida y cooperació

Emcosalud cumple 40 años, pero se ve joven. Porque las empresas que nacen para servir no envejecen: se renuevan. Y mientras haya un paciente, un usuario o un afiliado que necesite ser escuchado, mientras haya un municipio que necesite atención digna, Emcosalud tendrá razón de existir.

Homenaje a cuatro décadas de servicio y al médico Abel Fernely Sepúlveda Ramos, quien las ha guiado con el corazón y la visión del éxito empresarial.  


Hace cuarenta años nació un sueño en el Huila. No fue un sueño de cifras, ni de edificios, ni de contratos. Fue el sueño de que la salud no fuera un privilegio, sino un derecho; de que atender al otro fuera un acto de hermandad y no una transacción.


Ese sueño se llamó EMCOSALUD.


Hoy, cuatro décadas después, ese sueño se ha multiplicado. Ya no late solo en Neiva. Late en el Tolima, en Bogotá, en Cundinamarca. Late en cada consultorio, en cada clínica, en cada paciente y usuario que encontró una mano amiga cuando más la necesitaba. Emcosalud no es solo una IPS. Es una empresa cooperativa que demostró que sí se puede hacer salud con rostro humano, con sentido social, con alma.


Cuarenta años son el testimonio de una resistencia guapa. Son años de crisis del sistema, de reformas, de deudas, de incertidumbre. Son años en los que muchos dijeron que una cooperativa no podía competir. Pero Emcosalud respondió con hechos: atendiendo, cuidando, estando. Porque ser cooperativa no es solo una figura jurídica. Es elegir todos los días el bien común por encima del interés individual. Es recordar que detrás de cada usuario y afiliado, hay una familia, una historia, un nombre.


Y en medio de esos 40 años, hay un nombre que lleva la fuerza de casi tres décadas: El medico Abel Fernely Sepúlveda Ramos, quien tomó el timón desde el año 1997. Llegó con la tranquilidad de los hombres reflexivos y con la firmeza de los que tienen un profundo sentido social. Llegó cuando la empresa era joven y el camino era incierto. Y decidió quedarse, no por un cargo, sino por una convicción: que la salud en Colombia sí se podía pensar desde el lado humano y solidario. Llegó con la convicción de que lo cooperativo valía la pena y con la terquedad sana de los que creen en su tierra.


Veintinueve años al frente no se cuentan en juntas ni en informes. Se cuentan en madrugadas y trasnochos  resolviendo problemas para que un paciente tuviera su autorización. Se cuentan en decisiones difíciles tomadas pensando primero en la gente. Se cuentan en la expansión a otras regiones de Colombia como el Tolima, Bogotá y Cundinamarca, llevando el modelo huilense de calidez y cercanía a otros territorios.


Abel Sepúlveda entendió algo que pocos entienden: que dirigir una empresa de salud es dirigir vidas. Que cada firma suya impacta en una cita médica, en una cirugía, en un medicamento entregado a tiempo. Y por eso le puso al cargo no solo gerencia, sino vocación.


Bajo su liderazgo, Emcosalud creció sin perder su esencia. Se volvió grande en cobertura, pero se mantuvo pequeña en el trato con pacientes, usuarios y colaboradores. Siguió siendo esa empresa donde el paciente, el usuario o el afiliado no es un número. Siguió siendo cooperativa cuando era más fácil volverse negocio. Siguió siendo del Huila, aunque ya tuviera presencia nacional.


Y si hay una prueba de ese liderazgo, fue la pandemia.
Mientras muchos creyeron que era el fin del mundo, el gerente Abel Fernely Sepúlveda y Emcosalud la vieron como una oportunidad. No una oportunidad de negocio en el sentido frío de la palabra. Sino la oportunidad de demostrar de qué estaba hecha esta cooperativa: de servicio, de presencia, de no soltarle la mano a nadie en el momento más oscuro.


En esos meses difíciles, cuando el miedo paralizaba, Emcosalud siguió abierta. Siguió autorizando, siguió entregando, siguió llamando a sus pacientes, usuarios y afiliados, gracias a un hombre tranquilo que no se deja llevar por el pánico y un equipo que cree en lo que hace, bajo su permanente y certera dirección.


Esta semana que termina, la Comisión Quinta de la Cámara de Representantes impuso una condecoración al doctor Abel Sepúlveda, en honor a los cuarenta años de existencia de Emcosalud. Un reconocimiento justo, merecido, y que nos llena de orgullo a todos los que creemos en este proyecto.


Hoy, al celebrar estos 40 años, no celebramos solo antigüedad. Celebramos coherencia. Celebramos que Emcosalud ha sido fiel a sus principios cooperativos: solidaridad, equidad, ayuda mutua. Celebramos que en un país donde la salud a veces duele, ustedes han sido bálsamo.


Doctor Abel Fernely, gracias por enseñarle al Huila y al país que la salud se puede gestionar con principios. Gracias por demostrar que una cooperativa puede ser líder sin dejar de ser humana. Gracias por estos 29 años de entrega, de caminar la región, de conocer a la gente por su nombre.


Emcosalud cumple 40 años, pero se ve joven. Porque las empresas que nacen para servir no envejecen: se renuevan. Y mientras haya un paciente, un usuario o un afiliado que necesite ser escuchado, mientras haya un municipio que necesite atención digna, Emcosalud tendrá razón de existir.


Que estos 40 años sean solo la primera mitad del camino. Que vengan 40 más. Y que cuando se cuente la historia de la salud en el Huila, Tolima, Bogotá y Cundinamarca, el nombre de Emcosalud y el de Abel Sepúlveda, aparezcan juntos. Como sinónimos de compromiso, de cooperativismo, entrega y corazón grande.


A manera de cierre, quiero contar una historia personal, que me vinculan con Emcosalud: Un día recibí una llamada del médico Sepúlveda. Con esa voz serena que lo caracteriza me dijo: "Ricardo, necesito que esté mañana a las 8:00 A.M. en la sede de Emcosalud. Tenemos asamblea y quiero que participe como delegado de una de las cooperativas asociadas". Pensé que me necesitaba como abogado, para algún acto especial. Le dije que con mucho gusto, pero que a las 11:00 A.M. tenía una audiencia judicial que debía atender personalmente. Y con la tranquilidad que lo caracteriza me respondió: "eso no se demora".


Llegué sin tener idea de qué se trataba. Al entrar me encontré con un amigo que me dijo: "esto es la Asamblea General de Emcosalud". Eran las 10:30 A.M. y la asamblea seguía. Me tocó llamar a mi secretaria para que se dirigiera a Emcosalud y me alistara el PC, para la audiencia virtual. Salí unos minutos y cuando regresé, me encontré con la noticia que había sido incluido en una de las listas de las cooperativas asociadas para elegir nuevo Consejo de Administración y que había sido designado por la asamblea general, miembro principal del Consejo de Administración de Emcosalud.


Ese día me quedo claro que fue un acto de generosidad, de confianza y de amistad del doctor Sepúlveda. Entendí que con ese gesto me decía sin palabras: "venga, ayúdenos a cuidar esta casa". Desde entonces, esa designación me ha permitido desarrollar un profundo sentido de pertenencia y admiración por esta importantísima empresa cooperativa del sector salud, de proyección regional con visión nacional. Y lo más valioso: me ha permitido consolidar estrechos lazos de amistad con sus directivos y empleados.

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