El voto por la vida y la esperanza
Iván Cepeda, en cambio, se presenta como una persona serena, con un diagnóstico claro del país, acompañado de una fórmula vicepresidencial representada en Aida Quilcue, digna representante de nuestros pueblos originarios, quien ha tenido que soportar los vejámenes de la violencia armada.
El próximo 31 de mayo de 2026, los colombianos tenemos el deber de elegir a la persona que regirá los destinos de nuestro país durante los próximos cuatro años, en el solio de Bolívar, en el cargo de Presidente de la República. Esta no es una decisión menor. Colombia es un país profundamente dividido, lamentablemente, porque asuntos que deberían ser connaturales a la agenda pública se han reducido a debates ideológicos. Se discuten la tierra, la pobreza, la baja calidad educativa, las injusticias sociales, la violencia estatal, la corrupción, el empleo, la salud, entre otros, como si fueran problemas ideológicos y no cuestiones propias de un Estado Social y Democrático de Derecho, en el cual se fundan las expectativas de cualquier ciudadano.
Lo cierto es que aquí somos buenos para hablar, bien o mal, de quienes se atreven a asumir la carrera presidencial, o de lo que vendrá después de mayo o junio: la contienda por alcaldías, concejos, gobernaciones y asambleas. Sin embargo, solemos dejarnos llevar más por las emociones que por las razones a la hora de votar, repitiendo la vieja disputa entre el trapo rojo y el azul de la época de la violencia en Colombia.
La mesa está servida y existe suficiente información sobre quiénes son los candidatos. El señor Abelardo De La Espriella, quien confesó sin rubor ante una cámara de televisión que su juego de niño era matar gatos con voladores, ha dedicado su vida a defender a los principales delincuentes de este país. No es distinto a lo que nos han acostumbrado ciertos outsiders latinoamericanos que, a punta de discursos y exuberancia, pretenden convencernos de que son capaces de hacer lo que nunca han hecho en su vida: servir y ayudar al pueblo.
La señora Paloma Valencia repite a los cuatro vientos que su papá político es Uribe, y que él será quien mande, incluso nombrándolo su ministro de Defensa. Olvida que su política de “seguridad democrática” fue responsable de la muerte de más de 7.837 personas inocentes, según datos de la JEP, institución que también pretende eliminar, además de haber generado un profundo atraso en políticas de salud y trabajo en Colombia.
El profesor Sergio Fajardo ha demostrado ser un excelente administrador de lo público, galardonado como el mejor gobernador y alcalde de Colombia. Sin embargo, por desgracia no logró conectar con el país y pasó de ser un gran administrador a un candidato con bajo respaldo popular.
Iván Cepeda, en cambio, se presenta como una persona serena, con un diagnóstico claro del país, acompañado de una fórmula vicepresidencial representada en Aida Quilcue, digna representante de nuestros pueblos originarios, quien ha tenido que soportar los vejámenes de la violencia armada. A ellos les corresponde representar la continuidad de las agendas de cambio del presidente Petro, con el inmenso reto de superarlo en la consolidación de equipos de gobierno basados en criterios meritocráticos y, sobre todo, representativos de la diversidad de nuestro país, sin tachas en materia de corrupción y evitando que, como ha ocurrido, los corruptos se apropien de los recursos del Estado. Por supuesto, avanzar en una política de paz integral que nos saque de una vez por todas de esta encrucijada de violencia que preocupa a todos los colombianos.
El reto es grande, y lo que decidamos como colombianos marcará la diferencia entre la vida y la esperanza: la posibilidad de un país que deje de darle la espalda al pueblo y camine junto a él por la vía del desarrollo integral, del respeto irrestricto a la vida y a la naturaleza, que priorice la educación como verdadero motor de transformación social y que vea en el arte y la pedagogía las herramientas esenciales para quebrar el espinazo de la corrupción y la pobreza que nos sumen en nuestra propia ignorancia.
Posdata: En manos de todos está la solución de nuestros problemas, pero no esperemos que las cosas cambien de inmediato. Yo tendré que seguir queriendo y adorando a mi tío uribista y trabajar por un país distinto. Por favor, no dañen amistades ni relaciones familiares por política, porque igual seguiremos viviendo en nuestro hermoso país y compartiendo con ellos por siempre. Y adivinen: después de mayo o junio tendremos que trabajar para comer, y a los únicos que les cambiará la vida será a los de siempre, los políticos que nos buscan porque nos necesitan para llegar al poder. Siempre ha sido y será así. Así que no se estresen: la vida tiene cosas mucho más importantes que eso.