El vaticinio de la toga y la banda presidencial

Ricardo Perdomo Pinzon

El vaticinio de la toga y la banda presidencial

Así no sea santo de mi devoción, deseo que al nuevo presidente le vaya bien, y que entienda que somos lo más parecido a una olla de presión que esta lista para estallar; razones suficientes para implementar políticas públicas, que garanticen salud, bienestar, inclusión, equidad, paz y seguridad para todos. El país necesita con urgencia, tramitar la reforma política y la reforma a la justicia, para alcanzar la concordia nacional que reclamamos todos.

En estos momentos de escándalos e incertidumbres que nos tienen a punto de perder la fe política; me refugiare en algo que conozco: La música vallenata, y su impacto en la cultura patria. 


Despuntaban los primeritos días del mes de julio del año 2001, y en las calles parisinas de ese centro poblado llamado  “La ciudad Luz”, se realizó un evento cultural denominado “Gabriel García Márquez, Escalona y el vallenato”, organizado por el diplomático Clemente Quintero, siendo embajador Juan Camilo Restrepo; cuya exposición central, correspondió al Maestro Rafael Escalona; convertido en una especie de vedette masculino, a nivel nacional e internacional, durante todo el tiempo de su existencia. Finalizado el encuentro cultural, el combo de músicos y amigos de Escalona, salieron a recorrer las calles de ese caserío,  y se establecieron en los alrededores del arco del triunfo, en los campos elíseos y armaron una parranda vallenata. La boca les sabía a Whisky Old Parr y el estómago les gruñía pidiendo sancocho costeño en esas latitudes. 25 años después, esa parrandita en la ciudad luz, ha dado de que hablar, por un hecho particular: Unos versos del maestro Escalona, presagiando que uno de sus acompañantes, tenía reservado su destino en la historia. En el vallenato no solo hay casualidades; hay parrandas, versos, tragos, amigos y hasta premoniciones, que dichas por un juglar, se vuelven ley. 


Por aquellos días, París olía a café y a acordeón vallenato. En París, lejos de la tierra de las mariposas amarillas y del Rio Magdalena, se encontraron dos colombianos que parecían no tener nada en común: el maestro Rafael Escalona, el más grande juglar del vallenato, con su sombrero, paraguas y su verbo de rey; y un joven abogado nacido en Bogotá, hijo de una familia de alcurnia en las sabanas de Córdoba, quien por aquella época, estaba recién desempacado y empezaba a abrirse camino en el ejercicio profesional. Dicen que cuando había música y  certámenes de vitrina nacional e internacional, este muchacho se pegaba como estiércol en alpargata de pobre y como era diminuto en estatura, con tal de que lo vieran al lado de celebridades, estiraba el pescuezo como garza costeña en busca de pescado. 


Cuentan los que estaban ese día en el fundingue callejero, que Escalona lo miró fijamente, le escudriñó la cara y entre tragos de Whisky, guitarra y acordeón, le soltó estos versos: …. “Serás un buen abogado brillante profesional, en tribunales y estrados tus ideas triunfarán” y…..“Tú serás el dirigente de macondiana nación, gobernando pa´ tu gente con justicia y con razón”. La genialidad de Escalona, definió a este abogado pichón,  como si fuera un putas vestido de particular. Lo de brillante profesional, hasta ahora no se ha visto; pues lo conocemos como un abogado de trayectoria oscura y dudosa reputación, alejada de principios éticos y morales, dignos de resaltar. 


Los verseadores vallenatos son poetas que crean versos al instante; ellos participan en la piqueria en un duelo de palabras; es un combate de ingenio y talento mental, que usan la rima rápida frente a otro rival. Los parranderos del arco del triunfo, acostumbrados a la creatividad de poetas y verseadores, que en la costa norte se dan como yerba de potrero, se quedaron callados; el abogado pichón, se rió, como se ríe una persona medianamente formada, cuando un sabio le habla en serio. Escalona no se reía. Escalona en sus creaciones, no mentía, cantaba la verdad y a veces se adelantaba a los sucesos. Esa tarde, París fue testigo de algo que es común en las parrandas: El vallenato no solo canta lo que pasó; también canta lo que va a pasar.


Para juzgar la premonición hay que entender a Escalona. Rafael no era un simple compositor; era un oráculo con guacharaca y genialidad extraordinaria, que sabía hacerse querer de sus amigos; era aclamado por arrumes de mujeres que sucumbían ante su figura y estilo; salían a su paso para entregarse a él, como sale la paloma, para que el gavilán se la coma. Las mujeres no resistían su prosa, su picardía, ni el don de saber llorar, para enamorarlas. ¡Siento envidia de la buena!  


Escalona sabía de poder, porque vivió entre el poder; le cantó a presidentes, ministros, hacendados y campesinos. En sus canciones mencionó a varios dirigentes políticos y presidentes de Colombia, entre ellos a Mariano Ospina Pérez (en la canción original de el medallón, habla de la quinta del doctor Ospina Pérez); a Guillermo León Valencia (a quien en 1966, visitó en el palacio presidencial, para entregarle sus cantos vallenatos; y el presidente Valencia, le correspondió su visita, regalándole una garra de águila, que él había matado cuando estaba muy niño en Popayán); le canto a Carlos Lleras Restrepo, quien nombro a Alfonso López, como primer gobernador del Cesar; con quien construyó una entrañable amistad hasta el último día de su existencia, y a quien le compuso versos y canciones desde cuando fue gobernador del Cesar, candidato y presidente de la Republica (se recuerda la canción López es el pollo); le compuso versos y canciones a Belisario Betancur (Se recuerda  la canción “el godo decente”). 


Amigos entrañables como Darío José Pavajeau Molina, sostenían  que cuando Escalona le decía a un joven "vas a ser grande", no era un piropo de parranda, era una sentencia; como cuando le dijo a Diomedes "tú vas a ser el más grande", y lo fue. No siempre las premoniciones de Escalona salían y el tigre no es como lo pintan. 


¿Y por qué los versos al joven abogado que los acompañaba en los campos parisinos? Dicen que Escalona olfateaba dos cosas: talento y coraje, y en aquel momento olfateó que ese abogado recién graduado,  tenía las dos condiciones: Era entucador, le gustaban los casos de impacto, no le tiene miedo a los micrófonos y es un costeño que discute como lo hace un buen acordeonero: fuerte, con ritmo y sin desafinar. 


Como contradictor del personaje en cuestión, le digo al maestro que su olfato falló; pues eso de que sería un hombre grande, no le salió, porque su promocionado, a duras penas dio para caballito Pony; y está por verse, si como presidente, gobernará para la gente con justicia y con razón. Como van las cosas, serán cuatro años perdidos para nuestra democracia y la armonía social, por más que lo haya tocado el espíritu santo. 


 En el vallenato el poder siempre ha estado presente. "La Casa en el Aire", "La Gota Fría", "El Testamento" son canciones políticas sin serlo. Hablan de influencias, de palancas, de quién manda en el pueblo. Escalona conocía ese código; sabía que para gobernar a Colombia se necesitaba más que votos: se necesitaba pueblo, verbo y verraquera; y al parecer eso fue lo que Escalona vio en ese entrometido muchacho, que por aquellos tiempos le organizaba los cables al sonido de Iván Villazón y le hacía coros en parrandas y casetas, en razón de las coincidencias que los unía: La música y la aristocracia costeña. 


Escalona le dejó al país, una profecía envuelta en humo de cigarrillo y notas de caja, guacharaca, guitarra y acordeón, queriendo decir en sus versos: "pilas con este pelao". En Valledupar sostienen que el presagio de Escalona, se cumplió, y otros sostienen que la premonición esta moribunda: Si bien es cierto el personaje aquel, es uno de los abogados más sonados del país; ello no indica que sea uno de los mejores; pues en su ejercicio profesional, se le conocen malas compañías y episodios que huelen mal, como lo aseguran varios de sus clientes. 


En el vallenato el tiempo no corre como en los calendarios; corre como el paseo, a veces lento, a veces repicado. Lo que dijo Escalona no tiene fecha de vencimiento. El vallenato nos enseña que el destino se canta antes de que pase; los juglares fueron los primeros comunicadores, periodistas y encuestadores; fueron los primeros activistas políticos que le cantaban al que iba a subir y también le cantaban al que iba a bajar.


Tuve el privilegio de compartir con todo ese combo de parranderos vallenatos que animaron el arco del triunfo;  excepto con el abogado aquel. Mi amigo Leo Salcedo, se encargó de contarle la historia a Julio Sánchez Cristo en Caracol radio esta semana que acaba de pasar. Esta historia es la prueba de que en nuestro país, un acordeón puede predecir el futuro y un verso puede ser más certero que una encuesta.  


Así no sea santo de mi devoción, deseo que al nuevo presidente le vaya bien, y que entienda que somos lo más parecido a una olla de presión que esta lista para estallar; razones suficientes para implementar políticas públicas, que garanticen salud, bienestar, inclusión, equidad, paz y seguridad para todos. El país necesita con urgencia, tramitar la reforma política y la reforma a la justicia, para alcanzar la concordia nacional que reclamamos todos. 


Nota de cierre: 1. Celebro el nombramiento de varios huilenses, para desempeñar cargos estratégicos en la estructura administrativa del estado. Mucha suerte a Ana Maria Rincón y que su nombramiento se traduzca en créditos de fomento a bajos intereses para los campesinos y empresarios del sector agropecuario. 2. La representación política y administrativa del Huila en el nuevo gobierno, es una derrota a la dirigencia del Pacto Histórico, que se conformó con uno o dos cargos de importancia a nivel regional y nada más. 3. La designación de la presidenta de Acemi, como ministra de salud, es un desafío a los colombianos que entienden que el modelo de salud fracasó y se necesita un nuevo esquema que responda a la realidad del sector, en beneficio de todos. 4. El tigre no se ha posesionado y ya están hablando de reelección. Luego no era Petro el que quería reelegirse?  5. Escribiendo esta crónica, me enteré de la muerte de Darío José Pavajeau Molina. Paz en su tumba y mi abrazo solidario al pueblo Cesarense. 

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