El último saludo
La muerte no es la verdad que anula la vida; es el marco que le da forma. Saber que terminamos es lo que hace que el tiempo valga, que las decisiones pesen y que amar sea un riesgo.
"El hombre es un animal enfermo de muerte".
Miguel de Unamuno, Escritor y filósofo español.
Lo único seguro es la muerte, o Más natural, La muerte es el fin del organismo vivo. Es la manifestación de esta verdad: nacer, envejecer y morir son inevitables, esto nos invita a reflexionar diariamente sobre la posibilidad de morir en cualquier momento, para vivir con propósito. El objetivo último es romper el ciclo y alcanzar la liberación definitiva, dónde ya no hay muerte ni sufrimiento.
La muerte, como certeza, es difícil de rebatir. Es una manifestación útil contra la soberbia y la ansiedad de vivir. No podemos olvidar que el amor, el dolor, la amistad, la belleza, el hambre y la injusticia son experiencias reales que nos afectan aquí y ahora. Decir que solo la muerte es real convierte la vida en un trámite vacío, y eso puede volverse una trampa: si nada importa porque todo acaba, entonces nada tiene sentido.
La muerte no es la verdad que anula la vida; es el marco que le da forma. Saber que terminamos es lo que hace que el tiempo valga, que las decisiones pesen y que amar sea un riesgo.
En biología, la muerte se entiende como el cese irreversible de las funciones vitales de un organismo: pérdida del equilibrio fisiológico, fin de la actividad metabólica y muerte celular generalizada. Es un concepto útil en medicina, en derecho y en ecología.
No todo lo vivo muere de la misma manera. Una bacteria se divide y se convierte en dos; un árbol puede generar clones; muchos organismos unicelulares son, en cierto modo, inmortales. El ser humano, sin embargo, es el único que sabe que va a morir. Un perro muere; un ser humano sabe que morirá. Esa conciencia no existe en el resto de lo vivo: podemos imaginar nuestra propia muerte, tenerla, planearla o negarla.
Tenemos ritos, duelos, cementerios, testamentos y religiones: estructuras que organizan nuestra existencia. El amor no es ilusión: es real y nos transforma. El dolor no es ilusión: duele. La justicia no es ilusión: se conquista. Si solo la muerte fuera real, la vida se volvería un error.
La muerte no le quita sentido a la vida humana; le da urgencia, peso y responsabilidad. Saber que terminamos es lo que hace que amar, crear, luchar y cuidar importen. La muerte es el horizonte que define nuestra vida, no lo que la anula.
No es solo un hecho que nos ocurre, sino una verdad que, bien pensada, puede volver la vida más urgente y más real. No es el fin que anula el camino, sino el horizonte que lo orienta. Saber que terminamos es lo que hace que amar sea un riesgo, crear un acto de rebeldía y vivir una decisión que se renueva cada día.
La muerte es como el día y la noche: un tránsito inevitable que debemos aceptar con serenidad, pues abre el umbral hacia un nuevo nacimiento.
Hace apenas unos días, al mediodía, compartiendo un café con un amigo. Llegó un familiar y, con la misma tranquilidad, amabilidad y franqueza de siempre, nos saludamos con el choque de los puños cerrados y la voz alegre de un “¡Hola, pariente!”. No sabía entonces que aquel gesto no era un saludo de bienvenida, sino de despedida.
Cuatro horas más tarde, la noticia me alcanzó con la fuerza de lo inesperado: Guillermo Hernán “Monan” Ramírez Correa había partido, vencido por un infarto, su presencia seguirá latiendo en quienes lo recuerdan.