El perdón como acto de poder
Considero pertinente y oportuno hacer referencia a un hecho esperado por millones de colombianos, que infortunadamente no llego, por cuenta del Pacto Histórico, el ex presidente Petro, sus ministros, funcionarios de primer nivel y el candidato Iván Cepeda.
Han transcurrido escasas 7 semanas de instalado el nuevo gobierno, pero parecieran varios meses, por el corte autoritario, justiciero, amenazante e intimidatorio del primer magistrado de la nación, que implican un riesgo monumental para el sistema democrático de nuestro país, el estado social de derecho, el sistema de pesos y contrapesos y la sociedad en general, sometida a la visión de gobierno de un presidente que quiere dominarlo todo, no importa el costo humano e institucional, que sus desafueros puedan causar.
Lo más grave de esta amenaza progresiva, es que no hay partidos, instituciones, medios de comunicación, periodistas, gremios, ni sociedad civil que esté lista a tocar la diana, para enfrentar la amenaza que es común a todos. Pareciera que nuestro destino patrio, no depende de nuestra propia iniciativa y soberanía, sino de lo que ocurra en noviembre venidero en los Estados Unidos, con un eventual triunfo en cámara y senado, del partido demócrata; circunstancia que se torna aún más preocupante y peligrosa, con el triunfo parcial de Flavio Bolsonaro, sobre Luis Inácio Lula da Silva en la disputa presidencial en Brasil. No entiendo cómo se persiste en repetir elecciones con candidatos presidenciales que la edad, está a punto de dejarlos fuera de combate, muy a pesar de lo que está en juego en cada país. Para la muestra de este desacierto, no es sino mirar el espejo de lo que ocurrió en Estados Unidos con haberse permitido la aspiración reeleccionista de Joe Biden, que para esa época ya se encontraba con diversos padecimientos de salud, incluido el Alzheimer, que en cada salida era más que evidente y que finalmente facilitó el triunfo de Donald Trump, que hoy tiene desbaratado y en apuros el mundo entero.
Como quiera que la amenaza que representa la visión de gobierno del nuevo presidente, son responsabilidad plena de los descaches del gobierno anterior, el Pacto Histórico y el mismísimo candidato Iván Cepeda, que facilitaron la llegada de esa especie de Frankenstein que nos tiene en jaque y a punto de mate, corresponde a la sociedad civil asumir su propio rol en defensa de nuestro sistema democrático, que viene siendo atacado inclementemente y con guillotina en mano, por el nuevo presidente, que está mochando la cabeza, de todo aquel que desde la sociedad civil, la política, los gremios o la prensa, se atraviese en sus designios.
Considero pertinente y oportuno hacer referencia a un hecho esperado por millones de colombianos, que infortunadamente no llego, por cuenta del Pacto Histórico, el ex presidente Petro, sus ministros, funcionarios de primer nivel y el candidato Iván Cepeda.
No escribo esta columna con mi mano izquierda ni desde la izquierda política. Nunca he sido de izquierda. Soy liberal progresista, de la vieja escuela de Gaitán, Galán y de Rodrigo Lara Bonilla. Pertenezco al bando de colombianos que creemos que la defensa de lo público y la justicia social no riñe con la propiedad privada; que la seguridad no es de derecha sino un derecho, y que el trabajo del empresario, del agricultor, del pequeño emprendedor, del comerciante y del generador de empleo, no son factores generadores de inequidad, sino la única fuente real y digna de riqueza al alcance de todos.
Voté y defendí el proyecto del cambio, no por un dogma, sino por convicciones profundas, frente a un nuevo proyecto de país. Creí en un gobierno de oportunidades para todos los colombianos; que entendiera que para lograr el estado de bienestar, se necesita tanto del Estado, como del mercado; se necesita de tanta redistribución como de seguridad. Con la autoridad moral que me da el hecho de haber defendido ese proyecto sin pedir puestos, contratos, embajadas o canonjías propias del clientelismo político, consideramos que el expresidente Gustavo Petro como líder y suprema autoridad administrativa del Estado que fue, la nueva dirección política del Pacto Histórico, e Iván Cepeda, están en mora de pedirle perdón al país progresista, por los errores, los desaciertos y las tropelías cometidas contra el interés público, por quienes no estuvieron a la altura de la oportunidad que les brindó la democracia y la bondad de los colombianos. No es solo un perdón de micrófono; es un perdón político acompañado del más profundo de los arrepentimientos y el compromiso inquebrantable de que esos episodios oscuros en los que navegaron los escogidos para ejercer el gobierno, nunca jamás se volverán a repetir y quedaran como un sueño tormentoso superado en la historia del proyecto político del cambio, anhelado por millones de compatriotas.
Aunque no he sido responsable de ningún desfalco, acto delictual y atropello a la confianza ciudadana, debo pedir perdón a mis conciudadanos por las irregularidades cometidas por algunos funcionarios del alto gobierno anterior, por haber ejercido un activismo y liderazgo de opinión ante mis conciudadanos en defensa del gobierno Petro; y lo hago a manera de expiación, ya que, quienes cometieron los errores, delitos y despropósitos, desde sus cargos burocráticos y de representación política, que nos llenan de vergüenza y humillación, no lo han hecho, ni pretenden hacerlo. No comulgo con el actuar de seres humanos que prevalidos de la confianza depositada por los ciudadanos y la oportunidad brindada en una responsabilidad política y de gobierno, hayan llegado a trasgredir la ley, a hacer negocios oscuros y a sumergirse en el nauseabundo mundo de las coimas y repartijas burocráticas, a costa del erario, sin medir las consecuencias de sus actos ante una sociedad hastiada, que reclamaba y respaldo el cambio de la podredumbre que nos consume. Me uno a los colombianos que piden todo el peso de la ley y cárcel efectiva, para los responsables de dicho proceder. No vale la excusa de tantos tontos, argumentar que todos los gobiernos han hecho lo mismo; porque simple y llanamente éramos el gobierno del cambio, y precisamente eran esas prácticas las que íbamos a extirpar, dando ejemplo patrio y cuidadoso de rectitud, en cada una de nuestras actuaciones.
Si el Pacto Histórico y/o el progresismo, pretenden recuperar el apoyo de millones de ciudadanos, hoy perdidos en buena parte; tienen que aceptar que ese partido, no puede ser cuerpo de capillas o roscas excluyentes que no practican la democracia, la crítica y la auto critica, que los volvió como la canción de Chaquira: Ciegos, Sordos y Mudos. Si el Pacto quiere salir de la hoguera que los está consumiendo, tienen que entender que ya no hay cabida para exclusiones, mentiras, roscas y partiditos internos; y que es menester construir principios de gobierno corporativo y político que permitan el debate, el disenso, la controversia y el derecho a participar democráticamente, en un ecosistema político, que defienda principios irrenunciables de prosperidad para todos, canales democráticos a su interior, organización de base, planeación estratégica y gerencia política, al alcance de todos, que permitan la consolidación del proyecto político y la formación permanente de liderazgos locales, regionales y nacionales, que garanticen su permanencia en el tiempo, al margen de mesianismos y liderazgos únicos de vida corta, que dan al traste con la vigencia y sostenibilidad política, que se espera de todo proyecto o partido serio, que quiera trascender de la mano de sus militantes y simpatizantes en el destino de una sociedad como la nuestra. No pedir disculpas a los ciudadanos, ni comprometerse a rectificar con el coraje esperado, sería un error político, que impediría la reconciliación de millones de electores, que hoy se sienten en la orfandad y la oscuridad política sin retorno. El perdón solicitado, engrandece el mosaico de las buenas obras y el legado histórico, que nos dejó del gobierno del expresidente Petro.
De la Espriella, entendió que el tema de la seguridad y la corrupción, son llagas cruciales que rebosaron la copa y paciencia de los colombianos; razones que explican el tono mayor de las amenazas e intimidaciones en contra de dichos actores, sabiendo perfectamente que muy a pesar de la agresividad injustificables en un lenguaje presidencial, sus palabras y amenazas, tienen eco en gran parte de la sociedad, que está creyendo, que por fin llego alguien, que con decisión y vehemencia, le puso el cascabel al gato.
Nota de cierre: No compartimos el lenguaje descompuesto y violento, utilizado por el señor Daniel Mendoza (creador del Matarife), para fustigar y aniquilar moral y políticamente a Iván Cepeda. Tratarlo de rata inmunda, por el hecho de no haber ganado la contienda presidencial, es producto de una mente enferma y descompuesta a nivel extremo. La senadora Carolina Corcho, debe salirle al paso a las expresiones de su energúmeno seguidor. Parodiando a un curita del barrio 20 de julio en Bogotá, al referirse a las letras de algunas canciones de hoy; yo digo que Mendoza, no tiene letras en sus escritos, si no letrinas.