El pacto que nos salva

Enrique Ramirez

El pacto que nos salva

Ya sabemos que el freno no está afuera, sino en nuestras propias conductas. No necesitamos enemigos externos, pero tampoco debemos ser nuestro propio obstáculo. Nuestro pueblo, nuestra junta, nuestra familia merece que hagamos lo contrario de lo que siempre hicimos.

Hace unos días escribí sobre cinco conductas que, aunque muchos practicamos sin malicia, terminan siendo verdaderas herramientas de sabotaje colectivo. Se lo debo al ingeniero Víctor Manuel Perdomo Falla, quien con su experiencia me las enumeró con precisión: no aceptar errores, creer que sabemos de todo, hacer de todo sin rumbo, envidiar al que sobresale y nunca dar las gracias.  


No son simples ocurrencias: es el retrato exacto de lo que sucede en muchos pueblos, comunidades y familias que llevan años sin despegar.  


El ingeniero Perdomo Falla insistió en que la solución no es técnica, sino cultural. Según él, un pueblo que aprende a hacer lo contrario de esas conductas cambia su destino en pocos años.  


Varios me preguntaron: “¿Ahora qué hacemos?”. No hay fórmulas mágicas. Pero sí un camino, hacer exactamente lo contrario, que exigen valentía.  


1. Asumir errores con grandeza
"Fallamos, pero no engañamos. Ahora sabemos más."  
Admitir un error en público no es debilidad: es la única forma de que la próxima decisión sea mejor. Si la asociación cometió un error, que lo diga en asamblea y presente el plan de corrección. Si el líder comunitario se equivocó de prioridad, que lo reconozca y reoriente. El pueblo no castiga al que falla, castiga al que miente y esconde.  


2. Aprender de quien sabe más
"No lo sé todo, y eso es mi ventaja."  
La soberbia intelectual nos ha costado caro. Despreciamos al técnico joven, al ingeniero recién llegado, al campesino que experimentó con éxito. Pero el conocimiento no tiene edad ni apellido. Aprendamos a escuchar, una hora con un experto puede ahorrarnos años de ensayos fallidos.  


3. Enfocarse en metas prioritarias
"Menos promesas, más resultados terminados."  
Estamos cansados de hacer de todo y no terminar nada. El activismo sin rumbo nos agota. Elijamos pocos proyectos clave para este año; lo demás se pospone o se delega. Y midamos avances con números, no con discursos.  


4. Celebrar el éxito ajeno
"Si tú brillas, nos iluminas a todos."  
La envidia es el veneno más eficaz para destruir una comunidad. Si el vecino abrió un negocio, si el joven ganó una beca, si el líder logró una gestión, no lo boicoteemos con chismes. Reconozcámoslo en público y apoyémoslo. Su triunfo no nos opaca: nos eleva.  


5. Agradecer en voz alta
"Lo recibido se honra devolviendo más."  
El desagradecimiento rompe redes. Nadie da dos veces donde no hubo ni un gracias. Practiquemos la gratitud, un reconocimiento, una devolución de favores. No se trata de pagar, sino de honrar.  


Ya sabemos que el freno no está afuera, sino en nuestras propias conductas. No necesitamos enemigos externos, pero tampoco debemos ser nuestro propio obstáculo. Nuestro pueblo, nuestra junta, nuestra familia merece que hagamos lo contrario de lo que siempre hicimos.


El verdadero pacto que nos cambia no son las promesas externas, si,  cambiamos nuestras pequeñas conductas, el mañana deja de ser promesa y se vuelve luz compartida.  Y juntos transformamos el destino de nuestro pueblo.

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