El Niño golpea al Huila: hora de prepararse antes de la crisis
El fenómeno climático amenaza con efectos desiguales en el departamento. Mientras algunos municipios enfrentan sequía, otros tendrán lluvias extremas. Autoridades y campesinos deben actuar ya.
El Huila está en la cuerda floja. El Niño empieza a mostrar comportamientos que deberían alarmar a quienes viven de la tierra, del agua y de los ríos que bajan de la cordillera. Pero no por la razón que muchos imaginan. El problema no es que todo el departamento se vaya a secar parejo, sino que los efectos van a ser dispares: unas zonas sufrirán sequía extrema y calor mientras otras reciben lluvias torrenciales. Esa contradicción es precisamente la que deja al Huila vulnerable.
Durante años, los opitas hemos aprendido a reaccionar cuando el daño ya está hecho. Esperamos a que los ríos bajen, a que falte agua en los acueductos de Neiva y otros municipios, a que ardan las montañas o a que el campesino pierda la cosecha para entonces correr buscando soluciones. Esa manera de actuar, según lo advierten las autoridades, debe cambiar de raíz si queremos evitar una crisis que golpee a la vez el consumo humano, la agricultura, la ganadería y la generación de energía.
Un departamento con los pies en el agua pero vulnerable
El Huila depende de sus recursos naturales como pocos departamentos en el país. El agua no es solo un servicio: es la sangre de la economía regional. Sostiene a miles de familias campesinas en municipios como Villavieja, Pital, Santa María, Timaná y el Macizo Colombiano, donde la lluvia define si hay comida en la mesa o si hay que vender a pérdida. También mantiene en funcionamiento los acueductos que abastecen a Neiva y otras ciudades, y alimenta los proyectos hidroeléctricos que generan ingresos a la región.
Cuando el régimen de lluvias se altera, todo se mueve. Pero hay algo que complica más el panorama: mientras una vereda en El Pital enfrenta sequía prolongada, otra en el Macizo puede estar sufriendo desbordamientos y derrumbes. Esos extremos pueden ocurrir casi simultáneamente, en el mismo departamento, generando afectaciones completamente distintas pero igualmente graves.
¿Qué falta? Prevención, no emergencia
La tarea es clara pero requiere que las gobernaciones local y departamental dejen de pensar únicamente en apagar incendios cuando ya ocurren. Se necesitan sistemas de monitoreo que anticipen cambios, planes de contingencia actualizados, protección real de las fuentes hídricas, y coordinación permanente entre instituciones y comunidades. Hoy eso está lejos de ser suficiente.
El sector agropecuario está especialmente expuesto. Los productores de caña en el valle del Magdalena, los ganaderos de las tierras altas, los cultivadores de frutas y hortalizas no pueden quedarse solos esperando que pase la tormenta climática. Necesitan información clara y oportuna para tomar decisiones. No informes que lleguen cuando el daño ya ocurrió, sino datos que sirvan ahora, en tiempo real, para cambiar prácticas o proteger lo que tienen.
Hay un detalle que suma: en tiempos de incertidumbre climática, desperdiciar agua deja de ser un tema menor. Cuando el suministro es impredecible, cada gota cuenta. En hogares, industrias y fincas del Huila eso debe quedarse claro.
Los próximos meses serán decisivos
El Niño no debe volver a ser una sorpresa que agarre a las autoridades desprevenidas. El Huila tiene información, experiencia acumulada de crisis anteriores y capacidad institucional para anticiparse. Lo que falta, según lo advierten quienes conocen la situación, es voluntad real para actuar antes de que aparezca la emergencia. Cuando las sequías golpeen unas zonas y las inundaciones otras, ya será demasiado tarde para improvisaciones.
Equipo editorial - Dime Media
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