El inquilino
Hace poco me encontré con una inquietante joya del cine: El inquilino (1976) dirigida por Roman Polski. Gira en torno a Trelkovsky, un hombre tranquilo y modesto que alquila un apartamento en París, donde la anterior inquilina, Simone, había intentado suicidarse allí... y fallece poco después.
Tras mudarse, Trelkovsky comienza a experimentar una serie de eventos extraños que lo llevan a dudar de su cordura. Siente que los demás residentes le hacen la vida imposible. Fascinado por la vida de Simone, comienza a investigar sobre ella, su vida, sus amigos, Se viste como ella, se peina igual, imita sus gustos y, hasta termina repitiendo su trágico destino.
El tema central es inquietante: pérdida de la identidad.
A lo largo de la historia y la cultura, aparecen distintas versiones de "malos inquilinos". Hay personas que, una vez dentro de una propiedad, dejan de pagar y se niegan a salir. Un ejemplo clásico lo encontramos en "La Parábola de los Labradores Malvados" (Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas). Jesus cuenta que un hombre planta un viñedo y lo arrienda. Cuando envía a sus siervos a cobrar la parte de los frutos, los labradores los golpean. Finalmente, envía a su propio hijo, pensando que lo respetarán. Pero los labradores malvados lo matan para quedarse con la herencia.
La enseñanza es clara: la codicia, y el abuso Pueden llevar a apropiarse de lo que no les pertenece.
En otros casos, el conflicto es sobrenatural. Un "inquilino invisible" es un fantasma que no quiere abandonar el lugar y convierte la convivencia en una lucha por el territorio. Es la figura del ocupante ilegítimo que aterroriza a los nuevos dueños.
La posesión figurada, El "malo Inquilino" interior. En el retrato Dorian Gray, de Óscar Wilde, el joven Dorian mantiene su belleza intacta mientras un retrato envejece por él. Dorian lleva una vida de vicio y corrupción sin consecuencias visibles. Sin embargo, el cuadro se pudre dónde está escondido. Dorian se transforma así en el "mal inquilino" en el ocupante ilegal de su propia alma: vive detrás de una máscara, usurpando una juventud que no le pertenece.
Hay relatos en que la casa se convierte en un organismo opresivo que absorbe y moldea al inquilino de fragilidad mental, perdiendo su identidad al intentar habilitar la vida de otros: se visten como ellos, imita sus gestos, adoptan su historia. El inquilino usurpador que al cruzar el umbral de la mansión, no se muda a una casa, sino a un cementerio de almas ilustres. Empieza a imitar: usa las batas del poeta, acaricia los libros para infectarse de sus frases. En su salone hiza la bandera y fuerza su voz para emular al orador. Desenfunda una espada y en imaginario caballo recorre los corredores, cómo héroe de mil batallas y su caminar, un rito para pisar las mismas losas de su ídolo.
Ya no paga un alquiler con dinero, sino con su otra identidad, se consume como antiguo estadista, cuyos objetos usa con devoción. La casa no tiene un inquilino fantasma; es al revés: él es el fantasma, un usurpador que, en su obsesión por habitar a los otros, ha dejado de habitarse a sí mismo, él ha preferido convertirse en un eterno ocupante ilegal de vidas ajenas.
Ya sea en una historia, una parábola bíblica o una moderna leyenda, la historia del mal inquilino siempre nos advierte sobre los riesgos de ceder un espacio valioso a alguien cuya verdadera naturaleza desconocemos.
Tras mudarse, Trelkovsky comienza a experimentar una serie de eventos extraños que lo llevan a dudar de su cordura. Siente que los demás residentes le hacen la vida imposible. Fascinado por la vida de Simone, comienza a investigar sobre ella, su vida, sus amigos, Se viste como ella, se peina igual, imita sus gustos y, hasta termina repitiendo su trágico destino.
El tema central es inquietante: pérdida de la identidad.
A lo largo de la historia y la cultura, aparecen distintas versiones de "malos inquilinos". Hay personas que, una vez dentro de una propiedad, dejan de pagar y se niegan a salir. Un ejemplo clásico lo encontramos en "La Parábola de los Labradores Malvados" (Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas). Jesus cuenta que un hombre planta un viñedo y lo arrienda. Cuando envía a sus siervos a cobrar la parte de los frutos, los labradores los golpean. Finalmente, envía a su propio hijo, pensando que lo respetarán. Pero los labradores malvados lo matan para quedarse con la herencia.
La enseñanza es clara: la codicia, y el abuso Pueden llevar a apropiarse de lo que no les pertenece.
En otros casos, el conflicto es sobrenatural. Un "inquilino invisible" es un fantasma que no quiere abandonar el lugar y convierte la convivencia en una lucha por el territorio. Es la figura del ocupante ilegítimo que aterroriza a los nuevos dueños.
La posesión figurada, El "malo Inquilino" interior. En el retrato Dorian Gray, de Óscar Wilde, el joven Dorian mantiene su belleza intacta mientras un retrato envejece por él. Dorian lleva una vida de vicio y corrupción sin consecuencias visibles. Sin embargo, el cuadro se pudre dónde está escondido. Dorian se transforma así en el "mal inquilino" en el ocupante ilegal de su propia alma: vive detrás de una máscara, usurpando una juventud que no le pertenece.
Hay relatos en que la casa se convierte en un organismo opresivo que absorbe y moldea al inquilino de fragilidad mental, perdiendo su identidad al intentar habilitar la vida de otros: se visten como ellos, imita sus gestos, adoptan su historia. El inquilino usurpador que al cruzar el umbral de la mansión, no se muda a una casa, sino a un cementerio de almas ilustres. Empieza a imitar: usa las batas del poeta, acaricia los libros para infectarse de sus frases. En su salone hiza la bandera y fuerza su voz para emular al orador. Desenfunda una espada y en imaginario caballo recorre los corredores, cómo héroe de mil batallas y su caminar, un rito para pisar las mismas losas de su ídolo.
Ya no paga un alquiler con dinero, sino con su otra identidad, se consume como antiguo estadista, cuyos objetos usa con devoción. La casa no tiene un inquilino fantasma; es al revés: él es el fantasma, un usurpador que, en su obsesión por habitar a los otros, ha dejado de habitarse a sí mismo, él ha preferido convertirse en un eterno ocupante ilegal de vidas ajenas.
Ya sea en una historia, una parábola bíblica o una moderna leyenda, la historia del mal inquilino siempre nos advierte sobre los riesgos de ceder un espacio valioso a alguien cuya verdadera naturaleza desconocemos.