El Huila debate la propuesta de servicio militar obligatorio: ¿Disciplina o falta de oportunidades?
La reciente intención del presidente Abelardo De La Espriella de instaurar un modelo de servicio militar obligatorio para fortalecer la seguridad nacional ha encendido la discusión política. Mientras sectores locales respaldan la medida como un mecanismo de formación en valores, voces desde la Asamblea Departamental advierten que el enfoque debe trascender el deber y garantizar un horizonte profesional para los jóvenes.
La reciente declaración del presidente Abelardo De La Espriella, quien afirmó que “todos vamos a pagar el servicio militar” ante los desafíos de seguridad que enfrenta el país, ha puesto sobre la mesa una propuesta que no ha dejado a nadie indiferente. La iniciativa, que busca fortalecer la presencia institucional mediante la vinculación de los jóvenes a las filas, ha encontrado en el Huila un escenario de posturas confrontadas.
La postura a favor: El servicio como escuela de vida
El alcalde de Pitalito, Yider Luna, ha sido uno de los defensores más vocales de la iniciativa. A través de sus canales oficiales, el mandatario local argumentó que el servicio militar es una herramienta fundamental para rescatar valores que, a su juicio, se están perdiendo en la juventud actual.
Para Luna, el modelo actual se aleja de la construcción de un proyecto de vida sólido. “Problemas como la drogadicción y la delincuencia terminan alejando a muchos jóvenes del esfuerzo. El servicio militar puede ser ese espacio para fortalecer la disciplina, adquirir habilidades y entender que el progreso se edifica con dedicación y no con atajos”, señaló el burgomaestre.
Voces desde la Asamblea: El llamado a la dignidad y profesionalización
Por otro lado, el ámbito legislativo regional plantea matices importantes sobre cómo debería ejecutarse esta medida. El diputado Omar Alexis Díaz, aunque apoya el fortalecimiento de la fuerza pública, aboga por una transición hacia un modelo más profesional.
Díaz enfatizó que el servicio militar, mientras exista, no puede ser percibido por los jóvenes como una imposición o un castigo. “Debemos redoblar la apuesta por condiciones de estabilidad. Quien arriesga su vida por la patria debe contar con un blindaje de seguridad, salud y beneficios sociales, tal como ocurre en otros países donde se honra al soldado con oportunidades reales”, puntualizó.
En esta misma línea, el diputado Wilfred Trujillo hizo un llamado a la prudencia y al análisis profundo. Trujillo sostiene que cualquier ampliación del servicio debe tener como eje central los derechos de la juventud.
“La idea es que el servicio no sea solo un deber, sino una verdadera oportunidad de crecimiento. Si el Estado decide avanzar en esta propuesta, debe ofrecer obligatoriamente acceso a educación superior, formación técnica y acompañamiento para proyectos de vida sostenibles al terminar el servicio”, concluyó Trujillo.
El debate está servido. Mientras el Gobierno Nacional insiste en la necesidad de “ponerse las botas por el país”, el desafío para los tomadores de decisiones será lograr que el servicio militar sea visto por las nuevas generaciones no solo como una obligación, sino como una plataforma de ascenso social y personal.