El horno escandaloso

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El horno escandaloso

Mientras las fuentes de ruido se multiplican aquí en esta temporalidad â??tras la calma forzosa producida por el COVID 19- en medio de un calor sofocante, el Congreso de la República legisla sobre el tema escandaloso, contaminante, desequilibrante.



Nos hallamos, en buena parte, ante un vacío normativo para actuar con eficacia frente al interés común burlado por el bullicio exagerado. El código policial de convivencia ciudadana, que regulaba las relaciones entre los asociados, fue peluqueado por las cortes en algunos asuntos de reacción inmediata, cuando podría presentarse una supuesta invasión de la privacidad, de la propiedad de los transgresores intervenidos, a manos de los uniformados de los cuadrantes, en desarrollo de sus operaciones de control. En la Cámara de Representantes cursa un proyecto de ley que busca devolver la paz, la armonía y el sosiego y, a la vez, garantizar el derecho fundamental al ambiente sano en el país. Al menos en Neiva, la parafernalia bulliciosa causa estragos en la naturaleza, en los entornos, en las comunidades, antes consideradas formaciones de origen edénico y hasta paradisiaco, en cuanto hace a la creación divina. Al menos, en nuestros vecindarios del norte de esta capital sufrimos una andanada diaria de impactos sonoros perturbadores, sin solución aparente. Perros estresados, motocicletas sin silenciador, reparaciones locativas permanentes en cualquier horario ,día y noche-, actividades industriales y semi-industriales en áreas residenciales consolidadas, aviones, motosierras, transporte pesado, iglesias cristianas escandalosas en las vías y áreas públicas (fuera de sus recintos), tornos, brocas, pulidoras, perforadoras, sopletes, cortadoras, en fin hellip,Y eso sin incluir la música chatarra, que es permanente, hasta los indigentes y los recicladores cargan equipo de sonido ,sin excluir motociclistas y ciclistas eventuales-. En el caso de las ciclas, a nuestro juicio es un contrasentido participar de una moda contra la Madre Tierra, a la que se pretende descontaminar con el uso sano de la movilidad personal, entre sonidos de la naturaleza. Pero, en el fondo, no parece ser que la gente exteriorice una verdadera alegría ni, mucho menos, satisfacción producto de la reproducción constante de canciones y tonalidades, sino un asunto de una moda en la que el individuo no es capaz de marginarse de lo que observa en la actitud de los demás, e imita para participar de lo público, aunque siga marginado socialmente. Seguramente, las autoridades tendrán que ordenar el país con el uso de sensores y objetos de detección de ruidos en las vías públicas mediante mediciones sobre los decibeles tolerables para el oído humano, sin el riesgo de sordera o rotura de tímpanos en las víctimas de una exposición constante.



EL OTRO RUIDO



Para redondear nuestra columna queremos señalar que en la televisión pública se habló en la última semana de habituales conciertos en el área de La Tatacoa, donde se permite el consumo de apreciables cantidades de sicoactivos y sustancias narcóticas con el gancho de artistas reconocidos en escena, por espacio de varios días. Lo curioso del hecho es que las organizaciones privadas y públicas vinculadas en esas actividades 'recreativas' actúan sin la intención de juzgar a los consumidores ,o expendedores, en últimas- por tratarse de paquetes turísticos. En el pasado había señalamientos y condenas a la drogadicción, igual que a sus consecuencias por el uso habitual de la sicodelia. La acción de esos profesionales tiene que ver con la calidad de las sustancias compradas para el certamen en la medida que sus contenidos no sean tóxicos o nocivos para la salud de los adictos asistentes. Es una tarea de revisión, acompañante, con las tecnologías disponibles. Son un apoyo técnico a unas jornadas tipo festival que, en nuestro criterio, perturban el ambiente desértico y amenazan a la naturaleza de la zona, a la fauna y a la flora que concurren allí, aunque no lo parezca.




























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