El fracaso del diálogo

Ricardo Perdomo Pinzon

El fracaso del diálogo
El diálogo y la comunicación son la forma de llegar a entendimientos mutuos; son la herramienta para resolver conflictos entre las partes, fomentar la empatía, generar acuerdos en la búsqueda de soluciones que beneficien al uno y al otro, mejorar relaciones que fortalezcan la confianza, el respeto mutuo y prevenir conflictos innecesarios entre las partes que difieren sobre asuntos de interés recíproco.

En el mundo ha fracasado el dialogo y la comunicación entre los estados y líderes que los gobiernan; circunstancia que nos tienen ad portas del aniquilamiento universal. Para la muestra dos botones:

Los nubarrones que arropan el destino que vivirá Venezuela en los próximos años, por la interdicción y el dominio que le ha impuesto Estados Unidos, es el ejemplo más patético del fracaso del dialogo entre los actores en disputa, que arrasaron con la suerte de ese país hermano. El dictador Maduro y su mafia político militar, amparados en el catecismo y nombre de la República Bolivariana de Venezuela, creyeron que aplastando a los ciudadanos y líderes de la oposición que reclamaban democracia, era el mecanismo eficaz para detentar el poder, por secula seculorum. La desaparición forzada, el encarcelamiento o el destierro de sus propios ciudadanos que oponen al régimen, como herramienta de intimidación y gobierno, fue la apuesta más torpe que pudieron haber hecho; pues haber desechado el diálogo y la negociación como instrumentos civilizados y democráticos para tramitar las diferencias y la visión de país, se convirtió en el detonante social, que los encausó por el despeñadero que hoy lamentan los dos sectores en conflicto. El remedio utilizado para sacar a Maduro del poder, resulto peor que la enfermedad: Se deshicieron del dictador, pero dejaron ejerciendo el gobierno, a los amigos del caído en desgracia, quienes por fuerza del poder y la intimidación que sobre ellos ejerce el invasor; quedaron en el peor de los mundos, o mejor, sin el pan y sin el queso. Si hubieran tenido la disposición de celebrar acuerdos de gobernabilidad con la oposición, aún en medio de la diferencia, no estarían padeciendo la expropiación de la libertad y sus recursos naturales vitales, a manos del gringo en cuestión.

El Chavismo no quiso ver que había más de medio país que les respiraba en la nuca, reclamando democracia fundamentalmente; que bien les hubiera permitido frenar el carro a tiempo y no caer en el despeñadero. Maduro olvido que nada ni nadie es eterno en el mundo, o como dijera una señora Venezolana que deambula vendiendo tintos en el Parque Santander de Neiva: A cada maduro le llega su enero y que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

Por su parte, la oposición venezolana, también perdió de vista que el chavismo es una realidad; y haciendo gala de su miopía política, creyó que pidiendo la invasión del gringo para sacar a Maduro, iban a arrasar con el chavismo y a refundar a Venezuela; pero el tiro les salió por la culata, porque el gringo entró por lo suyo, llevándose a quien consideraba su estorbo y atornillando en el gobierno, a una de la misma rosca, que a punta del dominio e intimidación militar, les está funcionando a la perfección, para el logro de sus intereses. Como van las cosas, los desafueros y abusos de Trump, van a lograr en pocos años, lo que parecía imposible: Unir al Chavismo y la Oposición, para quitarle el manejo de Venezuela, al mono del peluquín.

En Colombia la cosa no dista mucho de lo que pasó en Venezuela: La extrema derecha y el establecimiento radical, estaban empeñados que el gringo viniera a invadinos y se llevara a Petro; y ahora, resulta que este par de enconados contradictores, después de su encuentro presidencial en la casa blanca, pueden terminar siendo amigos y aliados en la lucha contra el narcotráfico y la guerrilla, dejando sin perorata al Uribismo y opositores en general, que están llorando a lagrima viva y temblando del miedo, por el listado de narcos de cuello blanco, que el presidente Petro llevará en letras de molde, para entregárselo al presidente Trump.

La extrema derecha ni el establecimiento político y económico del país, entendieron que era mejor dejar gobernar a Petro y mediante el diálogo civilizado, negociar la aprobación de las reformas emprendidas por el gobierno, reclamadas por el grueso de colombianos; pero se embarcaron en la aventura de obstruir las reformas y la acción de gobierno, sin calcular el rechazo popular que se les venía encima; olvidando que la patria está por encima de los partidos.

El encuentro presidencial Petro – Trump, será el hecho político mundial del próximo 3 de febrero, que tiene en vilo a millones de personas en Colombia y Latinoamérica; y muy seguramente, cada uno saldrá muy fortalecido en la política interna electoral de cada País. A precios de hoy, como así lo indican las encuestas que conocemos, Petro elegirá a Iván Cepeda, como presidente de los colombianos; sin embargo, el triunfo de Cepeda en primera vuelta, dependerá de los efectos que produzca en el grueso de colombianos, el incremento del salario mínimo vital, la rebaja en el precio de la gasolina, la eliminación de la famosa prima a los congresistas, el reiterado triunfo de Cepeda en las encuestas y el resultado de la visita de Petro a la Casa Blanca.

Prueba del fracaso del dialogo en Colombia, es lo ocurrido entre trabajadores y empresarios en la fijación del incremento del salario mínimo legal. Los empresarios renunciaron anticipadamente al dialogo propositivo para sellar concertadamente con los trabajadores, un incremento del salario mínimo legal, acorde a la realidad y posibilidades de cada extremo de negociación. Perfectamente habían podido pactar un incremento equivalente al doble del IPC, más uno o dos puntos por encima, que hubiera significado un incremento del 11 o 12 %, que los trabajadores hubieran aceptado eufóricamente; pero desbarataron el ambiente y se levantaron de la mesa, dejando que el gobierno fijara por decreto el incremento, como en efecto ocurrió, por encima de las expectativas de los mismos trabajadores, que hoy tiene con los pelos de punta a más de uno, por el impacto negativo que dicho incremento puede tener en la inflación y el empleo en la micro y pequeña empresa. Hay muchos trabajadores dispuestos a aceptar un incremento entre el 10 y el 16%, por considerarlo muy bueno, y porque prefieren tener empleo fijo, a perderlo por como consecuencia del incremento, que a juicio de muchos, resulto un poco exagerado, e inconveniente aplicarlo de un solo tacazo.

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