El cuidado como una responsabilidad de todos

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El cuidado como una responsabilidad de todos

La Secretaría de Educación Departamental que orienta Tania Beatriz Peñafiel España visitó tres instituciones educativas en el municipio de Gigante con el propósito de inaugurar aulas de pre escolar que atienden cada una en promedio de 20 a 25 niños y niñas que apenas inician su etapa escolar en sus vidas

. Las labores del cuidado de los niños, los jóvenes y, en general, de quienes hacen parte de un grupo social se convirtieron en trabajos no remunerados de amas de casa y, más tarde, cuando estas se profesionalizaron y consiguieron empleos se convirtieron en tareas de trabajadoras domésticas, niñeras o pedagogos. El cuidado es un asunto fundamental para el mantenimiento de la vida en cualquier especie animal, posibilita cubrir las necesidades biológicas, la formación lazos afectivos y vínculos para la búsqueda de la felicidad. Pero en un mundo en el que todo depende de tener empleo para conseguir dinero y, con ello, adquirir bienes y servicios para cubrir necesidades básicas y acceder a lujos, el cuidado pasa a ser una carga para la sociedad.



Así, los hijos hacen parte de la esfera privada y, en consecuencia, son responsabilidad exclusiva de sus padres o de su familia extensa que deben proveer lo necesario. La comunidad, la escuela y el Estado dejan de ser cuidadores, más bien, asumen las tareas de socialización para que los niños y los jóvenes conozcan el orden del cual hacen parte. La escuela, en particular, los mantienen ocupados mientras sus padres trabajan. Todo parece un circulo vicioso en el que ser padres o hijos se traduce en sufrimiento: o se renuncia al acompañar los hijos para asumir vidas profesionales agotadoras que permitan cubrir los gastos de cuidadores profesionales o alguno asume las labores del hogar para que el otro sea el proveedor. Una vida enfocada en la necesidad y, por esto mismo, en el trabajo, no permite que el cuidado esté en el centro de las preocupaciones de la sociedad. Además, una comunidad empobrecida y desigual no ayuda en la consolidación de lugares tranquilos para el disfrute ciudadano.



Hace poco leí una noticia en la que se informaba que una antropóloga europea vivió durante cuatro meses con su hijo en una comunidad indígena de la amazonia. Allí la mujer experimentó que tener un hijo no era un asunto que le compete exclusivamente a la madre, ella no era la dueña de su hijo. Los hijos son de la comunidad y las labores del cuidado son responsabilidad colectiva. Curiosamente en estas comunidades no se privilegia al trabajo ni a la economía. Son llamadas por occidente comunidades ancestrales como si vivieran en un pasado que permanece en la barbarie. No obstante, sus prácticas se caracterizan por priorizar el cuidado no solo de los humanos, sino también del resto de la naturaleza. Esa nota, me hizo recordar los textos de la feminista Riane Eisler que aborda la misma idea en un recorrido que hace desde la prehistoria hasta el presente reconociendo que han existido y existen otros modelos de sociedad en los que se privilegia la cooperación, el cuidado de la vida, la solidaridad y la interdependencia con la naturaleza. La pensadora austriaca nos dice que podemos pensar otras formas de relacionarnos, en las que tanto la familia como los sistemas políticos y económicos definan como centro de la existencia el cuidado. Necesitamos un giro en la mirada que nos lleve a explora opciones que vayan más allá del trabajo, la productividad, la competencia y el sufrimiento y, así, pensar en una existencia más placentera en el planeta y en interrelación con los demás seres.



Alexandra Uribe Sánchez, investigadora del grupo Estudios Políticos.


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