El arte circense florece en las regiones: así se vivió el 13º Laboratorio Nacional

Katherine Cruz

· Actualizado

El arte circense florece en las regiones: así se vivió el 13º Laboratorio Nacional

Neiva fue escenario del 13º Laboratorio Nacional de Circo, un encuentro que reunió a más de 50 artistas, formadores y gestores culturales de todo el país y del extranjero. Durante una semana, el arte circense se convirtió en herramienta de formación, inclusión y transformación social en las regiones a través de tres talleres con invitados internacionales.


 

Durante una semana, Neiva se convirtió en el epicentro del arte circense colombiano con la realización del 13º Laboratorio Nacional de Circo, una iniciativa del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes que reunió a más de cincuenta artistas, formadores y gestores culturales de todo el país y del extranjero.

El Laboratorio de circo se desarrolló con el objetivo de fortalecer los procesos de formación, promover el circo como herramienta de transformación social y visibilizar las expresiones circenses desde las regiones. La versión 13 del laboratorio ofreció una amplia agenda de talleres, laboratorios creativos, conversatorios y muestras escénicas, experiencias significativas para los participantes y el público.



 

 

Un espacio para formar, crear y transformar

El laboratorio de circo se consolidó como un espacio donde la formación técnica se articuló con la creación artística y el desarrollo comunitario. Se abordaron áreas como la acrobacia, el malabarismo funcional, la creación de personajes y la puesta en escena, con metodologías incluyentes y enfoques contemporáneos. Los artistas circenses provenientes de doce departamentos en las zonas Centro, Sur, Amazonia y llanos orientales.

Craig Quat fue uno de los invitados internacionales. Quat es un artista y pedagogo estadounidense, quien lideró el taller de malabarismo funcional, una metodología que ha llevado a más de 36 países. Con esta Craig busca hacer del malabarismo una práctica accesible para todas las personas, sin importar su nivel o condición física.

“Mi objetivo aquí es comenzar la conversación con artistas colombianos sobre cómo adaptar el concepto del malabarismo para compartirlo con más gente. Los estudiantes han sido comprometidos, enfocados y apasionados. Por eso, este trabajo ha sido realmente alegre”, expresó Quatt.



Desde las regiones más apartadas también llegaron voces potentes. Gilveranio Riaño Zamora, más conocido como Chicuako, integrante del grupo Pija Clown Circo Teatro Llanero de Puerto Carreño, Vichada, participó en el laboratorio de creación de personajes y números escénicos con Jade Zerón, artista invitada desde México.

“Nos enseñaron a partir del cuerpo, del ejercicio físico, de estar presentes en escena. Es fundamental que el personaje tenga fuerza escénica”. Chicuako destacó la importancia de promover estos espacios de formación para las juventudes: “Estos espacios deben aprovecharse al máximo porque la formación en circo en Colombia aún es muy escasa. El arte trae desarrollo y paz, hacemos tejido social con la cultura”, afirmó.

 

 

Aprender, profesionalizar y hacer comunidad

Los talleres no solo ofrecieron herramientas técnicas, sino también una experiencia de reflexión sobre las condiciones del arte en Colombia. Iris Catalina, artista de Villavicencio, destacó la importancia de que existan estos espacios de formación ante la ausencia de carreras profesionales en circo.

Así mismo, ‘Iris Circus’ resaltó la importancia de reconocer el cuerpo como una herramienta para equilibrar la agilidad, la fuerza y el trabajo en equipo.  “Aquí aprendí sobre la biomecánica del cuerpo, técnicas de acrobacia, aéreos, hula hula. El cuerpo es una herramienta para expresarnos. Estos encuentros nos permiten mejorar nuestras técnicas y conocer a maestros con décadas de experiencia. Ojalá sigan promoviendo más” afirmó la artista.



Por su parte, Marlon Mazo, un artista circense antioqueño radicado en Mocoa, participó por segunda vez en el Laboratorio, esta vez en el taller de malabarismo funcional con Craig Quat. Para él, este tipo de procesos son vitales para llenar el vacío educativo que enfrentan los artistas de calle y así formarse profesionalmente: “lo ayuda a uno a llenarse de sentido de pertenencia por lo que ya se es, y por lo que se quiere ser”.

El artista antioqueño agregó, “El malabarismo funcional es una puerta a la inclusión. Nos ayuda a entender que este arte puede ser universal”. Marlon destacó la importancia de formar comunidad entre artistas circenses: “Estos laboratorios, nos permiten conocernos entre artistas, hacer comunidad y apropiarnos de nuestro quehacer”.

Mazo Quintero es un circense empírico desde los 18 años y agradeció a los artistas callejeros, quienes lo han motivado a aprender malabares. “ese llamado de reciprocidad, poder hacer parte del tejido social y contribuir con este trabajo por medio del malabar que podemos llegar a elaborar”. Así pues, resaltó la importancia de los talleres formativos e invitó “a quienes aún no se han sumado, les digo que articulen y conozcan el Plan Nacional de Circo. Ya que tenemos respaldo legal, ahora debemos contar con los espacios”.



 

Circo y cultura como política pública

Por otro lado, la invitada Jade Zerón es una artista mexicana multidisciplinar que cuenta con más de 20 años de experiencia. Se enfoca en la creación escénica, desde la fusión de distintos artes como intérprete y directora, orientada en temas de género, colectividad y las narrativas sociales. Desde su experiencia dirigiendo el taller de creación de personajes y números escénicos, Zerón resaltó que los artistas tuvieran la posibilidad de vivir una semana de formación sin preocuparse por necesidades básicas como la alimentación o el alojamiento. Para varios artistas, esto marcó una gran diferencia, también destacó espacios de formación que profesionalicen y garanticen condiciones para los artistas.

“Muchos de los jóvenes aquí accedieron a sus tres comidas diarias gracias al laboratorio. Eso no es menor. Para profesionalizar al sector necesitamos formación, sí, pero también condiciones dignas, seguridad social y políticas de inserción laboral. El arte circense ha sido históricamente abandonado, y es hora de reconocerlo como un oficio valioso y necesario para la sociedad”, manifestó la tallerista.

En ese sentido, planteó la necesidad de avanzar hacia la creación de escuelas regionales de formación en circo, así como de garantizar la contratación de espectáculos en festividades locales que privilegien el talento regional y mensajes de calidad.

“Hay fiestas de pueblo donde se contratan shows que no aportan nada al público, especialmente a los niños. En cambio, el circo local tiene propuestas honestas, sinceras, con valores. Necesitamos abrir espacio a esas expresiones”, afirmó la artista mexicana.

 

 

 

Arte y cultura: motor de esperanza

El 13º Laboratorio Nacional de Circo no fue solo un encuentro de técnicas, sino de saberes compartidos y propósitos comunes. Para jóvenes como Miguel Ángel oriundo de Cali y Katerine Tobar de Neiva, este fue un espacio que les permitió crear, imaginar y reafirmar su vocación artística.

En entrevista con este medio, los jóvenes artistas enviaron un “mensaje para los jóvenes: es que sueñen, creen, escriban. Que se den permiso de ser ellos mismos. La cultura huilense es hermosa y merece ser vivida con orgullo”, dijeron.

Los artistas que fueron certificados por el Ministerio de la Cultura, el arte y los saberes y la secretaria de Cultura de Neiva, invitaron a los jóvenes a participar en las convocatorias: “El arte circense cambia vidas. Nos transforma por dentro y nos conecta con los demás. Ojalá más jóvenes se animen a vivir esta experiencia”.

Con cada edición, el Laboratorio Nacional de Circo sigue tejiendo redes, ampliando horizontes y consolidando el arte circense como un motor de transformación y paz en los territorios.

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