El barrio Brisas del Venado Retrato de una ciudad
La rectora del colegio Misael Pastrana Borrero en el municipio de Rivera Olga Narváez ha ganado su segunda tutela en contra de padres y estudiantes que se oponen a las restricciones que ha impuesto en su institución
Este fragmento de la novela Timandra fue lo primero que vino a mi mente para hablar de la desigualdad social y de los asentamientos informales en la ciudad. Los proyectos de investigación y proyección social que se han desarrollado desde el programa de Ciencia Política de la Universidad Surcolombiana dan cuenta de unos territorios que son representados en la prensa local como focos de delincuencia, inseguridad, microtráfico y redes de informalidad. Sus habitantes dan testimonio de que viven en una ciudad que los estigmatiza y que los hace avergonzarse de decir dónde viven, aunque también expresan con dignidad que han batallado por un techo para su familia, en una sociedad que les ha negado sus derechos.
En entrevistas con funcionarios de la administración municipal se ha identificado que las caracterizaciones de los asentamientos informales están centradas en diagnósticos técnicos sobre los terrenos, los riesgos medioambientales y los servicios públicos desconociendo los sujetos que habitan el territorio, sus sentires, sus memorias y sus contextos socioeconómicos. Un secretario de la Alcaldía llegó a plantear que la problemática de los asentamientos informales se resolvería si sus habitantes hicieran ahorros programados para acceder a proyectos de vivienda de interés social y dejaran la costumbre de invadir. ,Cómo ahorrar cuando no se tiene lo mínimo para la alimentación de cada día? ,Cómo se vincula una persona que vive del rebusque al sistema financiero?
El 26 de diciembre de 2022, ??????????????la ??Dirección de legalización de asentamientos???????????????? de la Alcaldía de Neiva entregó la resolución que formaliza el barrio Brisas del Venado y beneficia a 270 familias. Tras 14 años de su fundación, ha sido reconocidos por la planeación urbana. Aunque parece un cambio minúsculo, este nuevo lenguaje nos da nuevos significados que vale la pena resaltar: han pasado de ser invasores que habitan en la informalidad un terreno privado del cual pueden ser expulsados, a ser ciudadanos con igualdad de derechos que pueden acceder a la vivienda, a los servicios públicos domiciliarios y al mejoramiento integral barrial.
El camino todavía es largo para los habitantes del barrio Brisas del Venado. El acueducto y el sistema de alcantarillado fueron construidos con recursos propios y no se ha instalado la red de gas domiciliario. Las vías de acceso son carreteras empedradas en mal estado y no hay rutas de transporte público en el barrio, los habitantes deben salir caminando hasta la carrera séptima, frente al barrio Galindo, para conseguir servicio de bus o mototaxi. Los espacios públicos para el encuentro y el esparcimiento son limitados, están en mal estado y carecen de equipamientos adecuados. Algunos lotes no hacen parte del proceso de legalización debido a que están en zonas de alto riesgo, a la fecha no hay una alternativa desde la administración municipal para ellos, no hay opciones de reubicación y lo único que se les ha informado es que por el momento no serán desalojados. Son necesarios recursos para el mejoramiento de viviendas, aunque hay casas de cemento y ladrillo de dos pisos, también hay en madera o en zinc, con pisos en tierra y con problemas de filtraciones de agua. Finalmente, el terreno sigue siendo propiedad privada sobre la cual se han establecido posesiones y mejoras, por ello, no se habla de la titulación de las viviendas ni de los medios para hacer que prevalezca el interés colectivo sobre el bien privado.
Los rostros de la pobreza que arrecia en la ciudad se pueden ver en los asentamientos informales y en los barrios populares. Son los rostros de mujeres, jóvenes, niños y ancianos que quieren habitar una Neiva incluyente que les permita acceder a los derechos consagrados en la Constitución de 1991. Son rostros de trabajadores que viven del rebusque como el reciclaje, las ventas callejeras, los servicios domésticos y la construcción en una ciudad carente de empleos formales. Ellos llevan el peso del estigma de haber invadido el terreno para garantizar su derecho a la vivienda, por lo que son tildados de oportunistas, perezosos, aprovechados de lo ajeno. Vale la pena preguntarnos ,por qué cargan ellos con estas estigmatizaciones, en lugar de señalar a los políticos corruptos que llenan sus bolsillos con los recursos públicos para el bienestar colectivo? ,Por qué son más visibles los delincuentes barriales que el vacío ético de quienes concentran el poder económico y político?
Alexandra Uribe Sánchez, investigadora del grupo Estudios Políticos.