El bandido colombiano

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El bandido colombiano

La periodista Melissa Martínez ha sido noticia en los últimos días por diferentes situaciones pero esta vez decidió hablar sobre el amor y los hijos

Nada más lejano de la verdad conocida y registrada (ese calificativo empleado por el tirano tropical) por los autores en sus trabajos para la posteridad, una posteridad que en buena parte ya llegó, pues esos temas vitales no alcanzaron el dominio público, los medios de comunicación deben responder por tantos tiempos de oscuridad, los sucesos remontados en la secuencia del saber, apenas coquetean con la actualidad política, y el quehacer entra en expectativa. Á,lvaro Uribe 'se limpió el trasero' con la historia acumulada en al menos 100 años, y aprovechó el desconocimiento de las colectividades gobernadas para insuflar la brutalidad en un terreno abonado. A través de burlas inhumanas compartía resultados para evaluar la inversión billonaria en el orden público del país, los ingredientes: las posturas hegemónicas, megalómanas, que el pueblo idolatra en el tirano a manera de embrujo.



EL BANDIDAJE



Sin embargo, el bandolerismo nace en el territorio patrio como un acto de reacción defensiva ante los atropellos del gobierno, los usos feudales, la exclusión miserable y el acaparamiento de la tierra. Tenía un efecto organizativo jamás pensado para cambiar el sistema por la vía armada, en primera instancia, tal como lo concluiremos más abajo con nuestra fuente consultada. Un siglo después, los simpatizantes del sistema derechista podrían ser víctimas de su propio invento (falsos positivos, desapariciones, seguimientos y abusos oficiales, entre otros esperpentos civiles) por tratarse de un engendro partidista y social que dejó al descubierto, en un balance parcial de 2022, la vocación de nuestros coterráneos, la actitud de seres inestables, dados al crimen, distinguidos en el mundo como individuos impenitentes, sujetos curtidos en la ignorancia, aunque ésta sea dirigida con la delicadeza del genio del mal. Al intervenir ante cámaras, el rostro de Uribe se iluminaba con una sonrisa preñada de malicia algo histriónica, que no dejaba de ser cruda para el escenario. Mostraba un placer institucional tenebroso y peligroso para las audiencias mediáticas que en el país lo escuchaban, lo vitoreaban, hasta lo aplaudían a rabiar ,aunque fuera la mitad de la población votante- en actos públicos donde el principal invitado era el demonio con sus séquitos políticos, armados. Para una persona cuerda y prudente, más allá del ejercicio ciudadano-político en caliente, es difícil aceptar que quien ostenta la máxima dignidad del Estado se convierta en un portavoz autorizado de la destrucción física de comunidades enteras, incluidos los niños, en su encubierta calidad como determinador despiadado, escabroso.



COSTUMBRE HORRENDA



En la práctica, entre muchos saltos, este siglo registra esa caracterización de la venganza desde los altos círculos de poder: atávicos y emergentes. Pero, las campanas al vuelo en los últimos meses anuncian que se puede llamar a las cosas por su nombre, sin más subterfugios ni falacias. El bandolerismo social se mantuvo activo en las primeras décadas del siglo XX. Sectores campesinos se incorporaron a las bandas rurales por falta de trabajo o para huir de la llamada justicia, que les atribuía arbitrariamente algún crimen o los perseguía por robos cometidos muchas veces para satisfacer la hambruna. El bandidaje expresó un fenómeno de protesta social contra la autoridad y la 'justicia'. Los bandidos castigaban a los patrones y capataces que abusaban con los peones. A veces, repartían entre los pobres del campo el ganado robado a los ricos. En los asaltos a los latifundios, a menudo se llevaban las cuentas y los vales que adeudaban los peones. Esto explica la popularidad de que gozaban algunos bandidos entre los sectores más explotados del campo y de las aldeas rurales ,. (Luis Vitale, El contexto latinoamericano de la historia moderna de Colombia [1886-1930], N.H.C., Vol. III)



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