El Arca de Noé no puede convertirse en un proyecto político de legitimación del exterminio

Sebastian Rodriguez

El Arca de Noé no puede convertirse en un proyecto político de legitimación del exterminio

El sacerdote Henry Ramírez Soler, reconocido por su defensa de los derechos humanos, comparte una reflexión sobre el uso de la Biblia en el discurso político.

Con más de dos décadas de trabajo pastoral en territorios golpeados por el conflicto armado, el sacerdote claretiano Henry Ramírez Soler se ha consolidado como una de las voces más reconocidas en la defensa de los derechos humanos en Colombia. Su labor ha estado ligada al acompañamiento de víctimas, comunidades desplazadas, líderes sociales amenazados y procesos de búsqueda de personas desaparecidas, especialmente en regiones como Chocó y Meta.


Lejos de limitar su ministerio al templo, Ramírez Soler ha denunciado violaciones a los derechos humanos, promovido la justicia social y defendido una lectura del Evangelio centrada en la dignidad humana, la reconciliación y la paz. A continuación, compartimos una columna de opinión escrita por el sacerdote, en la que reflexiona sobre el uso de referencias bíblicas en el discurso político del presidente electo Abelardo de la Espriella.


El Arca de Noé no puede convertirse en un proyecto político de legitimación del exterminio


            Llamar "Arca de Noé" al proceso de empalme del presidente electo Abelardo de la Espriella no parece ser una decisión improvisada. Es una expresión profundamente simbólica que merece ser analizada. Las palabras crean imaginarios y las referencias bíblicas nunca son neutrales. Cuando se trasladan al escenario político, pueden iluminar la realidad, pero también pueden deformarla.
La imagen del Arca de Noé parte de una narrativa de crisis total. El mundo aparece dominado por el mal y el caos. En ese contexto, Dios elige a Noé para preservar la vida dentro del arca. Si esta imagen se aplica a la política, el mensaje que puede transmitirse es inquietante: existe un país condenado, un líder providencial y un pequeño grupo de personas que serán "salvadas", mientras quienes quedan fuera del arca aparecen como parte del problema.Este tipo de lenguaje alimenta una narrativa mesiánica. Presenta al gobernante como el único capaz de rescatar a la nación y divide a la sociedad entre quienes merecen ser salvados y quienes representan el mal. La historia demuestra que los proyectos políticos construidos sobre la lógica de los "elegidos" y los "enemigos" terminan debilitando la democracia, porque sustituyen el pluralismo por la exclusión.
Sin embargo, esa no es la enseñanza central del relato bíblico. En , el punto culminante no es el diluvio ni el arca. Es la alianza. Después de las aguas, Dios establece un pacto con Noé, con sus descendientes y con todos los seres vivientes. El arco iris no simboliza la victoria de unos sobre otros, sino la promesa de Dios de que nunca más destruirá la creación: "Pongo mi arco en las nubes, y será la señal de la alianza entre mí y la tierra" (Génesis 9,13).
El mensaje bíblico es claro: la respuesta de Dios frente al pecado no termina siendo la destrucción, sino una alianza para la vida. El relato concluye con una promesa de reconciliación, no con la invitación a buscar nuevos diluvios contra quienes piensan distinto.
Por eso preocupa que el lenguaje religioso sea utilizado para construir una supuesta "Patria Milagro" basada en un relato de salvación reservado para unos pocos. El Evangelio nunca presenta la salvación como un privilegio de un grupo político o ideológico. Jesús no vino a clasificar personas entre dignas e indignas. Vino a buscar a todos, especialmente a quienes eran excluidos. Él mismo afirmó: "He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia" (Juan 10,10).
Los cristianos y cristianas  sabemos que ningún gobernante puede ocupar el lugar del Mesías. Ningún proyecto político puede apropiarse del lenguaje de la salvación para legitimar el poder. Cuando la política se reviste de categorías religiosas para presentar a un líder como el elegido que rescatará a la nación, la fe deja de anunciar el Reino de Dios y corre el riesgo de convertirse en un instrumento ideológico.
Como católicos,  católicas  y personas de fe hacemos un llamado respetuoso al presidente electo y a quienes integran su gobierno para que eviten manipular los textos bíblicos y el lenguaje teológico. La Palabra de Dios no pertenece a ningún partido, a ninguna campaña ni a ningún gobierno. Su misión es anunciar la justicia, la misericordia, la paz y la dignidad de toda persona.
Colombia no necesita un arca para unos pocos. Necesita una mesa donde todas y todos tengan un lugar. No necesita un nuevo Noé que decida quién entra y quién queda fuera. Necesita dirigentes capaces de construir puentes y no muros; acuerdos y no exclusiones; una alianza nacional por la vida, la reconciliación, la justicia y el bien común.
Ese sí es el horizonte de la Biblia. Ese sí es el corazón del Evangelio. 
Henry Ramirez Soler cmf

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