El anecdotario de Juanca

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El anecdotario de Juanca

De acuerdo con el departamento de estadísticas DANE en Colombia la tasa de desempleo descendió hasta el 143 en el mes de julio lo supone una reducción de 59 puntos porcentuales con respecto al mismo mes del año anterior



Allí cabían estupideces, vivezas, folclorismos, limitaciones, superficialidades, arrogancias, infidencias, igual que muchos cantos de sirena propios de la cercanía con el poder del momento. 'Juanca' era el portavoz de la prensa oficial de esa época que iniciaba con gobernador elegido históricamente, sin el consabido decreto presidencial. Subió al podio profesional luego de ser considerado un periodista de moda, una curiosa condición para merecerlo, amén del proselitismo político marcado, militante.



El célebre anecdotario duró (sobrevivió) en su oficina hasta el instante en que un periodista, visitante asiduo de la oficina de prensa, recibió datos confidenciales sobre el manejo sinuoso de las apropiaciones multimillonarias destinadas al gasto público en los cuatro años de administración seccional, y los divulgó en la región y en el plano nacional.



El diario El Espectador tituló: 'El Huila: ni raja ni presta el hacha'. Miles de millones de pesos estancados en el sector financiero, y su ocultamiento amañado hicieron tambalear a los ocupantes del palacio. El comunicador compartió la chiva generosamente, por tanto, aunque fue borrado de la lista de contratistas publicitarios en ciernes.



Se dio el lujo de patear la lonchera hellip, El dinero de las regalías petrolíferas corría a rodos entonces, y los mandatarios eran como unos reyes Midas: todo lo que tocaban se convertía en oro.



MUERE EL ANECDOTARIO



Por supuesto, la afición de Juan Carlos era una tarea muy profusa en cuanto su relación con el gremio se soportaba en la oficina de prensa del departamento de la cual era su jefe temporal, durante la administración del primer gobernador popular Julio Enrique Ortiz Cuenca. En los medios escritos se conocía a Julio Enrique como 'julioenriquísimo' tal vez por lo que podría augurarse frente al término del mandato popular, en el tema de la abundancia.



De plano, como era costumbre, el mandatario guardó en los bancos muchos rubros del presupuesto oficial para gastar de un sólo tajo antes de las elecciones que definirían a su sucesor en el trono. El gasto permanente en al menos tres años iniciales se concentraba en lo obligatorio: obras públicas y educación, ni un peso más ni un peso menos, con unas honrosas excepciones que no alcanzaban a mover la aguja.



La plata dormía y hasta roncaba en la banca local, aunque los intereses por semejantes montos depositados en las cuentas beneficiarias daban para partir y repartir con holgura, sin filtros aparentes, se infiere de documentos de Hacienda departamental de la época, insuflada por la contralora Luz Marina Motta, contradictora política de Ortiz Cuenca y encarnizada denunciante de los entuertos presupuestales. Por supuesto, la balanza fiscal se inclinaba hacia el despacho del gobernador ,por su poder demoledor-, en detrimento de la agencia de control y de sus gastos de funcionamiento.
















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