Educación sexual en niños, niñas y adolescentes: ¿Por qué hablar del tema sin tapujos?
La sexualidad es un tema que suele abordarse, en muchas ocasiones, con poca información y bajo premisas de temor infundido sobre el desarrollo de niños, niñas y adolescentes. Es importante, por ende, que se aborde desde la confianza y la educación sexual responsable.
La educación sexual, según la organización de Médicos del Mundo, se define como “un proceso de enseñanza que proporciona información y desarrolla habilidades relacionadas con la sexualidad humana”. También se reconoce que ello acoge temas como la sexualidad, la salud reproductiva, los procesos reproductivos en el ser humano, así como los métodos de anticoncepción, la prevención de enfermedades de transmisión sexual, el reconocimiento del cuerpo, las relaciones de pareja, el consentimiento y los valores en torno a ello.
Abordar la sexualidad desde el ámbito educativo e integral permite que niños, niñas y adolescentes conozcan sobre su cuerpo y puedan tomar decisiones conscientes sobre el mismo. Además de ello, los programas que tratan el tema están capacitados para informar con claridad y entendimiento en conformidad con cada una de las etapas en las que se está tratando. De esta forma, se hace de manera específica a las necesidades y al entendimiento de los aspectos que se exponen.
Para ello, se establece que es importante hablarlo no solo en instituciones educativas, sino también desde casa, para que cada niño, niña o adolescente se informe y pueda entender mejor su cuerpo, emociones, habilidades para la vida, relaciones interpersonales sanas, capacidad para tomar decisiones informadas, salud y prevención. Es así como la formación en sexualidad permite que, a futuro, se prevengan situaciones que en ocasiones ocurren por la poca información o por los tabúes que hay en torno a ello.
Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la importancia de tratar este tema se centra en comprender que, en el mundo, muchas veces la sexualidad no se habla con la responsabilidad y apertura que implica, lo que termina ocasionando un daño frente al crecimiento y desarrollo de los niños, niñas y adolescentes con respecto a temas relacionados con el entendimiento de la pubertad y sus cambios físicos y emocionales, además de la construcción de relaciones de pareja sanas, la capacidad para actuar con responsabilidad en la salud reproductiva, la prevención de enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados.
Educar sobre sexualidad no debería convertirse en un tabú o restricción; por el contrario, debería fortalecerse continuamente en el proceso de crecimiento. Tal como se ha dicho desde las orientaciones internacionales de Naciones Unidas, la educación sexual debería iniciar a partir de los 5 años de edad, cuando normalmente se empieza el ciclo escolar, y esta debe ser una tarea no solo de la escuela, sino también de los padres o cuidadores, para que se convierta en un proceso de aprendizaje progresivo e informado.