Ecos De Un Discurso Y Chismes De Una Fiesta…. Desde Toronto - Canadá
La airada intervención del Presidente de la Republica, durante la Asamblea Popular de la Democracia Energética en el Caribe, realizada en Barranquilla después del hundimiento de la ley de financiamiento, por parte de partidos y congresistas mañosos, incrustados en el Congreso de la República
Nos dejan un sinnúmero de aprendizajes, que bien valen la pena referir, desde una visión aliada del gobierno e interpretando el legado histórico que dejará para la historia política de Colombia, el Presidente Gustavo Petro, incluyendo por supuesto, aciertos y desaciertos en su gestión de gobierno.
El presidente hablo como decían los penalistas de antaño: Con ira e intenso dolor; en lenguaje vernáculo y firme, que llega con tal intensidad, que quien lo escucha se va para su casa, pensando y repensando las diatribas que Petro dijo contra una clase política maldita, que a pesar de la evidencia que nos deja la estela de violencia que vivimos, no se percata que son muchas las cosas que por una u otra vía, se deben cambiar en nuestro desvencijado país. Es gracioso escuchar las reacciones contraevidentes, de congresistas, magistrados de las altas cortes, periodistas del establecimiento y representantes de una elite empresarial, que aún no se entera, que la caneca está llena y es necesario sacar de un lado, para echar al otro y de esa manera equilibrar la balanza de la equidad social.
Los congresistas quedaron heridos de muerte y su orgullo mancillado por el jefe del estado, cuando dijo que quienes hundieron las reformas que benefician a un país, por el solo hecho de torpedear un gobierno, son unos malditos. Quién dijo miedo; todos a uno de los destinatarios de la palabra, reaccionaron con virulencia por el maltrato presidencial, como si esa no fuera la mejor y más decente de las definiciones, para referirnos a esa manada de cucarachas, que habitan en el mismo calabazo. Los invito a que salgan a la calle, para que conozcan de qué manera los llama el pueblo colombiano. Mientras Petro les dice malditos, el pueblo colombiano les dice H.P.; que no es precisamente Honorables Padres de la Patria. Los que creemos en la Virgen María, al elevar nuestras oraciones por su majestad y gloria eterna, le decimos “…..bendita tu eres, entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús”. Contrario sensu, a la inmensa mayoría de los congresistas colombianos, el pueblo creyente les dice: “….malditos son ustedes entre todos los hombres de Colombia y maldito es el fruto de su trabajo legislativo”; pues todos sabemos que su tarea es oscura y pestilente, en la mayoría de las ocasiones en donde el país se juega su suerte. Si no hay mermelada, no votan un proyecto de ley, por bueno que sea; pero si hay billete, contratos y nombramientos de por medio, votan el peor de los proyectos que un gobierno o sectores de interés le presentan para su aprobación; sin importarles las consecuencias nocivas frente al pueblo que dicen representar.
Los magistrados de las altas cortes, están de muerte también, y piden respeto al presidente, porque les ha dicho en su cara, lo que todo el pueblo sabe y les grita en la calle. No más hipocresía señores magistrados, pues quienes cumplen su función y se comportan como debe ser, son una minoría. A esas elites de burócratas incrustados en las instituciones del Estado, les duele oír verdades, y no se han dado cuenta que ellos son la expresión palmaria de la podredumbre nacional y que en un país lleno de tanto pecado, es apenas natural que entre el diablo y escoja.
Loquito por ti: El hermano de Caín, me invito a la gran fiesta de fin de año, que organizó Comfamiliar del Huila. Hubo derroche de alegría, muy buena logística y organización; áreas sociales y baños impecables; comportamiento ejemplar de los asistentes (a nadie se le cayó el palustre, y todos parecíamos estrato 6). Hubo de todo y para todos. La música y parrilla de artistas, no pudo ser mejor, para los que no sabemos cantar ni bailar reggaetón, ni perrear tampoco. Me impresionaron Los Hispanos y La Billo´s Caracas Boys; son artistas maduros, que tienen su garra plena e hicieron vibrar de emoción a los asistentes; pues muchas de sus obras son clásicos de la música tropical y decembrina, que la bailan hasta los que no saben bailar. Un amigo cercano disfruto mucho de la fiesta y aunque su forma de bailar es inversamente proporcional a su inteligencia (se mueve más un proceso penal en la fiscalía), bailó con su esposa hasta que le supo a cacho; ella sí baila más que un trompo cereque, pero los malditos juanetes, la obligaban a sentarse antes de terminar cada tanda. En el palco vecino, habían unos personajes de esos que tienen comportamiento de traquetos y por más que luzcan vestidos de marca, se les nota a leguas, la ordinariez y la hojarasca; nos incomodaron con escoltas que invadían el área privada de nuestro palco; y eso que estábamos con un alto funcionario del estado que sí tiene un numeroso cuerpo de seguridad, y no había uno de ellos encima nuestro. Quien tenga que asistir con tres o cinco escoltas a un palco exclusivo en una fiesta de gente bien comportada, es porque es un pobre mediocre y vanidoso, o una persona que anda metida en problemas y cosas, non sanctas.
Me toco al lado de una queridísima amiga que le gusta la rumba al piso, tiene muy buena vibra y es amena en su charla; la vi muy contenta con la música de los Hispanos; y tal era su entusiasmo que cuando los cantantes de la agrupación preguntaban al público cual canción de ellos queríamos escuchar; ella de forma rauda y pulmonar pedía “ ¡Loquito por ti!”, y ellos tocaban otra canción; pero no importaba, seguía bailando con energía; terminaban la canción y ella los aplaudía con entusiasmo infinito, creyendo tener derecho a que le cantaran Loquito por ti; comenzaban a tocar y nanay cucas, era otra canción la que tocaban y así sucesivamente siguió pidiendo “Loquito por ti”; yo tenía pena ajena con la entusiasmada mujer, al ver que no había complacencia para ella por mas alboroto que hiciera y aplausos brindara. El marido le dijo, mi amor, no pida más esa canción que esos malditos no la quieren tocar. Uno de los cantantes se percató del asunto y con disimulo me dijo “oiga cuadro, esa señora nos tiene locos con la pedidera de esa maldita canción; nosotros no la tocamos, porque no es de nuestro repertorio y la gente pensará que no la queremos complacer; dígale que pida una canción nuestra y se la tocamos”. Le di la razón que le mandaba el cantante, quien con su mirada inquieta siguió mis presurosos pasos y creyendo salir del encarte, volvió a preguntar al público cual canción queríamos escuchar y ella con mayor entusiasmo y alegría, volvió a pedir ¡Loquito por ti! Casi me retiro de la pista por pura pena con el tipo que nos miraba entusiasmado para complacerla y ante semejante reiteración, el pobre marido no tuvo otra salida que decirle a su amada esposa: Mija, la cagaste otra vez!; que pena con esos cabecirrucios de la agrupación. Mejor vámonos p´a la casa, que estoy borracho y cansado. Así llego el final de la noche, de esta agradable pareja y compañeros de viaje musical.