Cuentas alegres

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Cuentas alegres

El candidato presidencial del Pacto Histórico sorprendió a varias familias humildes que se dedican a la pesca artesanal en río Magdalena Petro se subió a la canoa con Arnulfo Muñoz un pescador del municipio de Honda

A los seis millones de votos obtenidos por Rodolfo se le sumarían los cinco obtenidos por Fico, mas el millón sumado de Fajardo, Gómez y el Pastor, para un total de doce millones. Con eso ganaría Rodolfo sobradamente porque Petro, dicen los analistas que miran y se quedan mirando apasionadamente los datos, ya obtuvo lo máximo que podía obtener, los ocho y medio millónes de votos. Pero resulta que los datos reflejan hechos de la realidad, en este caso números de personas que votaron por las opciones que había para hacerlo. Y ahí están los resultados. Los datos reflejan los números, insisto, pero de personas que votaron y las opciones escogidas. Y quiénes y cómo son esas personas que al tomar una decisión, hicieron posible el resultado que se refleja en los datos. Son miembros de una sociedad desigual, inequitativa injusta, violenta, por lo que en los resultados se expresan variables de esa desigualdad, inequidad injusticia y afinidad o enemistad con la violencia. Los que viven bien y cómodamente, una minoría que no supera el 30%, quieren que todo siga igual o que simplemente se maquillen algunas cosas para no cambiar, pero el resto de la población, el 70 o mas por ciento, quiere cambios. Es lo que piensan y quieren, pero creen que eso que piensan y quieren, lo debe garantizar alguien, en el caso de los primeros, que es no cambiar, o liderar o hacer alguien, en el caso de los segundos que quieren el cambio. Y por eso votaron por los que votaron.



Los resultados lo que evidencian de entrada es que los que no quieren que la sociedad cambie, perdieron, al igual que los quieren que la sociedad cambie de mentiritas, por eso los derrotados de esta jornada fueron Fico, Gómez, el Pastor y Fajardo. Y ganaron los que quieren que la sociedad cambie, Petro y Rodolfo. El primero desde y con un programa de gobierno para cambiar, y el segundo con consignas y slogans anti todo, pero sin fundamentos programáticos ni estrategias procedimentales para hacer lo que promete cambiar.



Por eso la reacción inmediata de los primeros fue adherir a Rodolfo, porque tienen la certeza de que no nos van a robar la nación que ha sido nuestra , como dijo Goméz, o no nos van a quitar el país que siempre nos ha pertenecido , como dijo Fico. Es decir que tienen la certeza de que con Rodolfo el cambio es de mentiritas. Por eso hay que volver a los datos y a las personas que reflejan esos datos para saber qué puede pasar en la segunda vuelta.



El 28% obtenido por Rodolfo lo logró en los dos últimos meses. A finales de marzo, su porcentaje en las encuestas no superaba un dígito. Muy pocos creían en él, o estaban dispuestos a apoyarlo. Su crecimiento final es resultado de algo que el dato matemático por sí mismo no explica, y es el asunto de las percepciones de origen emocional, no racional, en una sociedad, además, cansada de los discursos y las promesas. Los pareceres producto de las emociones que genera el estilo bonachón, desparpajado, de un hombre coloquial, que putea al que sea, en donde sea, y que privilegia el grito por sobre la conversación sosegada, en escenarios de argumentación donde flaquea por su poca profundidad argumentativa, atrajeron a mucho elector cansado, aburrido de los mismos, que no soporta tampoco discursos ni acepta argumentos de ningún tipo. Y eso fue lo que produjo el aumento considerable de votos en dos meses, casi cuatro millones de colombianos decidieron en las dos últimas semanas votar por Rodolfo. Esas percepciones emocionales en esos colombianos perfectamente pueden cambiar en las próximas semanas antes de la segunda vuelta, teniendo en cuenta que ahora el debate será entre dos, y no se podrá esconder tras los otros, o tras lo que dicen los otros. Tendrá que decir lo que debe decirse sobre el qué y el cómo de los problemas y nececidades de la sociedad y el país. Eso sucederá en esta población que votó por Rodolfo, por lo que tener la certeza de que Rodolfo contará con sus votos de la primera vuelta en la segunda, es equivocado. Como equivocado fue creer que Fajardo obtendría sumados los votos que obtuvieron los precandidatos de la Coalición Centro Esperanza en las elecciones de marzo, cuando la realidad es que escasamente obtuvo sus propios votos de marzo, lo que significa que los seguidores de los otros precandidatos no lo apoyaron.



Así que en materia de comportamientos, percepciones, emociones, gustos, incluso razones, nada está definido con miras a la segunda vuelta. Mucho de aquello puede cambiar, cambiando los datos de ahora que parecen evicenciar una realidad, que en unas semanas podrá ser distinta.



Por último: lo único cierto es que no tendremos ni vicepresidente ni representante a la cámara.


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