Cucha, ¡póngase Trucha!
Cucha, póngase trucha a defender su bono pensional; pues nadie entiende que recibiendo esa platica del gobierno, ustedes hayan votado por el que no es; familiares de soldados que hoy reciben un salario vital, por encima de los trescientos mil pesos que recibían; no es posible votar, por quien promete quitarles ese incremento; Trabajadores del salario mínimo; no es posible que habiendo recibido los incrementos más altos al salario mínimo en toda la historia, voten por el que promete acabar con ese incremento. Mandan cascara, quien se hayan volteado o pretendan voltearse. A los faltones los espera la última paila del séptimo infierno, según las palabras de la angustiada Belarmina.
Esta opinión popular, va dirigida a todo el universo de colombianos que van a votar la segunda vuelta presidencial; a los abstencionistas y a los que no van votar, porque no creen en la democracia; rechazan a la clase política mentirosa y corrupta; y porque su situación personal es irrefutable: Si no trabajan, no comen; y tienen la convicción certera, que de la actividad y la “torta” política, solo se beneficia una rosca, que quiere enriquecerse sin trabajar. Ellos no votan, porque el derecho al voto, les resbala; y el deber ciudadano, de apoyar la democracia ejerciendo el voto, les sabe a mierda.
Cuando digo Cucha, póngase Trucha, no lo digo con rabia; lo digo con el cariño sincero de quien sabe perfectamente, que llegar al triunfo, nos costó sangre, sudor y marchas a granel. Después de 200 años de lo mismo, por fin llegó un gobierno que volteó a mirar al que barre la calle, al que vende arepas a las 5 a.m., al campesino que alimenta nuestro país, al estudiante pobre, que cuando termina primaria o secundaria, su expectativa y proyecto de vida se reduce al día que amanece, para trabajar en lo que sea, para medio alimentarse, medio vestirse y ayudar a sus padres para poder garantizar la yuca y el caldo de menudencias.
Estamos a dos semanitas, de decidir si eso sigue, o si lo borramos con la indiferencia y retrocedemos al viejo país, gobernado por los que sin piedad alguna nos trajeron aquí. El domingo 21 de junio no elegimos solo un nombre en el tarjetón; elegimos entre avanzar o devolvernos. La cuestión es muy sencilla: Es decidirnos entre Iván Cepeda, que representa la continuidad del cambio, la defensa de los derechos sociales, la defensa de los derechos humanos, el rescate de la ética y la moral; principios rectores que debemos observar en nuestras relaciones interpersonales y en el manejo de la cosa pública, que en un acto de confianza se nos entrega para administrar en beneficio de todos; o es decidirnos por aquel que promete desaparecer y aniquilar físicamente a sus opositores, a quienes nos considera una plaga que le hace daño al país; que promete entregar nuestro país, a quien prevalido de su poder militar y económico, decide oprimir un botón y en segundos masacrar a civilizaciones enteras, que su único crimen cometido, es no someterse ni ceder a sus intereses, ofrendando sus vidas en la defensa de su pellejo y territorio.
Alebardo promete minimizar el estado, acabar con el empleo de los servidores públicos, acabar con los sindicatos, acabar con los giros del estado a las universidades públicas para que las privadas hagan moñona con la necesidad de educación de los colombianos; promete poner preso a Gustavo Petro y extraditarlo a Estados Unidos, olvidando que ese hombre de cuerpo pequeño, tiene los huevas bien puestas y está dispuesto a dar la pelea en las calles, en los términos que le toque, para defender la democracia y enfrentar a quienes pretendan joderlo. Alebardo, olvida que hay miles de colombianos dispuestos a hacerse matar por Petro, en estallidos humanos, que no quiero ni imaginar. Alebardo promete aplicar mano dura, por las buenas o por las malas, contra los que se opongan a sus designios; promete entregar el país, a los de siempre, para continuar con la exclusión y la violencia en los territorios. La gente no se va a dejar matar, y presagio que antes que este loco, proceda a dar la orden para que las fuerzas del estado y sus aliados, procedan con su labor de aniquilamiento, habrá muchos ejércitos armados en la selva, en las ciudades, en los campos y veredas, voleando plomo venteado, defendiendo sus vidas y posiciones. Los colombianos esperan que este señor, muestre mínimas condiciones de estadista, para que la gente tenga un motivo racional, para creer que puede gobernar a Colombia. Muchos le recomiendan, que mientras sus asesores lo instruyen para el debate, deje de hablar maricadas, que en una eventual victoria, le podrán salir muy caras. Sépalo, que si los colombianos democrática y limpiamente lo eligen presidente; todos estamos obligados a acatar el resultado, por duro que sea; pero también sépalo, que los opositores no se dejaran matar.
Cucha, póngase trucha a defender su bono pensional; pues nadie entiende que recibiendo esa platica del gobierno, ustedes hayan votado por el que no es; familiares de soldados que hoy reciben un salario vital, por encima de los trescientos mil pesos que recibían; no es posible votar, por quien promete quitarles ese incremento; Trabajadores del salario mínimo; no es posible que habiendo recibido los incrementos más altos al salario mínimo en toda la historia, voten por el que promete acabar con ese incremento. Mandan cascara, quien se hayan volteado o pretendan voltearse. A los faltones los espera la última paila del séptimo infierno, según las palabras de la angustiada Belarmina.
¿Qué legado defendemos?
Defendemos los más de dos millones de colombianos que salieron de la pobreza. Defendemos que hoy un abuelo sin pensión reciba $230.000 mensuales y no tiene que pedir limosna. Defendemos que nuestros hijos tienen más de doscientos mil cupos nuevos en universidades públicas. Defendemos la vida y la naturaleza sana, como derechos inalienables de la humanidad. Defendemos la reforma laboral, la reforma pensional, las tarifas justas en el cobro de los servicios públicos esenciales, la energía solar y el empleo digno para todos. Todo eso no cayó del cielo; lo construimos entre todos; y si no salimos a votarlo, todo está perdido.
¿Por qué Iván Cepeda?
Porque es ponderado y decente, tiene trayectoria publica, su filosofía y testimonio de vida es actuar en la defensa de los derechos humanos, respeta a sus adversarios, no grita, no se arrodilla; defiende y reclama la ética y la moral pública, como norma de comportamiento en la sociedad. Porque su apellido es memoria: su padre lo mataron por defender los derechos humanos y a pesar del trauma y dolor no cayó en el odio ni la venganza y siguió creyendo que podemos vivir en paz, por difícil que sea lograrlo. Cepeda No promete milagros; Promete método: seguir blindando el cambio, las reformas sociales, proteger la paz con planificación, verificación y método.
Cucha, póngase trucha y no dejemos que nos quiten lo que tanto nos costó ganar. Madruga y Vota por Cepeda; el cambio no se devuelve; se lo dice un amigo, no un político. Se lo dice un amigo que ha visto cómo este país cambia cuando el ciudadano se mete, y cómo retrocede, cuando el ciudadano se queda callado viendo el partido por TV, en la casa o tomaderos. Mire: el domingo 21 de junio no es una elección más; es el día que decidimos si seguimos subiendo la loma o si nos dejamos rodar hasta el mismo hueco de antes.
Votar por Alebardo, es muy grave para Colombia; su plan de gobierno, es prometer “destripar” a la plaga Petrista y a quien no esté con su candidatura. La palabra destripar, no es de democracia, esa palabra es de patio trasero, de ajuste de cuentas, de ley del más fuerte.
Qué significa eso para nosotros, la gente de a pie, esa candidatura y sus expresiones?
1. Grave para la democracia: En democracia uno puede pensar distinto y sin miedo. Uno puede pararse en una esquina y decir “no estoy de acuerdo” sin que lo amenacen. Si el que manda llega destripando al que opina diferente, entonces las elecciones y la democracia se vuelven un saludo a la bandera. ¿Para qué votar, si después le cobran la opinión?
2. Grave para las instituciones: La Fiscalía, la Procuraduría, las Cortes, órganos de control, no son del presidente, son de todos los colombianos. Son el freno para que nadie se pase de vivo. Alebardo anunció que su forma de gobernar es personal, que él decide quién sobra y quién no. Cuando un presidente cree que la ley es él, las instituciones se vuelven de papel; y sin instituciones, gana el más verraco, no el más justo.
3. Grave para los derechos humanos: En Colombia sabemos lo que duele, cuando el poder se cree con derecho a quitar vidas. A muchos han matado por defender derechos humanos y denunciar a los corruptos. El otro candidato habla de mano dura, como si fuera fácil apretar un gatillo; habla de “limpiar” el país. Limpiar, en su boca, suena a desaparecer al que estorbe. Mañana estorba el sindicalista, pasado mañana el profe, al otro día, el vecino que le hizo un reclamo en Facebook. Cucha, eso no es gobernar. Eso es cobrar venganza desde el Palacio.
La Petrofobia nos tiene jodidos. Algunos periodistas miopes, han llegado al extremo de sostener para confundir; que Cepeda está perdiendo por culpa de Petro, como todo se ha dicho. No sean ciegos; el soporte electoral de Iván Cepeda, es Gustavo Petro; y si no lo quieren oír, vean el respaldo del pueblo.
Nota de Cierre: Ha fallecido el maestro Ovidio Granados, “el cirujano del acordeón”. Mi saludo afectuoso a esa dinastía vallenata, de Reyes vallenatos; con quienes me une una grata amistad. Mi abrazo afectuoso para mi amigo, el Rey Almes Granados.