Cuando los habitantes invisibles incomodan a Pitalito
La débil implementación de políticas públicas y la percepción de inacción contribuyen a agravar la situación. Como fue de interes nacional y como lo registro Caracol Radio y multiples medios nacionales, el caso ocurrido en la ciudad de Medellín el pasado 6 de enero del presente año, donde un ciudadano, identificado como Sergio Zabala, fue agredido violentamente en la cabeza por un habitante de calle luego de negarse a darle dinero mientras esperaba transporte público.
La presencia de los habitantes en situación de calle siempre ha suscitado la indiferencia y olvido de quienes recorremos la ciudad, volviéndolos invisibles. En Colombia esta realidad ha dejado de ser una situación aislada para convertirse en una problemática social cada vez más evidente. Según el Ministerio de Salud y Protección Social, en el Boletín técnico publicado en la pagina de MINSALUD en el año 2024, más de 33.000 personas en situación de calle han sido registradas en sistemas de salud, una cifra que refleja una densidad poblacional significativa a nivel nacional y que se asocia a fenómenos como la migración de supervivencia. Con este panorama, el municipio de Pitalito no es ajeno a esta situación. La presencia de habitantes en situación de calle ha dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en una problemática notoria, especialmente cuando impacta la tranquilidad y seguridad de sus habitantes. El crecimiento de denuncias y quejas no responde únicamente a dinámicas locales, sino también a transformaciones sociales y culturales más amplias. Por ello, surge una inquietud, ¿es una problemática de bienestar y salud pública generada por la ausencia del Estado o es la mirada invisible de la sociedad que hasta ahora se preocupa por humanos sin voz ni nombre? La respuesta empieza a tomar forma cuando se observa lo que ocurre más cerca. En nuestro departamento, esta situación también se hace evidente. algunos medios locales han registrado la situacion, como el Diario del Huila, en su publicacion titulada “Alarma por el aumento de personas en condición de calle en Neiva” del 10 de diciembre del 2025, reportado que Neiva concentra entre 550 y 900 habitantes de calle, con dinámicas de movilidad hacia municipios como Pitalito y hacia el sur del país, fenomeno denominado Migracion de supervivencia, con el fin de sobrevivir ante condiciones extremas como pobreza, violencia o crisis humanitarias. En ese mismo medio, pero en otro artículo del Diario del Huila titulado “Alerta por llegada de habitantes de calle a Pitalito” del 20 de agosto del 2024, se hace mención directa a Pitalito como un espacio que ha experimentado un crecimiento acelerado de esta población, según el propio alcalde Yider Luna, señaló en dicha publicación que “dentro de las estrategias buscamos atender a nuestros habitantes de calle para que ingresen a procesos de rehabilitación, y esperamos reubicar a quienes han llegado a la ciudad, ya que no contamos con la capacidad institucional y económica para atenderlos a todos”. Asimismo, advirtió que “teníamos caracterizados 160 habitantes de calle, hoy por hoy creería que estamos sobrepasando los 500; nos han llegado por todas las entradas, de distintos municipios y departamentos”. Esta cifra, aunque parece elevada para el municipio, resulta cada vez más visible en la cotidianidad de sus calles. Ante este panorama de crecimiento sostenido, se ha motivado la implementación de medidas institucionales como el Acuerdo 005 de 2026 de la Alcaldía de Pitalito, enfocado en garantizar atención básica, acompañamiento psicosocial y procesos de reubicación. Sin embargo, estos avances normativos contrastan con la percepción ciudadana, que evidencia conflictos entre la formulación de políticas y su implementación real en el territorio. Tristemente, ante estos avances, algunos habitantes manifiestan preocupación por la seguridad en el espacio público. Como lo señala Carlos Rojas, quien señala a este medio que los habitantes de calle son “un peligro… uno no puede andar tranquilo, es incómodo y genera miedo por cómo pueden reaccionar”. Este tipo de testimonios refleja una sensación generalizada de incertidumbre que crece con el paso de los días. Por otra parte, en el sector comercial también manifiesta afectaciones directas. Angie Perdomo, emprendedora de un restaurante en el centro de Pitalito, afirma que “la presencia de habitantes de calle influye en la decisión de los clientes, uno intenta ayudar, pero a veces se generan incomodidades o conflictos cuando no se puede”. Como lo señala Angie, no es un caso aislado, ya no se trata solo de solidaridad, sino de una tensión constante entre ayudar y evitar afectaciones, lo que impacta la dinámica económica del municipio. De igual manera, los jóvenes experimentan esta realidad desde el temor cotidiano. Valentina Bravo, estudiante del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), describe situaciones de inseguridad en zonas de tránsito frecuente, señalando que “uno no sabe cómo pueden reaccionar… a veces me siento perseguida, miradas extrañas y acciones indecentes, sucede en cualquier lugar, incluso en lugares cercanos a la Policía”. Este testimonio evidencia también una percepción de insuficiente presencia institucional. Es por ello que lo anterior, es solo un fragmento de un gran rompecabezas de testimonios. Resulta evidente que la indigencia en Pitalito no puede abordarse desde una única dimensión, hoy se convierte en problemática porque los invisibles ya no lo son tanto. Es necesario reconocer que muchas de estas personas enfrentan consumo de sustancias psicoactivas, problemas de salud mental y exclusión social; de hecho, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), en el boletín de resultados del Censo de Habitantes de Calle (CHC) 2021, señala que el consumo de sustancias es la principal causa de vida en calle, representando entre el 33% y el 40% de los casos. Además, una vez en esta condición, el panorama se agrava: más del 80% de los habitantes de calle reportan consumo habitual de alguna sustancia, lo que, sumado a la presencia de trastornos mentales asociados y conocida como patología dual, complejizando la situación y exige intervenciones integrales centradas en la rehabilitación y la inclusión social. En este contexto, tambeoin esta la otra cara, la de los ciudadanos que expresan gran preocupación que expresan los ciudadanos, resulta imperante que el gobierno intervenga para evitar que la ciudadanía termine asumiendo soluciones que no le corresponden. La institucionalidad es fundamental para establecer medidas, estrategias y direccionamientos frente a una problemática que siempre ha estado, pero que ahora se percibe con mayor intensidad. La débil implementación de políticas públicas y la percepción de inacción contribuyen a agravar la situación. Como fue de interes nacional y como lo registro Caracol Radio y multiples medios nacionales, el caso ocurrido en la ciudad de Medellín el pasado 6 de enero del presente año, donde un ciudadano, identificado como Sergio Zabala, fue agredido violentamente en la cabeza por un habitante de calle luego de negarse a darle dinero mientras esperaba transporte público. El hecho, que fue reportado por medios nacionales, generó indignación y reabrió el debate sobre la seguridad en el espacio público, la atención a esta población y la necesidad de una intervención oportuna por parte del Estado. Lejos de ser un caso aislado, este tipo de situaciones evidencian cómo la falta de control y acompañamiento institucional puede escalar en hechos de violencia que afectan tanto a los ciudadanos como a los propios habitantes de calle. Por ello, no se debe esperar a que ocurran hechos similares en nuestro territorio cuando ya tenemos señales de un crisis en cresimento. En consecuencia, los habitantes de calle en Pitalito representan un desafío complejo que pone sobre la mesa las tensiones entre lo social y lo institucional. Abordar esta problemática exige una respuesta integral que combine políticas de salud pública con estrategias de control, acompañamiento y gestión del espacio público, evitando tanto la estigmatización como la indiferencia. y ahora …¿Quien actuara para recuperar el control sobre esta problematica que crece día a día?