CUANDO EL MIEDO GANA: POLÍTICA Y ELECCIONES EN EL HUILA

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CUANDO EL MIEDO GANA: POLÍTICA Y ELECCIONES EN EL HUILA
El miedo siempre ha sido un actor poderoso en la política. Desde los discursos que alertan sobre enemigos invisibles hasta las campañas que nos advierten que el país caerá en el caos si gana el otro candidato, el miedo tiene la capacidad de unir, dividir y, sobre todo, manipular. Pero ¿entendemos cómo opera esta herramienta en nuestro departamento del Huila? ¿Sabemos cómo nos puede afectar en las próximas elecciones presidenciales?

Desde la consultoría política, el miedo se reconoce como una de las emociones más eficaces para movilizar votantes. La razón es biológica y psicológica: el miedo activa instintos de supervivencia, reduce la capacidad de análisis racional y lleva a decisiones rápidas y emocionales. En campañas electorales, esto se traduce en votos basados en evitar una amenaza percibida, más que en elegir una propuesta de futuro.

En el mundo, el miedo ha sido el combustible de muchas victorias electorales. En Estados Unidos, Donald Trump logró movilizar millones con el temor a los migrantes. En Brasil, Jair Bolsonaro usó el miedo al comunismo y a la inseguridad para consolidarse. En Colombia, no hemos sido ajenos. Las campañas de miedo al castrochavismo, a la guerrilla o a perder los subsidios se convirtieron en discursos comunes.

El Huila conoce el miedo de cerca. Somos un pueblo que ha sufrido el conflicto armado, el desplazamiento forzado, las amenazas y el abandono estatal. Nuestros campesinos vivieron el miedo a salir a sus fincas; nuestras familias lloraron a sus muertos por la violencia. Y aunque la paz ha traído alivio a muchas zonas, las heridas siguen abiertas y el miedo no se ha ido del todo.

En las elecciones presidenciales que se avecinan, es probable que el miedo vuelva a ser protagonista. Escucharemos frases como “nos van a quitar los subsidios”, “va a volver la guerra”, “ese candidato traerá el caos”, “nos van a expropiar” o “economía destruida”. Redes sociales y noticieros amplificarán estos mensajes, a veces con verdades a medias y otras con mentiras completas. La incertidumbre se convertirá en angustia, y esa angustia será aprovechada por quienes buscan votos.

Desde la consultoría política, se entiende que la gente vota por miedo porque este simplifica la realidad compleja. Frente a problemas como el desempleo, la corrupción o la violencia, el miedo ofrece una respuesta directa: protegerse votando por quien dice que evitará el peor escenario. Es un atajo emocional que reduce la incertidumbre. La gente no vota por los mejores programas, sino por quien logra tocar sus emociones más profundas. Y nada lo hace mejor que el miedo.

Además, el miedo se ancla en experiencias pasadas. En el Huila, donde muchos han sido testigos de tomas guerrilleras, atentados y extorsión, las narrativas de violencia tienen un eco potente. Los consultores políticos saben que mencionar el retorno de la guerra activa recuerdos dolorosos y hace que la razón quede en segundo plano. La amenaza de perder un subsidio también se siente real en una región con altos índices de pobreza.

El miedo también fragmenta a la sociedad. Divide a los vecinos, a las familias. Genera desconfianza hacia el que piensa distinto. Cuando el miedo domina, se pierden las conversaciones serenas. Todo se convierte en blanco y negro: estás conmigo o contra mí. Este ambiente es ideal para las campañas que buscan polarizar.

El miedo paraliza. Nos lleva a votar sin pensar, a elegir no por convicción, sino por temor a lo que pueda pasar. En el Huila, eso se traduce en repetir patrones de poder que nos mantienen en el atraso. Votamos por el que promete que “no nos va a dejar solos”, pero terminamos solos y olvidados igual. Votamos por el que dice que “defenderá el campo”, pero nuestros caficultores y campesinos siguen sufriendo. El miedo nos hace prisioneros de lo mismo.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Lo primero es educarnos. Entender que el miedo es una estrategia política nos permite tomar distancia y preguntar: ¿Quién gana si yo tengo miedo? Lo segundo, verificar la información. No compartir cadenas de WhatsApp sin saber si son ciertas. Consultar diferentes fuentes. Lo tercero, conversar. Hablar con nuestra familia, amigos y vecinos. Cambiar el miedo por la reflexión colectiva. Preguntarnos: ¿Qué queremos para el Huila en los próximos años? ¿Cómo queremos que vivan nuestros hijos?

El poder del voto es nuestro, pero ese poder se pierde si votamos asustados. El Huila ha demostrado que es capaz de resistir la violencia, de sobreponerse al dolor y de salir adelante. Esa misma valentía debemos aplicarla en la política. Que el miedo no nos robe la esperanza. Que el miedo no decida por nosotros.

Votar con miedo es seguir presos. Votar con conciencia es abrir camino.

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