Crónica de un viaje y un triunfo anunciado (Primera Parte)
El propósito de esta crónica, es comentarles anécdotas chéveres de un viaje y caravana entusiasta del ejercito Petro – Cepedista, que se desplazó hacia el Valle de Laboyos, en una marcha llena de alegría y fe, comparable al viaje que emprendieron los seguidores de Jesucristo, a la tierra prometida; pues con la belleza, la expresión cultural, la exuberancia natural, el buen clima y la abundancia gastronómica que hay en Pitalito, hasta el pobre se siente millonario. No diré nombres, para evitar el matoneo y el chisme parroquial. Que viva Pitalito!
Brillaba el horizonte del macizo colombiano, donde el agua nace a borbollones y se esparce la vida para toda Colombia. Lugareños y visitantes, presagiaban que algo histórico iba a suceder. Desde todos los rincones del Huila, el entusiasmo y la emoción por la visita política, solo era comparable a la primera cita, con la mujer amada. Se cocinaban toda clase de especulaciones, preguntas iban y razones venían, sobre la anhelada visita y manifestación de Cepeda, en el parque principal José Hilario López, de esa hermosa ciudad y Centro cultural del Huila.
¿Ustedes van, con quien me voy, en donde entregan los pasajes, donde nos vemos, a qué horas salimos, donde me recoge, cuando se va usted, lleva su carro, en donde se va a hospedar?, eran las preguntas que circulaban en todos los mentideros, donde se mueve, escucha y siente, la pasión del Petrismo popular que elegirá en primera vuelta, a Iván Cepeda, presidente de todos los
Colombianos.
Recibí la invitación obligada de dos campesinos muy queridos de nuestra región, que aunque muy escasos de crema dental, listerine, desodorante, gel, loción, ropa y zapatos finos; por las venas de su cuerpo agrietado por el sol del campo, les sobra y corre el Petrismo más puro, auténtico, leal y fiel, que opita alguno pueda tener. Me refiero a Crispulo y Belarmina.
Un respetado jurista y ex guardador de la fe pública, viajo con entusiasmo pleno al Valle de Laboyos, cargado con 20 libros de su autoría e interesantes aportes ideológicos y programáticos para entregárselos en sus mismísimas manos, al próximo presidente de los colombianos; no sé si logro su cometido. También viajaron legendarios dirigentes Gaitanistas del liberalismo huilense, para entregarle su proclama y adhesión a Iván Cepeda; para ellos, entre Petro, Cepeda y Gaitán, no cabe ni una hoja de papel. Lástima que la mayoría de Gaitanistas pura sangre del Huila, ya están bajo tierra desde hace décadas y solo nos quedan las historias de aquellos tiempos, recordadas por los que aún viven y tienen la fuerza y voz para vitorear al partido liberal y a Jorge Eliecer Gaitán. ¡Viva el partido liberal!, viva Gaitán, gritaban con voz fuerte y pedregosa, el pasado 9 de abril, fecha en que ocurrió el magnicidio de este faro guía, que tanto lamentamos. Dijo un parroquiano: Hay que traer con pinzas y guantes de seda, a esos valiosos dirigentes Gaitanistas, que toda vía entonan el himno del partido liberal y cantan la “Sangre de Gaitán”; para que se incorporen a la campaña Petrista que llevará sin tocar el aro, a Iván Cepeda a la casa de Nariño, el próximo 31 de mayo.
Un combo de cinco prestigiosos dirigentes, miembros de un tanque de expresión liberal, un poco entrados en años, se entusiasmaron con viajar a Pitalito a manifestarle a Iván Cepeda, que al igual que los Gaitanistas, lo iban a respaldar abiertamente y sin temor a equivocarse. Resulta que esos patriarcas liberales ampliamente reconocidos en nuestro departamento y de respetabilidad manifiesta, estaban gestionando los servicios de una busetica, que tuviera todos los juguetes (aire acondicionado, equipo de sonido digital, llantas, amortiguadores y cojinería nueva, incluido un buen botiquín); pero no advirtieron que los estaba escuchando un personaje, de esos bien metiches que pululan en los mentideros políticos; quien al verlos tan entusiasmados cotizando los servicios de la busetica estrato 6, los increpó agrestemente y les dijo: “Ustedes no se pongan a joder buscando buseta para el viaje a Pitalito; mejor contraten una ambulancia medicalizada para que vayan más seguros y protegidos” …. Los airados dirigentes heridos en lo más profundo de su salud y orgullo, le ripostaron en el acto al imprudente personaje, y lo mandaron para los confines del infierno, por el trato vetusto de sus palabras; sin embargo en forma silenciosa y noble, todos le reconocieron haberlos hecho caer en cuenta que a su edad, un viaje relámpago de 12 horas en carro y en un solo día, efectivamente era inconveniente para ellos, y unánimemente le dijeron “chao pescao” al malogrado viaje.
De mi parte decidí programar mi viaje desde el viernes por la tarde, para llegar con tiempo a Pitalito que tanto quiero y me transforma, para asistir a la gran manifestación que recibiría a Cepeda al día siguiente. Con la decisión de viajar el viernes, comenzó mi dicha y desdicha de ese viaje de activismo político, lleno de alegría, entusiasmo y anécdotas a tutiplén, que seguidamente me permito relatar de manera veraz y jocosa.
Resulta que el pasado viernes, era día sin carro en Neiva, de 7:00 am a 7:00 pm, y me tocó programar mi salida desde las 5 de la mañana. Se me pegaron tres reconocidos profesionales Petristas de diferentes disciplinas, muy queridos ellos. No sé si Dios me protegió con esa compañía o el diablo me los envió, para que me hicieran sufrir en tan agradable viaje. Los recogí a las 5 de la mañana, y se subieron a mi camioneta sin una gota de tinto en el estómago; a escasos segundos de estar montados en el carro, comenzaron a bostezar como los hipopótamos de Puerto Triunfo; dije mierda, me toco irme de desayuno con estos compañeros de viaje. Me sugirieron tanquear la camioneta en la bomba de Primax, ubicada a la salida a Bogotá, porque dizque en esa estación, la gasolina y la medida era muy buena. Fuimos atendidos por un joven islero, muy amable, que nos repartió tinto a todos, y disparó la pistola que registra el consumo. Cuando ese artefacto, velozmente registraba doscientos cincuenta mil pesos de gasolina, comencé a palidecer de pensar lo que me esperaba con esa carga de carne y grasa pesada, que llevaba en el interior de mi carro; cuando de pronto escuché un leve sonido de “trac” y se frenó la pistola, registrando Doscientos noventa y seis mil pesos del valor de la tanqueada. Tomé mi billetera con toda la parsimonia posible, esperando la respuesta de los acompañantes, cuando salta el arquitecto de pequeña estatura y vanidad gigante, y exclama:
Brillaba el horizonte del macizo colombiano, donde el agua nace a borbollones y se esparce la vida para toda Colombia. Lugareños y visitantes, presagiaban que algo histórico iba a suceder. Desde todos los rincones del Huila, el entusiasmo y la emoción por la visita política, solo era comparable a la primera cita, con la mujer amada. Se cocinaban toda clase de especulaciones, preguntas iban y razones venían, sobre la anhelada visita y manifestación de Cepeda, en el parque principal José Hilario López, de esa hermosa ciudad y Centro cultural del Huila.
¿Ustedes van, con quien me voy, en donde entregan los pasajes, donde nos vemos, a qué horas salimos, donde me recoge, cuando se va usted, lleva su carro, en donde se va a hospedar?, eran las preguntas que circulaban en todos los mentideros, donde se mueve, escucha y siente, la pasión del Petrismo popular que elegirá en primera vuelta, a Iván Cepeda, presidente de todos los
Colombianos.
Recibí la invitación obligada de dos campesinos muy queridos de nuestra región, que aunque muy escasos de crema dental, listerine, desodorante, gel, loción, ropa y zapatos finos; por las venas de su cuerpo agrietado por el sol del campo, les sobra y corre el Petrismo más puro, auténtico, leal y fiel, que opita alguno pueda tener. Me refiero a Crispulo y Belarmina.
Un respetado jurista y ex guardador de la fe pública, viajo con entusiasmo pleno al Valle de Laboyos, cargado con 20 libros de su autoría e interesantes aportes ideológicos y programáticos para entregárselos en sus mismísimas manos, al próximo presidente de los colombianos; no sé si logro su cometido. También viajaron legendarios dirigentes Gaitanistas del liberalismo huilense, para entregarle su proclama y adhesión a Iván Cepeda; para ellos, entre Petro, Cepeda y Gaitán, no cabe ni una hoja de papel. Lástima que la mayoría de Gaitanistas pura sangre del Huila, ya están bajo tierra desde hace décadas y solo nos quedan las historias de aquellos tiempos, recordadas por los que aún viven y tienen la fuerza y voz para vitorear al partido liberal y a Jorge Eliecer Gaitán. ¡Viva el partido liberal!, viva Gaitán, gritaban con voz fuerte y pedregosa, el pasado 9 de abril, fecha en que ocurrió el magnicidio de este faro guía, que tanto lamentamos. Dijo un parroquiano: Hay que traer con pinzas y guantes de seda, a esos valiosos dirigentes Gaitanistas, que toda vía entonan el himno del partido liberal y cantan la “Sangre de Gaitán”; para que se incorporen a la campaña Petrista que llevará sin tocar el aro, a Iván Cepeda a la casa de Nariño, el próximo 31 de mayo.
Un combo de cinco prestigiosos dirigentes, miembros de un tanque de expresión liberal, un poco entrados en años, se entusiasmaron con viajar a Pitalito a manifestarle a Iván Cepeda, que al igual que los Gaitanistas, lo iban a respaldar abiertamente y sin temor a equivocarse. Resulta que esos patriarcas liberales ampliamente reconocidos en nuestro departamento y de respetabilidad manifiesta, estaban gestionando los servicios de una busetica, que tuviera todos los juguetes (aire acondicionado, equipo de sonido digital, llantas, amortiguadores y cojinería nueva, incluido un buen botiquín); pero no advirtieron que los estaba escuchando un personaje, de esos bien metiches que pululan en los mentideros políticos; quien al verlos tan entusiasmados cotizando los servicios de la busetica estrato 6, los increpó agrestemente y les dijo: “Ustedes no se pongan a joder buscando buseta para el viaje a Pitalito; mejor contraten una ambulancia medicalizada para que vayan más seguros y protegidos” …. Los airados dirigentes heridos en lo más profundo de su salud y orgullo, le ripostaron en el acto al imprudente personaje, y lo mandaron para los confines del infierno, por el trato vetusto de sus palabras; sin embargo en forma silenciosa y noble, todos le reconocieron haberlos hecho caer en cuenta que a su edad, un viaje relámpago de 12 horas en carro y en un solo día, efectivamente era inconveniente para ellos, y unánimemente le dijeron “chao pescao” al malogrado viaje.
De mi parte decidí programar mi viaje desde el viernes por la tarde, para llegar con tiempo a Pitalito que tanto quiero y me transforma, para asistir a la gran manifestación que recibiría a Cepeda al día siguiente. Con la decisión de viajar el viernes, comenzó mi dicha y desdicha de ese viaje de activismo político, lleno de alegría, entusiasmo y anécdotas a tutiplén, que seguidamente me permito relatar de manera veraz y jocosa.
Resulta que el pasado viernes, era día sin carro en Neiva, de 7:00 am a 7:00 pm, y me tocó programar mi salida desde las 5 de la mañana. Se me pegaron tres reconocidos profesionales Petristas de diferentes disciplinas, muy queridos ellos. No sé si Dios me protegió con esa compañía o el diablo me los envió, para que me hicieran sufrir en tan agradable viaje. Los recogí a las 5 de la mañana, y se subieron a mi camioneta sin una gota de tinto en el estómago; a escasos segundos de estar montados en el carro, comenzaron a bostezar como los hipopótamos de Puerto Triunfo; dije mierda, me toco irme de desayuno con estos compañeros de viaje. Me sugirieron tanquear la camioneta en la bomba de Primax, ubicada a la salida a Bogotá, porque dizque en esa estación, la gasolina y la medida era muy buena. Fuimos atendidos por un joven islero, muy amable, que nos repartió tinto a todos, y disparó la pistola que registra el consumo. Cuando ese artefacto, velozmente registraba doscientos cincuenta mil pesos de gasolina, comencé a palidecer de pensar lo que me esperaba con esa carga de carne y grasa pesada, que llevaba en el interior de mi carro; cuando de pronto escuché un leve sonido de “trac” y se frenó la pistola, registrando Doscientos noventa y seis mil pesos del valor de la tanqueada. Tomé mi billetera con toda la parsimonia posible, esperando la respuesta de los acompañantes, cuando salta el arquitecto de pequeña estatura y vanidad gigante, y exclama: