Corte por lo sano
<p>Luego del silencio impuesto por el efecto de la pandemia en la ciudad ha vuelto el ruido ensordecedor de vehículos, aparatos, herramientas múltiples, instalaciones de recreación, cantinas, bares, clubes, motos y hasta animales domésticos en encierro. ,</p>
El código policial de convivencia ciudadana fue en últimas trasquilado, y su vigencia, al menos en Neiva, es un asunto de segunda, de complicidad manifiesta, pero también algo de la moda perversa del bullicio que se surte con la tecnología, en buena parte del casco urbano. Hasta los indigentes tienen hoy un escándalo incorporado en sus desplazamientos, al igual que los informales conocidos ahora como populares en los términos productivos y de emprendimiento social del gobierno Petro para no discriminarlos, por tratarse de la mayoría de los agentes económicos en el país.
No podría ser otra comunidad organizada, sino la legendaria del barrio Las Granjas, la que le pusiera el cascabel al gato en sus dominios de la carrera sexta, en los límites norte y sur, entre avenida 26 y calle 49, a lo largo de esa vía interior principal que se pobló de campos de fútbol privados perturbadores en las noches y madrugadas sin importar el día, ordinario o festivo, para adelantar sus tareas y prestar servicios a un grueso considerable de público noctámbulo, compuesto en su mayoría por jóvenes y niños, díscolos en su esencia, muchos de ellos consumidores de sicoactivos de uso libre en estos lugares.
Por común acuerdo entre sus vecinos y ante la falta de respuesta a sus quejas frente al desvelo permanente, al insomnio provocado por esas colectividades de fanáticos en aumento, lograron automatizar el control para que la energía eléctrica se suspenda a las 10 de la noche en el sector más afectado, religiosamente. La moda trasnochadora hizo carrera en Neiva en medio de actos de aparente libertinaje y condescendencia mientras transitamos por un mundo permisivo que a veces pareciera llegar a su límite y a su final.
En la práctica, para este caso, toda la comuna en referencia se veía afectada por la sobreexposición a decibeles nocivos para el oído humano, según los estudios de contaminación auditiva de la CAM del año 2013 y demás legajos ambientales consultados. Esta acción debe tomarse como experiencia piloto para Neiva, a instancias de Germán Casagua, alcalde electo, quien tiene su propia forma de perturbar a domicilio en la comuna dos, con un sitio de su propiedad que se conoce como Tercer Tiempo, en la calle 55 con carrera séptima ?avenida 26-, que concentra a los individuos practicantes de estas formas de diversión en un volumen significativo.
Varios años cumple ese establecimiento en su oficio ?recreativo?, al interior de una amplia infraestructura, con una inversión mayúscula en sus locaciones. En ese vecindario, por igual, se registra bulla insoportable a cargo de conjuntos vallenatos, que alternan con los propios del club deportivo privado, en múltiples ocasiones. La explosión de sonidos ensordecedores en este caso último es ?la caca que no tapó el gato?, como lo refiere una vecina que fue desplazada por la violencia ambiental del lugar.
Su protesta permanente fue acallada con serias amenazas por parte de sujetos armados en estado de embriaguez, durante los primeros días de funcionamiento, en desarrollo de la apertura al público. La afluencia se cuenta por miles de fanáticos y clientes históricos, incluso acoge a sectores de poder local y personalidades reconocidas en la región. Como es de suponer, la música chatarra, ?campechana y pecueca?, de baja frecuencia, no puede faltar?