Colombia se enfrenta a la fuerza implacable del fenómeno del niño hasta los primeros meses del 2027
Colombia enfrenta uno de los fenómenos climáticos más intensos en más de 70 años: el Niño, que amenaza con incendios forestales, desabastecimiento hídrico y graves impactos en la economía y la salud de la población.
El denominado fenómeno del Niño, según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), es el término que se usa para describir la situación climática por “la aparición de aguas superficiales relativamente más cálidas de lo normal en el Pacífico Tropical central y oriental”. Lo que ocasiona que el calentamiento de la superficie oceánica incida sobre grandes áreas terrestres y, por su tamaño, termine afectando de manera directa el clima de diversas partes de la tierra. Entre ellas se encuentra el norte de Suramérica, parte dónde se está situado el país colombiano.
El Niño representa graves implicaciones para el país en el sector medio ambiental e, incluso, un riesgo para la economía y salud de las personas, pues el IDEAM estima que este cambio ocasiona una alteración de la circulación de la atmósfera y cambia de manera severa el comportamiento climático en el país.
La Organización Metereológica Mundial (OMM) estima, con total certeza —es decir, el 100% de la probabilidad—, que este fenómeno persistirá hasta febrero del año 2027, considerando que podría ser el más intenso en más de 70 años. Se advierte que el último trimestre del año será uno de los más afectados por el Niño, trayendo consigo fuertes impactos para los sectores ambiental, económico, agricultor, salud y energético.
Entre las posibles consecuencias a las que se enfrenta Colombia está la notoria disminución de lluvias en los territorios y, con ello, un aumento evidente de la temperatura. Lo que produce un alto riesgo de incendios forestales debido a las condiciones de terrenos secos y temperaturas altas. En suma, el agua disminuye y ocurre un desabastecimiento y reducción en las fuentes hídricas, como consecuencia, afectando al sector hidroeléctrico. Además, contribuye al aceleramiento del derretimiento de los glaciares, lo que es verdaderamente preocupante, considerando que en el país se derriten un 35% más rápido que el promedio mundial, según la OMM.
Este fenómeno ambiental no solo afecta los ecosistemas, sino también la calidad de vida de los colombianos, puesto que ello impactaría de manera crítica la agricultura y la producción alimentaria.
Ante lo que implica el fenómeno del niño en zonas rurales, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), ha elaborado y compartido algunas recomendaciones con el fin de monitorear las condiciones de los cultivos en cada región. Para la región Andina, se establece que al ser un sector estratégico para la economía rural y seguridad alimentaria del país, se incrementen los recorridos de monitoreo en cultivos como el maíz, papa, fríjol, café, cacao y aguacate, prestando una especial atención a los cambios inusuales o señales de estrés hídrico de las plantaciones.
La UNGRD también recomienda a hogares, organizaciones, instituciones y comunidad en general el ahorro de agua y energía, puesto que incluso pequeñas acciones de cuidado ambiental pueden ser de gran ayuda para reducir el impacto del fenómeno del Niño y hace un llamado a las familias a hacer uso responsable del agua, tener prácticas de cuidado y ahorro de la energía y, en zonas rurales y boscosas, evitar la propagación de incendios provocados por fogatas, quemas, colillas, vidrios y basuras en zonas verdes.