Chifladuras Poscovid
Sin hacer uso de ningún tipo de arma dos ladrones irrumpieron en un reconocido banco en Ibagué y se alzaron con una importante suma de dinero
Al menos un año después, tras el empleo oficial de las vacunas, muchos continúan enfermos de la cabeza a los pies, con múltiples síntomas y dolencias, a veces entre vacuna y vacuna suministradas por el sistema, lo que parece constituir un misterio para la ciencia. Algunos pertenecen a los primeros casos reportados en el país y, por lo tanto, en esas condiciones patológicas dieron declaraciones públicas sobre su estado actual cercano a la invalidez, a la dejación total de sus trabajos y labores cotidianas, en virtud de la imposibilidad gradual de sus movimientos, en sus momentos de recuperación publicitada, las salidas victoriosas de clínicas y hospitales incluyeron calles de honor y aturdidores aplausos del personal de salud vestido impecablemente de verde, con lo más parecido a unas escafandras vistosas, en su mayoría. La demencia, la pérdida de la memoria, los dolores pungentes, la fiebre, entre otras, han repetido, para su desventura en tiempo y espacio, de forma alterna, en secuencia, y han quedado sin solución médica aparente. Se sienten condenados para siempre por un destino apocalíptico, por un hado extraño, por un signo de los tiempos llegados, que comienzan a mostrarse en el sendero, al menos dos años después del surgir mundial del brote, y un año luego de la puesta en marcha de la vacunación masiva, tras las primeras inoculaciones del biológico que alcanzaron notoriedad sin límites. En esta primera anualidad conmemorada en Colombia frente a los tiempos de la inoculación, durante la última semana calendario, fue entrevistada por RTVC Noticias, en los sistemas públicos de difusión, la primera mujer vacunada en el país, al parecer una enfermera costeña, quien señaló que en las mañanas no logra levantarse de su cama y que le duele hasta el pelo hellip,También, un ciudadano ,otro histórico en el proceso sanitario- de algo más de 30 años de edad aseguró que pierde por momentos la conciencia, y al mismo tiempo olvida su identidad personal y que lo que porta en sus manos es un teléfono celular, además de ignorar para qué sirve ese aparato. Sus lagunas son constantes, igual que sus visitas al médico, algo que no era usual en su vida anterior al virus ,que le ha dado tres veces, pese a contar con un esquema completo-. Afirma que las consultas al sistema de salud son tan permanentes ahora, que pareciera haber trasladado su casa a los consultorios, en definitiva. Se cree, en últimas, que la atención de la salud mental, entre otras urgencias visibles del territorio, por presentar algunas de las secuelas más graves del COVID 19, amerita un gasto incalculable, nada comparado al presupuesto invertido hasta el momento por el sistema, y que el gobierno prefiere bajarle el perfil a su amenaza manifiesta. Los servicios de los hospitales neurosiquiátricos no existen en la geografía nacional, y la locura es vista aún como una contingencia doméstica de los colombianos, una eventualidad folclórica.