Barbillas, el acueducto de la Plata

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Barbillas, el acueducto de la Plata

<p>Los que tuvimos la fortuna de nacer cerca a ríos o quebradas nos gusta nadar y la pesca como recreación. En La Plata, desde la cordillera, descienden las aguas que conforman nuestro río.&nbsp,</p>

 

Por: Enrique Ramiréz

 

 

Tenía unos seis o siete años, vivíamos en la finca Combeima y recuerdo los primeros baños en un canal que conduce el agua del río al lote de sembrar arroz, allí se construyo una casa, y pasamos a vivir más cerca del río. En sus orillas y charcos aprendimos a flotar con el famoso "nadado de perro."  En el 61 del siglo pasado, viviendo en Paicol  practicamos un poco más en la quebrada de "La Venta", debajo del puente de la vía que conduce a La Plata.

 

 

Los hoy ?viejos? teníamos una relación espléndida y casi romántica con el agua, basta riqueza natural que tiene nuestro municipio. Íbamos de baño al río al charco  de "El Calicanto",  metros arriba del puente colgante de la "Isla de Capri", debajo del puente vehicular sobre el río, al "Charco del Ahogado", el remolino. En nuestros años,  uno de los sitios que más visitamos por la cercanía y agradable fue el famoso "vao"  o "Vado", que se ingresaba  por la calle tercera que era empedrada al llegar al río.

 

 

Recuerdo que el río se convirtió en sitio de eventos para realizar integraciones e incluso más de uno se enamoró a la orilla de este. Tampoco dejar de mencionar, que muchos estudiantes inventaban la forma de evadir clase, para ir a darse un chapuzón y disfrutar con "la gallada".

 

 

En estos días de verano, les he querido mostrar cómo disfrutamos nuestra niñez y adolescencia, la cultura del baño en el río es muy arraigada a nuestro vivir. Como es de esperarse, hoy a la juventud no le causa interés, ni emoción, por la inseguridad y sitios de consumo de sustancias psicoactivas.

 


De niños, los estudiantes compartíamos los jueves las tardes deportivas: en el campo de fútbol del San Antonio o básquetbol en el colegio Marillac o en la margen izquierda del río en "Sevilla", cerca de la desembocadura de la quebrada de Barbillas, recodo para el baño y un llano para jugar fútbol.
 

 

Un dato curioso. Solíamos ir de baño al charco de la piedra en la quebrada Barbillas con el colegio, unos 60 muchachos y en verano más de 20 amigos. El sitio de encuentro era la gruta de la inmaculada a la salida del 

pueblo, donde el señor Pablo Emilio Ramírez cultivaba uvas, manzanas y naranjas, pasábamos por Villa Isabel, la quebrada de Zapatero por un puente de guadua, los tanques de acueducto viejo en predios de Don Eliecer Ramírez. 
 

 

Barbillas era de abundante agua y belleza, hoy es un hilo que da lástima, produce tristeza y nostalgia, y su caudal ha disminuido en un 90%. Nuestro acueducto se surte de agua de esta quebrada, donde se extraen 97 litros de agua por segundo. Hace más de treinta años, las campañas políticas giran en torno a nuestro acueducto porque nos vamos a quedar sin agua para una población que crece aceleradamente.

 


Se plantean soluciones para mitigar el impacto ambiental y social de la escasez de agua, pero se hace necesario implementar medidas de conservación, reforestación y educación ambiental, así como buscar fuentes alternativas de agua para no sufrir la escasez en el futuro próximo.

 

 

 

 

 

 

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