Autocrítica al alcance de todos (Primera parte)

Ricardo Perdomo Pinzon

Autocrítica al alcance de todos (Primera parte)

A pesar de que en todos los territorios, se advirtió a las directivas de la campaña y al propio candidato Iván Cepeda,  que en las regiones, el tema de la seguridad rural y urbana, se había salido de medre; y que era necesario que el candidato, el gobierno  y el Pacto Histórico, asumieran una postura inequívoca de rechazo a  las organizaciones criminales que inundaron de inseguridad a gran parte de los territorios, que poco a poco se convirtió en el gran detonante que nos condujo a la derrota.

Elegimos a un farsante como presidente de la república; de eso no hay la menor duda; pero bendita es nuestra democracia, y en ella, hasta los farsantes tienen derecho a una segunda oportunidad en la tierra, para rectificar un pasado oscuro, corregir la conducta que se le reprocha y trazar el rumbo de su existencia, acorde a su nueva realidad. 


Ratificada la voluntad democrática de los colombianos por nuestra organización electoral, después de realizados los escrutinios por parte de los jueces de la república; nos corresponde como en efecto ya lo hicieron el presidente Gustavo Petro e Iván Cepeda, reconocer sin ambages y como auténticos demócratas, que Abelardo de la Espriella, es el presidente de todos los colombianos, y desear que en su gestión presidencial le vaya bien; porque sus aciertos y desaciertos, impactaran  para bien o para mal,  al pueblo que gobierna. El presidente electo, tiene perfectamente claro, que Colombia políticamente está partida en dos porciones iguales; circunstancia que obliga la búsqueda de acuerdos, para gobernar en paz, aún en medio de las diferencias. Eso de destripar a la izquierda, encarcelar y extraditar a Petro y su cuadrilla de bandidos, aniquilar a los colombianos que no votaron por el tigre y que no apoyen su gobierno, es cosa del pasado de una campaña que se realizó contrariando elementales normas de respeto y buenos modales contra el adversario y sus seguidores. Cepeda desarrolló una campaña respetuosa, decente, austera  y sin agravios de ninguna naturaleza, muy propia de su formación filosófica; no le metió dinamita emocional para cautivar indecisos que prefirieron la verborrea barata, a un discurso serio y leído para no cometer imprecisiones; llegando al extremo de haber perdido de vista que estaba compitiendo políticamente en Cundinamarca y no en Dinamarca. 


No buscar acuerdos y privilegiar la confrontación y eliminación de sus opositores, sería incendiar el país; y, si el presidente electo decide tomar ese camino, advertimos sin temor a equivocarnos, que antes que el fuego y la furia lleguen a la casa de Nariño, el tigre será el primero en puyar el burro y buscar refugio en otras latitudes, que garanticen su seguridad personal y la de su familia; pues no basta sino mirar la diminuta figura de Abelardo, para entender que ese pedacito de hombre, no aguanta un pastorejo de un empacador de supermercado o un oficinista que vea amenazado su salario y existencia vital. 
En la gestión de gobierno de todos los presidentes, la suerte del mandatario juega un papel importante, que impactan sus resultados, dependiendo de lo que se viva al momento de su elección y los hechos sobrevinientes que se den a nivel nacional e internacional. A escasas dos semanas de elegido, la suerte no acompaña al tigre; pues a nivel internacional, es muy diciente que miembros de la bancada del partido demócrata en Estados Unidos; país de quien cacarea ser su aliado  incondicional, esté amenazando con suspender ayudas a Colombia, hasta que no se aclare el pasado oscuro del tigre; preocupación que se acrecienta más, con el presagio de la estruendosa derrota de Trump, en las elecciones de noviembre de 2026, que lo colocará en serios problemas de gobernabilidad. Al Petróleo como tabla de salvación para enfrentar el déficit fiscal, todo parece indicar que es muy poco el tiempo que le queda a esta panacea y en la medida en que el precio internacional continúe desplomándose, no será viable su exploración ni explotación en Colombia, y que la transición energética defendida por Petro, es irreversible. La bancada progresista en el congreso de la república, es muy importante y no se les haga raro que se alcen con comisiones claves en senado y cámara; y si juegan muy bien las cartas a su interior, se pueda conquistar una de las dos presidencias. La reunión de Petro y Cepeda, que definió al primero como jefe de la oposición, hará  llorar lágrimas de sangre al tigre y su gobierno; pues en la pelea política, una cosa es Cepeda y otra cosa bien distinta, Gustavo Petro, quien les dará la misma medicina y bloqueo que le aplicaron a su gobierno.  El muy estrecho resultado obtenido por Abelardo, vislumbra el regreso del Petrismo al poder, en el próximo cuatrienio; pues el triunfo con menos del uno por ciento, pondrá a Abelardo, a parir borugos, con la primera gran manifestación de protesta que Petro le organice; pues está plenamente probado, que en la plaza pública y la movilización del pueblo, Petro es imbatible, muy a pesar de todos sus errores y desaciertos en la gestión de gobierno. 


Teniéndolo todo para ganar, hicimos todo para no ganar; perdimos de vista que somos un pueblo atípico, que en momentos cruciales, tomamos nuestro propio camino, bien para acertar o fracasar, haciendo gala de nuestra impronta nacional; en algunos casos actuamos de forma racional y en otros casos, actuamos de forma emocional, características que nos llevan a sostener que sino la cagamos a la entrada, la cagamos a la salida. 


Pese a la copiosa votación obtenida por Iván Cepeda (casi trece millones de voluntades); perdimos y nos tocó irnos en la banca de atrás, porque la banca de adelante nos quedó grande. La nomenclatura de la izquierda rancia y excluyente, que se incrusto como costra en el Pacto Histórico, no se dio por enterada, que los votos que eligieron a Petro y que lo hicimos por Cepeda en primera y segunda vuelta, representamos el 80 por ciento de voluntades que pertenecemos al espectro multicolor del país nacional, en todas y cada una de las regiones, que no pertenecemos a ninguna secta de esa izquierda que fracasó en la planificación, dirección, organización, gerencia política y estrategia; que bien nos hubiera permitido ganar el favor popular con 15 o 17 millones de votos por nuestra causa.  A pesar de toda la desunión, la exclusión y descoordinación, estuvimos a menos del uno por ciento para alzarnos con el triunfo, muy a pesar de la injerencia directa del gobierno americano, la bancada republicana y los ríos de dinero que se gastaron para ganar. 


Tuvimos notorios problemas de ejecución en la implementación del plan de gobierno, debilidad evidenciada desde muy temprano, pero que a pesar de la buena voluntad y discurso, no tuvimos el acierto de rectificar el camino, para haber mostrado mejores resultados en este frente del primer gobierno progresista de nuestra historia. 


A pesar de que en todos los territorios, se advirtió a las directivas de la campaña y al propio candidato Iván Cepeda,  que en las regiones, el tema de la seguridad rural y urbana, se había salido de medre; y que era necesario que el candidato, el gobierno  y el Pacto Histórico, asumieran una postura inequívoca de rechazo a  las organizaciones criminales que inundaron de inseguridad a gran parte de los territorios, que poco a poco se convirtió en el gran detonante que nos condujo a la derrota. Muy a pesar de tener conocimiento pleno de la humillación a las comunidades por parte de los actores armados, el gobierno persistió en la búsqueda de la paz total y el candidato Cepeda no dijo esta boca es mía, ni hizo manifestaciones de rechazo a esos grupos criminales, que tienen agobiado a campesinos, empresarios, comerciantes y ciudadanos del común, como en el departamento del Huila.


La gente votó por Abelardo, porque se atrevió a denunciar vehementemente la inseguridad en los  territorios y se comprometió a defender a los colombianos de esa plaga criminal. La gente no le pide nada adicional al tema de la seguridad;  y así fracase en los demás frentes de la acción de gobierno, si le pone el cascabel a la guerrilla insensata y demás bandas criminales que se tomaron el país, toda Colombia se lo agradecerá. La corrupción en nuestras filas, destruyó la fe en la promesa del cambio ofrecida en campaña. Efectuado el balance de las nutridas acciones sociales del gobierno frente a la inseguridad imperante, la gente terminó votando por el Tigre, porque prometió firmemente defender a los Colombianos de los criminales de todo pelambre.

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