Aquí todo puede esperar, menos la gente

Camilo Tellez

Aquí todo puede esperar, menos la gente

Porque una promesa no es un resultado. Una reunión no es una solución. Una primera piedra no es una obra terminada. Y una publicación en redes sociales tampoco reemplaza una respuesta concreta.

En el Huila nos hemos acostumbrado a esperar. Esperar una carretera que no llega, una obra que no termina, un trámite que no avanza, una respuesta que nunca llega o una solución que se anuncia, pero que siempre parece estar un poco más adelante.
Para una administración, aplazar puede significar mover una fecha en un cronograma, esperar un trámite, conseguir un recurso o completar un proceso. Para un ciudadano, en cambio, puede significar otro mes, otro año o incluso varios años viviendo con el mismo problema. Y ahí está una de las grandes diferencias entre la lógica de una oficina pública y la realidad de la gente.


Una vía en mal estado no es solamente una obra pendiente. Es el campesino que tiene dificultades para sacar su cosecha, el estudiante que debe recorrer un camino complicado para llegar a clases o la familia que tiene que gastar más tiempo y dinero para movilizarse. Un trámite que no avanza tampoco es solamente un expediente sobre un escritorio. Detrás de ese documento puede haber una persona esperando una oportunidad, un negocio que quiere comenzar, una familia que necesita una respuesta o un proyecto que lleva meses detenido.


Una obra aplazada tampoco es solamente una cifra dentro de un presupuesto. Son personas que siguen esperando mejores condiciones para vivir. Por eso deberíamos empezar a medir la gestión pública de una manera diferente. No solamente preguntando cuánto dinero se ejecutó, cuántas reuniones se hicieron o cuántos proyectos fueron anunciados, sino algo mucho más sencillo: ¿cuánto tuvo que esperar la gente para ver una solución?
Porque el tiempo también tiene un costo. Nos hemos acostumbrado a escuchar expresiones como “está en proceso”, “se está gestionando”, “ya viene” o “hay que esperar”. Algunas veces son respuestas necesarias, porque los procesos públicos tienen etapas y requisitos. Pero el problema aparece cuando esperar deja de ser una circunstancia y se convierte en una costumbre.


La ciudadanía no debería tener que perseguir indefinidamente una respuesta que le corresponde. Gobernar no significa solucionar todo de inmediato. Significa saber qué es urgente, qué es prioritario y qué necesita realmente la comunidad. Significa gestionar, tomar decisiones, hacer seguimiento y, cuando algo no funciona, buscar otra alternativa.


Porque una promesa no es un resultado. Una reunión no es una solución. Una primera piedra no es una obra terminada. Y una publicación en redes sociales tampoco reemplaza una respuesta concreta.


Los gobiernos tienen períodos, presupuestos y cronogramas. La gente tiene necesidades que no se detienen cuando termina una vigencia fiscal. Por eso, cuando una administración decide aplazar una decisión, debería recordar que detrás de ese aplazamiento hay una persona esperando. Cuando una obra se retrasa, hay una comunidad que continúa enfrentando el problema. Cuando una respuesta no llega, alguien sigue esperando.


El Huila necesita administraciones que entiendan que gobernar también es respetar el tiempo de los ciudadanos. Porque los gobiernos pasan, los funcionarios cambian y los cronogramas se modifican. Pero los problemas de la gente permanecen hasta que alguien decide resolverlos.
Aquí todo puede esperar. Menos la gente.

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