Antes de hablar, quiero decir unas palabras

Ricardo Perdomo Pinzon

Antes de hablar, quiero decir unas palabras

Las reacciones por la muerte de este criminal, que por su juventud e ignorancia se creía invencible, no pueden ser más patética. Unos colombianos empeñados en negar su muerte en el bajo mundo de las redes sociales; otros colombianos desquiciados,  lo tenían como un referente  social, digno de admiración; llegando a la desfachatez, de componerle canciones y corridos de alabanza. Pobre país; inundado de miseria humana y valores invertidos.

La expresión que identifica nuestra opinión, son de ese lenguaje vernáculo que uno escucha fugazmente en humoristas, escritores, poetas y compositores inéditos, que nos deleitan con sus decires y nos ponen a pensar para recrearlas y generar contenidos propios de la riqueza de nuestra lengua y cultura. 


Recuerdo la historia de un accidente que sufrieron unos amigos   de las sabanas de bolívar, que iban de paseo en un tractor, que dejó un saldo trágico: “Cuatro se mataron y tres perdieron la vida”, nos contó en una canción, el tigre de Maria la Baja, Enrique Díaz,  autentico e irrepetible juglar campesino, autor de la Caja Negra. 


Esta semana que termina, conocimos una gran noticia: Que las fuerzas del Estado, dieron de baja a un sicario y jefe delincuencial, conocido con el alias de “Bendito Menor”, cuyo nombre real era Naín Andrés Pérez Toncel, máximo cabecilla de las autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, que tenía azotados los departamentos de la guajira y el magdalena, desde sus dominios instalados en la sierra nevada. La reacción generalizada de los colombianos de todas las condiciones, fue de aprobación y respiro de tranquilidad. En las calles se escucharon las voces del colombiano más humilde hasta el más encopetado, celebrando esa acción militar del gobierno; pues de todos los males que padece nuestro país, el tema de la seguridad, es el que más aprobación o rechazo, le genera a un gobierno, dependiendo de la percepción que sobre ella tengan los colombianos. Hemos dicho que el tema de la seguridad, fue el capítulo de desaciertos de mayor impacto que provocaron la derrota del gobierno Petro y su candidato; pues mientras los colombianos éramos azotados inmisericordemente por bandas criminales de todos los pelambres y orígenes, el gobierno y el candidato perdedor, prefirieron mirar para otro lado, como si no fuera con ellos. No nos llamemos a engaños y aceptemos que las cosas fueron así. Paradojas de la vida: Mientras el gobierno Petro, graduaba de gestor de paz a este criminal y azote de la población; el gobierno actual, lo dio de baja. ¿Adivinen ustedes, a quien respaldan los colombianos frente a estas dos visiones de gobierno? Yo ya adivine, pero me guardo mi opinión, para no lacerarnos más, por lo que pudo haber sido y no fue. Mientras el gobierno Petro duro ocho meses en elegir a su representante en el Consejo Superior de la Usco y en la Cámara de Comercio, el gobierno actual duro ocho días para sacarlos. Mientras el gobierno anterior, se gastó todo el periodo y no fue capaz de oficializar muchísimos nombramientos; el nuevo  gobierno llego como una aplanadora  y en menos que canta un gallo, saco y veto a todo aquel que oliera a Petrismo y nombró a los suyos. Ellos si saben cómo es que se hace la política y para qué es el poder, tan pronto se obtiene el triunfo. 


Las reacciones por la muerte de este criminal, que por su juventud e ignorancia se creía invencible, no pueden ser más patética. Unos colombianos empeñados en negar su muerte en el bajo mundo de las redes sociales; otros colombianos desquiciados,  lo tenían como un referente  social, digno de admiración; llegando a la desfachatez, de componerle canciones y corridos de alabanza. Pobre país; inundado de miseria humana y valores invertidos. 


Pero lo que más nos lesiona el alma, es el hecho de que muchos jóvenes y hasta algunos miembros de la fuerza pública, originarios de las tierras de este bandido, también lo tenían como un personaje digno de admirar y referente a seguir, porque ese si sabía cómo conseguir dinero sin trabajar, así fuera metralleta en mano para asesinar y someter a todo aquel que se oponga a sus intereses y estilo de vida; con la creencia de que el crimen es la vía, para conseguir plata, sin trabajar. Me acuerdo de Jaime Garzón (q.e.p.d), cuando en una parodia a una publicidad del gobierno de aquella época, advertía a los colombianos, que “la coca, no da plata”; ante lo cual y a manera burla satírica, el afamado humorista la acomodó a su estilo: “la coca, no da plata, la coca lo que da es oro” Sagrado rostro! 


El Tigre, que gano la presidencia a punto de embustes difundidos a través de una súper estrategia publicitaria, sabe sacarle los réditos a este golpe certero que la fuerza pública acaba de propinar a esa estructura criminal que lideraba esta fiera asesina; pues no es sino ver la parafernalia que armó alrededor de este episodio; que para algunos fue un acto grotesco, mientras que para otros es la prueba de que en materia de seguridad las cosas van a cambiar y están dispuestos a apoyar decididamente al gobierno por este logro, en defensa de la vida honra y bienes de la sociedad, como lo ordena  la constitución política de Colombia. No me sumo a los colombianos que rechazan esta acción y triunfo del gobierno; pues así el tigre no sea santo de mi devoción, tengo perfectamente claro, que ante la criminalidad que nos mata; es al estado por intermedio del gobierno, al que le corresponde proteger nuestras vidas y colocar a buen recaudo de la justicia a criminales con el bendito menor, o darlos de baja y empacarlos en 4 tablas y 52 puntillas, para entregarlos a la medre tierra y olvidarnos de ellos para siempre, poder respirar tranquilos y volver a pescar de noche. La paz total, hoy es un  ingrato recuerdo para todos los colombianos que apoyamos al gobierno Petro; y también de los que se opusieron a su gobierno. Dejémonos de tonterías y aceptemos que el tema de la seguridad lo exige y reclama desde el más humilde de los colombianos hasta el más poderoso y encopetado de los empresarios. 


El futuro del Petrismo y el progresismo será incierto, si no se corrige el rumbo y  entienden que la militancia y simpatizantes, también pasan su cuenta de cobro ante los errores y despropósitos cometidos. Si no se corrigen las taras que nos avergüenzan, no abra una segunda oportunidad próxima, sobre la tierra de Aureliano Buendía. 


Hay que entender y tener perfectamente claro como lo hemos expresado tantas veces, que la llegada de Petro a la presidencia, no fue producto del crecimiento exponencial de la izquierda (eso es un embeleco que nos vendieron los del establecimiento para mantenernos a su alcance y derrotarnos), sino la sumatoria de voluntades de colombianos de origen liberal, conservador, independientes y ciudadanos golondrinas que reclamábamos un cambio, apoyando una propuesta política que nos identifique en un momento o coyuntura determinada; pero que, si no se cumplen o ejecutan  sus anhelos, vuelan para  otro lado, buscando un mundo mejor, como dice la canción vallenata. Nos dejamos meter en la  narrativa alimentada estratégicamente por los medios de comunicación del establecimiento que nos metió en la cabeza, que fue la izquierda la que llego al poder y no una expresión progresista y multicolor que indignada por el estado de cosas, reclamaba un cambio que nos quedó grande. Si no se construye un proyecto político y partido con estructura democrática, con poder de nominación, preparados para gobernar y controlar al gobierno; las expresiones alternativas no volveremos ni  a oler el triunfo. Muchos como el que estas líneas escribe, no aceptamos el herrete de pertenecer a la izquierda; y menos esa izquierda desueta y excluyente que fracasó estruendosamente en las pasadas elecciones; y que, perdieron la personería para representar a lo que hoy se conoce como progresistas; termino que se puede prostituir, si no se actúa de conformidad; tal como se prostituyo el término de la Asamblea Nacional Constituyente, por tanta amenazadera y utilización indiscriminada de dicha herramienta, sin que se haya avanzado seriamente en su convocatoria, cuando el gobierno estaba en su mejor momento para hacerlo. 

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