Agua Muerta

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Agua Muerta

La Procuraduría General de la Nación viene actuando en calidad de Ministerio Público en elproceso penaliniciado por la Fiscalía por laspresuntas escuchas ilegales a la niñerade la exjefe de gabinete de la PresidenciaLaura Sarabia así como por haberla sometido a la prueba del polígrafo

Papá y yo subíamos la montaña, de los potreros pasábamos a los cultivos y luego al bosque nativo. Nos adentrábamos por un camino lleno de árboles, matorrales espesos, anturios rojos, pájaros, hormigas, mariposas hellip, Llegábamos a una pequeña alberca de cemento que acopiaba el agua para luego transportarla a través de una manguera hasta el tanque comunitario. Papá limpiaba la alberca que estaba llena de hojas secas, algunas piedras pequeñas y arena. Luego de la caminata y del protocolo de limpieza teníamos una recompensa, tomar entre nuestras manos el agua fría de la montaña y beberla para refrescarnos. Papá no tenía miedo de que bebiéramos el agua porque había animales que indicaban que era pura.



El agua es un don de la naturaleza que hace posible la vida en el planeta. Actualmente, es llamada el oro azul porque de ella dependen todas las actividades productivas para la acumulación de riqueza. El neoliberalismo ha venido privatizando el acceso a esta. La alberca comunitaria de mis padres y sus vecinos que garantizaba agua potable para las familias y la red de la vida de la vereda pasó a ser un recuerdo que solo atesoran nuestras memorias. El agua está inserta en planes de ordenamiento territorial, en normas de mínimos vitales y en disputas socioambientales. Las comunidades solo pueden sacar ciertas pulgadas de agua de los afluentes, mientras las empresas aprovechan grandes cantidades, los pesticidas y los residuos sólidos amenazan la potabilidad del agua, la expansión de la ganadería y de la frontera agrícola por las cordilleras, los bosques nativos y el piedemonte amazónico ponen en riesgo el don vital. Además, cada vez que tomamos bebidas azucaradas o agua en botella validamos su privatización.



Colombia, aún, goza de la abundancia de este don natural, sin embargo, día tras día aumenta el agua y la tierra muerta como producto de la ganadería, la minería, la deforestación, la agroindustria, los cultivos de uso ilícito. Rápidamente, el planeta va pasando del agua viva al agua muerta. Parte del agua muerta son todas las bebidas procesadas que producen las multinacionales y se venden en los estantes de las grandes superficies. Tomamos agua muerta embotellada y nos preguntamos por qué nuestros cuerpos se enferman tempranamente y mueren. Según Gutiérrez Márquez (2023) Postobon declaró en 2020 haber utilizado 5.208.109 metros cúbicos de agua para la producción de bebidas azucaradas ,, la mayoría provenían de acueductos municipales y la otra parte fue extraída de aguas subterráneas y aguas superficiales. Este dato me impresionó porque nos ayuda a dimensionar la estupidez humana. Convertir agua pura y potable necesaria para el ciclo de la vida, en agua muerta - envenenada de azucares, sodio y otros conservantes- que enferman nuestros cuerpos y enriquece a unos pocos. Tal vez para esas minorías multimillonarias sean esperanzadoras las reservas de agua de la Luna que ha descubierto la Nasa. Solo para quienes tienen sed de acumulación de riqueza suena más esperanzadora el agua de la Luna, a millones de años luz, que conservar y cuidar la naturaleza y el agua que hacen posible no solo la existencia de la humanidad, sino la de todos los seres del planeta.



Los humanos en lugar de fijarnos en la naturaleza e imitarla, hemos creado artificios que niegan la vida y crean desechos. Antes que ser los dueños de la naturaleza, nos hemos convertido en los sirvientes de las tecnologías que hemos diseñado, hemos condenado nuestra cotidianidad a la vida productiva, a los actos de consumo desenfrenado, a pagar las facturas de los bienes y servicios que



nos dan bienestar y libertad ,, mientras se va extinguiendo la vida, la posibilidad de la contemplación, el amor, la amistad y el derecho a tener derechos. Tenemos más ciencia, más conocimientos, más dinero, más productividad, más inteligencia artificial a cambio de tierra y agua muerta, de vidas en solitario, de enfermedades del cuerpo y el alma.



Alexandra Uribe Sánchez, investigadora del grupo Estudios Políticos.


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