Afanes de la tierra: angustia y estrés

Luis Fernando Amezquita

Afanes de la tierra: angustia y estrés

Al lado del Covid, durante algo más de un cuatrienio, la ciencia lanzó una advertencia perentoria para la vida planetaria. Se trata de información recurrente que tomamos de los documentales de la televisión pública colombiana en esta nueva era, frente a una extinción total de la existencia tal como la conocemos.

 

La desertificación, la calentura (la crisis climática en general), la destrucción de la naturaleza, tocaron fondo en suelo y subsuelo, en aguas y atmósfera. El orbe tambalea por un desequilibrio rampante, estresante. La germinación, la eclosión de las especies de flora y fauna, la exuberancia, los elementos y su representación, parecieron detenerse y volverse un asunto del pasado. La propia espiritualidad de la creación se trastocó y su concepto sacrosanto, incluso religioso-institucional, varió en medio de un drama angustiante.

LEYES ETERNAS

Se registran asomos sensibles de regeneración tras el fin de ciclo surtido en milenios de evolución y hasta involución estimados. Las cuentas son claras para el ámbito del conocimiento, del saber y del quehacer. No hay vuelta de hoja en lo sustancial. Muchos prefieren ignorarlo y acomodarse a las eventualidades del camino. Estamos a las puertas del infarto definitivo sumergidos en la ignorancia secular -con honrosas excepciones de carácter epistemológico, gnoseológico, en los medios intelectuales-. No se sabe cuál es el balance de la investigación y de su acción consecuente, desplegadas en el ecosistema en forma de reacción, pese al avance de las TIC en el 2024, y de la Ciencia y la Tecnología en el marco teórico que las antecede. Al parecer, el dominio humano se hizo el de las gafas por una codicia insufrible.

SENTENCIA INAPELABLE

Los biólogos y muchos científicos de la ingeniería, la geología, y demás ramas afines señalaron que la Tierra sufre de estrés. En esas circunstancias es difícil que la humanidad de suyo enfermiza por similares males en su presente fisiológico, adquiera el equilibrio sistémico cuando no detiene de un solo golpe el proceso destructivo terráqueo, una condición impostergable para sanar en su integridad y alcanzar el merecimiento de la creación. El globo, en su calidad de organismo vivo, amerita respeto y consideración, al tenor de su significado primordial, primigenio. El planeta posee un espíritu y un aura gigantescos en el espacio sideral, en la bóveda celeste, aunque el modelo de la Tierra no lo establezca en esos términos fraternales, consecuentes, providentes.

 

 

 

 

Más de Opinión

Ver más