Adiós a un gran huilense

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Adiós a un gran huilense

Hoy quiero hacer una pausa en la serie de columnas que he venido escribiendo sobre la transición energética, debido a la trágica noticia de la muerte de Diego Muñoz Marroquín. Esta noticia me sorprendió mucho y me entristeció. Me sorprendió porque hace pocos meses había hablado largo con Diego y nada me hizo pensar en este desenlace. Incluso intentamos coordinar a mitad de año para vernos en Europa, en mi camino de regreso desde China, pero no logramos coincidir (algo que hoy lamento mucho, porque se nos quedaron muchas cosas por hablar). Y me entristeció porque consideraba a Diego un amigo. Por eso, por su trayectoria y por sus ideas, quise dedicarle esta columna.


De sus calidades personales creo que no hay duda, y eso se refleja en los numerosos mensajes en redes sociales de personas que tuvieron la oportunidad de conocerlo, los cuales coinciden en destacar su gran calidad humana. Personalmente, tuve la oportunidad de conocerlo hace ya varios años y encontré en él no solo a una gran persona, sino también a un gran colega y a alguien profundamente comprometido con nuestra región y con el país. Esa afinidad facilitó el surgimiento de nuestra amistad.


En el campo profesional, Diego se destacó por ser un pionero en temas de marcas y propiedad intelectual en el Huila. Temas que, si hoy en día son todavía bastante desconocidos por la ciudadanía y no suficientemente valorados por las empresas de la región, lo eran aún más hace 25 años. Diego abrió camino a personas como yo, que hoy trabajamos en esos asuntos en el departamento. Y debo decir que, a pesar de trabajar en el mismo campo, nunca lo vi como competencia. De hecho, mis últimos mensajes con él fueron por WhatsApp en agosto, cuando le referí una posible cliente interesada en registrar una patente.


Pero no solo a nivel personal y profesional destacó Diego. Sus ideas sobre nuestra región y sobre el país son tal vez lo que más destaco de él. Fue un demócrata convencido de que el Huila y Colombia podían salir adelante con una política decente y con el desarrollo de sus fuerzas productivas. Ideas en las que coincidimos plenamente y a las que él además contribuyó en la práctica, no solo con su trabajo como abogado. Más allá de su conocido intento electoral, quisiera destacar su aporte a ACOPI y a Más Colombia.


Tuvimos la oportunidad de trabajar juntos en el resurgimiento de la seccional de ACOPI en el Huila, un esfuerzo que por distintas razones no pudo continuar en su momento, pero que hoy está siendo retomado y que bien vale la pena apoyar (@acopi_huila). Diego también aportó y dirigió exitosamente el medio digital Más Colombia, «un portal de noticias especializado en la producción industrial, agropecuaria, turística y minera que genera empleo y riqueza en el país», el cual busca mostrar «la realidad económica nacional desde una mirada que tiene en cuenta la producción de pequeña, mediana y gran escala, así como los distintos actores sociales involucrados en ella» (www.mascolombia.com/quienes-somos/).


Con Diego compartíamos la idea de que todos vamos en un mismo barco (Colombia) y que debemos hacer esfuerzos para que salga adelante y no se hunda. Además, coincidíamos en una idea clave que él mencionó en su última publicación en LinkedIn: «fortalecer la industria nacional es la única vía para el desarrollo».


En fin, se nos fue un gran colombiano, un gran huilense, una gran persona, un amigo a quien le quedé debiendo una visita en Madrid (adonde, como siempre generoso, me invitó), y nos quedamos debiendo muchas conversaciones sobre política, nuestra región y el derecho. Fue mucho lo que tenía aún por aportar, y sin duda el mejor homenaje que le podemos hacer es honrar sus ideas trabajando por una mejor región, por un mejor país.


Solidaridad con su familia en este difícil momento y paz en su tumba, querido amigo.


Juan Pablo Puentes Vargas


www.juanpablo.co

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