12 de octubre: El verdadero rostro de nuestra raza

Manuel Córdoba

12 de octubre: El verdadero rostro de nuestra raza

Esa mirada del pasado nos muestra a un dirigente preocupado por el cuerpo de su nación. Uribe Uribe soñaba con sanar a nuestra gente, con darle vigor y energía para poder construir un mejor país. Sin embargo, la historia de las ideas no se queda quieta, y poco a poco empezamos a quitarnos esa venda colonial de los ojos. Unas décadas después, otra de las mentes brillantes y queridas del liberalismo, Jorge Eliécer Gaitán, tomó esa preocupación por nuestro pueblo y le dio un sentido completamente nuevo, mucho más humano, fresco y cercano a la realidad del ciudadano de a pie.

El lunes 12 de octubre se celebra la famosa fecha del “Día de la Raza”, generando el recuerdo de los barcos de Colón y las viejas clases de historia de la escuela. Pero si nos detenemos a pensarlo un momento, con los pies puestos en nuestro presente, esa palabra "raza" tiene un eco bastante complicado. Históricamente, fue un concepto inventado desde una visión colonial y eurocentrista. Su propósito original no era unirnos, sino clasificarnos, minimizarnos y justificar quién mandaba sobre quién. Durante siglos, decirle a alguien que era de "otra raza" era la excusa perfecta para decirle: "no tienes los mismos derechos".


Hace más de un siglo, nuestros propios pensadores todavía cargaban con el peso de esas palabras, y se preguntaban con angustia qué iba a pasar con nosotros. El líder liberal Rafael Uribe Uribe, al mirar la situación del país, llegó a una conclusión que hoy nos parece muy dura: sentía que Colombia era un pueblo enfermo. En su época, él creía que el esfuerzo por salir adelante y progresar terminaría ahogándose si la población seguía siendo una "raza" débil, castigada por las enfermedades y el hambre. Para él, el clima ardiente, la falta de salud y la pobreza física eran los grandes enemigos de nuestra gente.


Esa mirada del pasado nos muestra a un dirigente preocupado por el cuerpo de su nación. Uribe Uribe soñaba con sanar a nuestra gente, con darle vigor y energía para poder construir un mejor país. Sin embargo, la historia de las ideas no se queda quieta, y poco a poco empezamos a quitarnos esa venda colonial de los ojos. Unas décadas después, otra de las mentes brillantes y queridas del liberalismo, Jorge Eliécer Gaitán, tomó esa preocupación por nuestro pueblo y le dio un sentido completamente nuevo, mucho más humano, fresco y cercano a la realidad del ciudadano de a pie.


Gaitán, al conversar con la historia de su partido, entendió que la verdadera "enfermedad" de nuestra gente no estaba en la biología, ni en la sangre, ni en el clima tropical. Estaba en la desigualdad. Él lo explicó de una manera muy sencilla pero tremendamente poderosa: si se somete a un pueblo valiente a vivir bajo el servilismo, la extorsión y el latifundio, el resultado natural será una población triste, débil y sin acceso a la educación.


La supuesta debilidad de la que hablaban las viejas ideas coloniales no era un castigo de la naturaleza; era la consecuencia de un sistema injusto. Por eso, Gaitán defendía con pasión que resolver el problema de la tierra y acabar con los abusos era, en el fondo, solucionar un problema ético, económico y humano. 
Fíjense en lo hermoso de este diálogo a través de los años: Uribe Uribe nos dijo que nuestra gente necesitaba sanar para avanzar, y luego Gaitán nos dio la verdadera medicina. Nos enseñó que no éramos una "raza inferior" o limitada, sino un pueblo al que le faltaba justicia, oportunidades y dignidad.


Por es, este lunes 12 de octubre es la invitación a recoger esa charla de nuestros grandes líderes y traerla a nuestras calles y a nuestros campos. Celebrar el Día de la Raza ya no es aplaudir un concepto antiguo que se inventó para negarnos derechos. Celebrar nuestra identidad es reconocer cómo sobrevivimos a todo eso. Es exaltar el inmenso valor del campesino que labra la tierra de madrugada, del joven que se esfuerza por aprender, de la madre cabeza de hogar y del trabajador incansable.


Somos una mezcla hermosa, rebelde y llena de esperanza. Aquí, en nuestro Huila, esa herencia la vemos viva en la tenacidad de nuestra gente, en el amor por el territorio, en la sonrisa amable y en las manos curtidas por el trabajo honesto. Que esta fecha nos sirva para abrazar nuestra identidad con orgullo y recordar que no hay concepto colonial que pueda con la fuerza de un pueblo unido trabajando por su propio bienestar.

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